Espacio público equilibrado

Los efectos en la redistribución del espacio público por la pandemia abren oportunidades para que mejoremos la infraestructura y los servicios públicos que inciden directamente en un entorno seguro y de paz y tranquilidad para los ciudadanos.Al mismo tiempo, impulsa ...

Los efectos en la redistribución del espacio público por la pandemia abren oportunidades para que mejoremos la infraestructura y los servicios públicos que inciden directamente en un entorno seguro y de paz y tranquilidad para los ciudadanos. 

Al mismo tiempo, impulsa a demandar a nuestras autoridades municipales que atiendan las causas por las que esos espacios no son ocupados por los vecinos y sí por la delincuencia o por quienes tienden a cometer conductas antisociales. Es una regla que, en calles vacías, el crimen puede actuar con impunidad y superando en número al ciudadano común.  

Cualquier deterioro de espacios comunales no ocurre de la noche a la mañana, es un descuido que se da a lo largo del tiempo y coincide con el abandono de la sociedad y de la autoridad. Esta crisis sanitaria nos enseñó que esas áreas cercanas a nuestras viviendas eran indispensables para que el confinamiento no nos causara mayores complicaciones en nuestra salud mental, mantuviera a raya los casos de violencia intrafamiliar y sirvieran para que las y los vecinos pudiéramos organizarnos a lo largo de esta emergencia. 

También resultaron un factor importante para la reactivación de la movilidad y de la economía. Cada metro cuadrado que ganamos para peatones, ciclistas y establecimientos (los que se han comportado de manera correcta respecto del ruido, claro) ha sido un elemento de mejora para que muchas de nuestras ciudades se vieran menos afectadas por la abrupta suspensión de actividades que nos impuso esta cepa de coronavirus. 

Ahora comienza el reto de modificar hábitos y comportamientos, atendiendo los problemas ciudadanos de siempre, para que exista una mejor distribución del espacio que es de todos.  Si damos seguimiento a las encuestas que elabora el Inegi sobre las preocupaciones de las y los mexicanos respecto de su entorno, podemos identificar cinco que, coincidentemente, representan más del 70% de las quejas vecinales a las autoridades de los municipios: arreglo de calles, iluminación, banquetas en buen estado, servicio de limpia adecuado y retiro de vehículos abandonados. 

El mensaje que se envía cuando una calle está en buenas condiciones, sobre todo de noche, más un patrullaje adecuado de la policía, en coordinación con vecinos que participan en el cuidado de sus hogares para identificar personas sospechosas o hechos que pueden suponer un delito, es el fundamento de la seguridad pública a la que todos aspiramos y que podemos lograr si estamos organizados adecuadamente. 

Pensar en reconfigurar la forma en que se reparte el espacio en nuestros barrios, rehabilitando áreas verdes, reforestando correctamente, alentando la recuperación de parques, jardines y andadores para fomentar la convivencia vecinal es el primer paso para que nuestras ciudades medianas y grandes en la República se puedan transformar en urbes donde la mayoría de los servicios estén cerca, al igual que los centros de trabajo. 

Por mucho tiempo nos hemos acostumbrado a los traslados de dos o tres horas, de ida, y el mismo tiempo de vuelta (lo que representa casi una jornada de trabajo), de casa a donde se concentran los empleos, que significa un daño incalculable en la calidad de vida y en la salud mental y física de millones de personas en México y en el mundo. 

No sé si pronto llegaremos a concretar “ciudades de 15 minutos” en donde todo lo necesario se encuentre a esa distancia caminando o en bicicleta, pero recuperar áreas cercanas sí reduce el uso del automóvil y su consecuencia directa: el tráfico.  

La redistribución equilibrada que acerque muchos servicios, oportunidades de empleo y centros de convivencia a distancias menores de las zonas de vivienda, que hoy son dormitorios de lunes a viernes, sería el mejor destino que podemos planear y una medida de prevención a futuro si llegara a surgir una nueva pandemia.

De la misma forma, la cercanía incide en el fortalecimiento del tejido social y en la construcción de comunidades más solidarias, con índices de violencia mucho menores y con un sentido de pertenencia que hace poco atractiva la oferta que la delincuencia pudiera tener, en particular hacia los más jóvenes. El consejo es empezar a reunirnos y tomar acuerdos para que las decisiones vecinales estén orientadas en resolver las cinco demandas que más nos preocupan. El efecto es inmediato y sus beneficios se pueden sentir en la percepción de seguridad; la cual influye, como sabemos, en el ánimo social que nos ayuda a vivir, con base en los resultados que vemos de primera mano, en el clima de paz y tranquilidad que tanto anhelamos.

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