Fragmentación total

Una de las mejores iniciativas ciudadanas que podemos impulsar en este momento es la de intercambiar información confiable entre nosotros. Nunca, como ahora, hemos tenido tanto acceso a ella en el ciberespacio y también, como nunca, hemos estado tan sujetos a la ...

Una de las mejores iniciativas ciudadanas que podemos impulsar en este momento es la de intercambiar información confiable entre nosotros. Nunca, como ahora, hemos tenido tanto acceso a ella en el ciberespacio y también, como nunca, hemos estado tan sujetos a la desinformación porque no nos damos unos minutos para verificar aquello que nos llega por mensaje, correo o redes sociales. 

Mientras las empresas globales de tecnología encuentran la forma de mantener su modelo de negocio y garantizar nuestros derechos a la privacidad al mismo tiempo, nosotros tenemos la oportunidad de no caer en la confusión (involuntaria o provocada) de pasar contenido sin sustento, noticias falsas o puntos de vista disfrazados de información. 

Pero nuestro poder reside en esperar unos cuantos minutos y tratar de darle sentido a esa frase o afirmación que lleva un mensaje que nos acaba de llegar al teléfono celular o a alguna cuenta de red social. Y es hacernos una pregunta simple: ¿Esto será cierto? 

En una época en donde lo que coincide con nuestra opinión es lo que nos llega primero y, tristemente, en lo que confiamos sin pensarlo demasiado, darnos esa pausa para verificar personalmente lo que algún familiar, amigo o colega ha enviado en cadena es una labor cívica y hasta de salud mental. No es que desconfiemos del emisor, lo que tenemos que poner en duda es la fuente y, sobre todo en estos momentos, la intención. 

Descalificar la eficacia de las vacunas, por ejemplo, es un juego peligroso cuando se trata de compartir posturas, que no ideas o datos, acerca de logros científicos que no pueden estar en duda. Como alguna vez estableció el político estadunidense Daniel Patrick Moynihan: “cada uno tiene derecho a su opinión, pero no a sus propios hechos”.

Este océano de información a medias nos debe obligar a revisar el contenido que tenemos en nuestras redes sociales, en nuestra mensajería instantánea; siempre hemos estado en riesgo de ser influidos por información que no es verdadera, pero jamás habíamos estado tan cerca de recibir tantas noticias falsas por tantos medios directos. 

Fuentes oficiales, medios confiables, investigaciones científicas, son vías por medio de las que podemos verificar si ese rumor o hasta ese “meme” es verdadero. Se trata de tener “higiene cibernética”, por llamarla de alguna manera, y sólo transmitir aquel contenido que ya pudimos confirmar que es útil. 

En ese sentido, contrastar lo que circula en torno a nosotros y oponerlo con la información que surge de esas fuentes que tienen una reputación más allá del respaldo momentáneo que nuestros conocidos pueden darle, nos puede ayudar en este momento a salvar vidas. 

Tomo dos acontecimientos recientes que han ocurrido en los Estados Unidos, pero que se han repetido en otras naciones, e involucran a personas que se tratan de covid-19 con un medicamento para desparasitar caballos o han incurrido en tomar desinfectante, ambos con consecuencias graves, sin entrar en lo que representa para el sentido común. 

En muchas ocasiones, el problema reside en que deseamos soluciones simples para problemas complejos, como la pandemia. Enfrentar una crisis sanitaria que no se había presentado en un siglo demanda acciones respaldadas en la ciencia y en aquellos que la ejercen y a quienes llamamos científicos. Ellas y ellos lograron en tiempo récord vacunas que salvan la existencia de miles de personas y permiten que millones no enfermen de manera grave; nuestro reconocimiento a esa monumental tarea debe ser el apoyo a una cura que ahora nos permite ver más cerca el fin de esta contingencia internacional. 

Cuando una sociedad pierde sus denominadores comunes y puede considerar que cualquier evento, hecho o confirmación científica está sujeta a interpretación, corremos el riesgo de fragmentar nuestro conocimiento. Dudar es una característica humana, pero hacerlo ignorando evidencias y avances demostrables es fragmentar totalmente el acervo de experiencias, métodos, teorías y avances que nos han hecho la especie capaz de modificar nuestro entorno a voluntad. Ir en una misma dirección exige coincidencias, no pensamiento único, sobre la base de buena información. Así que para unir esos fragmentos cuidemos bien lo que estamos a punto de compartir a otros como cierto.

Temas: