Líderes de cada día

Ya sea en el hogar, en el trabajo, en la escuela o entre un grupo de amigos, en ocasiones debemos tomar la iniciativa y ponernos al frente para tratar de resolver problemas, mejorar nuestras condiciones de vida y hacer una diferencia positiva en nuestro entorno. Igual que ...

Ya sea en el hogar, en el trabajo, en la escuela o entre un grupo de amigos, en ocasiones debemos tomar la iniciativa y ponernos al frente para tratar de resolver problemas, mejorar nuestras condiciones de vida y hacer una diferencia positiva en nuestro entorno.

Igual que el carisma, el liderazgo es un proceso de aprendizaje. Claro que ayuda mucho tener ciertas cualidades naturales, pero los casos son tan aislados que todo indica que encabezar a otras personas en resultado de un conjunto de habilidades y de hábitos que se adoptan y se ejercitan diariamente.

El reverendo Martin Luther King Jr., uno de los símbolos de la lucha por los derechos civiles en la historia mundial, creía que el liderazgo residía en hacer siempre lo correcto. Uno de los valores indispensables de un líder es, en efecto, la congruencia. Quienes no la han tenido o incluso han engañado con tenerla se derrumban ante los ojos de aquellos que antes los habían seguido con devoción.

En la historia de la humanidad han existido mujeres y hombres que asumieron posiciones de liderazgo sin quererlo y muchos otros que las persiguieron durante gran parte de su vida y tuvieron resultados desastrosos cuando al fin pudieron estar al frente.

Es posible que la condición para ser un auténtico líder sea la de poner ese sitio al servicio de los demás y no tanto para gloria de sí mismo. Por eso, uno de los rasgos que identifican a una o a uno es el esfuerzo permanente. Eso se aprecia claramente con los ídolos deportivos: nadie tiene tanto talento, pero tampoco nadie entrena tan fuerte como ellas y ellos.

Una madre y un padre responsables son la muestra perfecta de esfuerzo cotidiano. Cuidan y protegen a sus hijos con una característica adicional: el sacrificio. Un dicho reza que para identificar a un buen padre basta con observar que es el último que se sirve en la mesa.

Esfuerzo, sacrificio y vocación para ayudar a otros son tres elementos que están presentes en la mayoría de las biografías de las y los líderes que impactaron más en su tiempo. Por supuesto que existen otros que tuvieron otro tipo de camino y que no necesariamente batallaron tanto, pero son los menos. Una reina o un rey benevolente no es algo extraño; sin embargo, el cariño y el respeto de una comunidad se obtiene con esos ingredientes y uno que es vital (y por eso escaso): la humildad.

Una famosa novela para niños de Mark Twain, El príncipe y el mendigo, narra el intercambio de identidades entre dos muchachos idénticos en lo físico, aunque distintos en su origen. Eduardo, el noble que toma el lugar de su gemelo desafortunado, vive directamente la desigualdad que experimentan los súbditos de la corona y promete que, si logra regresar al palacio, gobernará con empatía y sencillez. Los cuentos acerca de buenos monarcas que están en contacto con la gente, ya sea disfrazados o por sus actos de convivencia, siempre sirven de ejemplo sobre cómo se debe encabezar realmente. Nicolás Maquiavelo, probablemente convencido de que nunca podría modificar la naturaleza exuberante de Lorenzo de Médici, escribió en El príncipe que era mejor ser temido que amado por la gente que uno encabeza. Prefiero pensar, y actuar, sobre el principio de que cuando uno trata a la gente con respeto y dignidad, lo que recibe es lo mejor de ellas y ellos.

Sólo con congruencia, que no es otra cosa que poner el ejemplo. Se dice fácil, pero es una tarea difícil, porque todo el tiempo hay que conducirse como la mejor muestra de lo que uno pregona. Es decir, no hay descanso, y por eso se debe estar convencido de que encabezar es un propósito que da sentido a nuestra existencia.

Muchas veces se escribe que vivimos en una época de carencia de líderes; difiero, creo que surgen a diario nuevos liderazgos, sobre todo de abajo hacia arriba, que es donde crecen las personas que encabezan mejor a las sociedades. Y si esta teoría es cierta, todas y todos somos líderes. Sólo necesitamos tener el interés, el compromiso y la decisión para trabajar por mejores condiciones de vida en el entorno en el que vivimos. ¿Cómo saber si tenemos lo que es necesario para encabezar? Si somos capaces de ver lo que hace falta y nos gustaría cambiarlo, ahí es donde comienza cualquier liderazgo verdadero.

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