Los jóvenes necesitan confianza

Pero no necesitan confianza sólo en ellas o en ellos, los jóvenes necesitan confiar en nosotros para que puedan compartir sus preocupaciones, sus anhelos, su forma de ver la vida que es distinta a la manera en que la vemos los de mayor edad, sus miedos y sus intereses, ...

Pero no necesitan confianza sólo en ellas o en ellos, los jóvenes necesitan confiar en nosotros para que puedan compartir sus preocupaciones, sus anhelos, su forma de ver la vida (que es distinta a la manera en que la vemos los de mayor edad), sus miedos y sus intereses, para que podamos protegerlos entre todos. 

 En una etapa en la que están descubriendo y descubriéndose, cada uno de los que nos consideramos adultos, tenemos un deber cívico de estar al pendiente de las y los jóvenes en todo el país, particularmente los que están a nuestro alrededor para prevenir que tomen riesgos innecesarios.  

Tal vez es momento de revisar la ruta de exploración que siguen nuestros jóvenes durante su transición a la adultez. 

Es posible que hayamos dejado que muchas ideas falsas y espejismos se establecieran en la percepción de nuestra sociedad y estemos conformes con que continúen así. 

En ningún momento la responsabilidad está peleada con la diversión y ahí inicia el cambio en el que podemos involucrarnos al momento de convivir con las y los jóvenes. Cada fin de semana, miles de ellos podrían estar convencidos de que pasarla bien requiere beber alcohol en exceso o ingerir algún tipo de droga para sentirse satisfecha o satisfecho.  

Como son momentos que se dan en viernes o sábado y se comparten con amigas y amigos, entonces la rutina estaría justificada: salgamos por la tarde, busquemos dónde beber, una o dos o más fiestas en la que podamos estar y antes de que salga el sol, sigamos consumiendo alcohol y lo que pueda llegarnos. A fin de cuentas, la edad y el estado físico nos permite ese desgaste. 

 ¿Dónde estamos los adultos en esa forma de entretenimiento? ¿Justifica que siga en ellos, porque nosotros hicimos lo mismo cuando teníamos su edad? Si fuera así, ¿no tendríamos que establecer las condiciones y las reglas sociales para que disfrutaran igual, pero en un entorno seguro? ¿Qué tanta apertura les damos para saber si ésa es la forma de diversión que les interesa o puede haber otras? 

Sin quitarle independencia y libertad a ningún joven, sí podemos acordar con ellos medidas de precaución para que cuenten con transporte, lugares y redes de comunicación que estén abiertas y disponibles hasta que cada una de ellas y de ellos regrese a su casa. De nuevo, el nombre del juego es confianza para hablar con ellos todo el tiempo. 

 Hoy que tenemos tantas formas de comunicación instantánea, causa impotencia que no podamos detener la pérdida de vidas de jóvenes que son el presente del país, no el futuro, y asistamos al triste espectáculo de casos que se acumulan porque también hay una ausencia de participación de la sociedad para resguardarlos. 

Ninguna mujer, ningún hombre, joven, deben tener miedo de salir a las calles o sentir que están en peligro si deciden convivir por la noche. No obstante, entre todos, podemos contribuir a que lo hagan de una manera en que sea muy difícil que les ocurra algo malo. 

 Primero, podríamos dialogar ya sobre el abuso del alcohol como vía para socializar. Su prohibición es un error, pero moderar su ingesta y explicarle a las y los jóvenes los efectos que tiene el beber en exceso es un tema que no puede postergarse. Y esa conversación empieza en casa. 

 De la misma forma debemos hablar sobre el consumo de drogas como otro elemento que, en apariencia, es un ingrediente para pasar ratos agradables o acelerar el proceso de maduración personal. Eso es falso. Cualquier sustancia tiene efectos en el cuerpo y en la mente, de contar con la información correcta, cada persona puede tomar una decisión fundamentada acerca de las consecuencias. Prohibido prohibir, pero siempre compartir datos, advertir de riesgos y supervisar en conjunto que nuestros jóvenes no caigan en enfermedades o adicciones. 

Y eso se consigue construyendo confianza para que sea viernes, sábado o domingo, los jóvenes del país sepan que están conectados con adultos responsables que velarán porque lleguen y regresen seguros, estarán en contacto con ellos y podrán recurrir a su experiencia para saber qué hacer y cómo enfrentar las implicaciones de crecer. 

Fácilmente podemos crear redes de comunicación para que las y los jóvenes a nuestro alrededor estén acompañados, convivan en espacios seguros (públicos y privados), se diviertan sin supervisión, aunque de manera corresponsable, para que mantengamos el recurso más importante que tenemos como nación: la vida de mujeres y hombres que serán los que tomen las siguientes decisiones sobre nuestro futuro. 

Temas: