Distracciones

Quienes no están de acuerdo con el gobierno en turno recurren a cualquier táctica para enviar un mensaje que les reditúe, al menos, la repulsión del destinatario para no meterse en el día a día de los acontecimientos nacionales

Si la teoría política convencional recomienda que cuando un adversario se equivoca lo mejor es no distraerlo, éste no es el caso. Un día sí, y otro también, la llamada oposición al Presidente de la República y a su gobierno sigue al pie de la letra un guion matutino que, de tanto repetirse, se está convirtiendo en mensajes cercanos a la publicidad y menos a la información a la sociedad.

Sin embargo, en la construcción de este escenario existe la misma responsabilidad del titular del Ejecutivo, como de sus detractores, porque cada mañana tanto partidarios y como adversarios analizan la conferencia presidencial, frase por frase, mueca por mueca, hasta que el resto de las y los mexicanos quedamos exhaustos.

En un ejercicio como éste, inédito para un político en el mundo, lo que ha logrado es que avance el escepticismo y crezca la desconfianza, ya de por sí natural en México, entre los políticos y la ciudadanía común.

Depende mucho de las fuentes para recibir el destilado de las dos horas, en promedio, de la conferencia matutina, pero lo que comparten en común quienes analizan, resumen y utilizan para su causa las declaraciones desde Palacio Nacional es la intención de imponer un punto de vista maniqueo.

Este propósito ha llegado a tal grado que quienes no están de acuerdo con el gobierno en turno recurren a cualquier táctica para enviar un mensaje que les reditúe, al menos, la repulsión del destinatario para no meterse en el día a día de los acontecimientos nacionales.

La última batalla por la percepción pública fue la decisión de asilo del expresidente de Bolivia, Evo Morales (quien técnicamente sigue en funciones porque su periodo no ha terminado y su renuncia está en la mesa de la Asamblea parlamentaria de aquel país). Aunque la tradición diplomática mexicana, reconocida mundialmente, da toda la cobertura para brindarle protección a Morales, la polémica ha sido permanente y el seguimiento que se hace del exmandatario sudamericano, ahora sí, no lo tiene ni el propio presidente de la República.

La saturación de mensajes sobre si Morales debió o no ser aceptado por México ha hecho que muchos analistas llamen a la mesura y a no distraerse con este hecho, mientras el país vive tiempos complejos en lo económico, en la falta de seguridad y en las decisiones legislativas.

Pedir que “no perdamos de vista el balón” se convirtió en un mantra en redes sociales frente a las protestas cibernéticas por el asilo que, rápidamente, derivaban en referencias a su condición indígena, a los gastos en que incurrió el Estado mexicano para traerlo y a esa mala costumbre que tenemos como sociedad de juzgar primero con las tripas y después con la cabeza. Luego de tanto ruido en este tema, me quedo con la cabeza de una nota del diario británico The Guardian que iba más o menos así: “El exitoso Presidente de Bolivia que se quedó demasiado tiempo”; creo que a partir de esta noción podríamos seguir hablando sobre lo sucedido. Espero.

Ya en otras noticias, la elección de Rosario Piedra Ibarra no fue muy distinta en la manera en que se interpretó en el ánimo noticioso y electrónico; en una decisión politizada y con el desaseo que sólo puede alcanzarse gracias a los intereses de los partidos, la toma de protesta de la nueva titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos fue empañada por los mismos legisladores, los a favor y los en contra.

En el río revuelto, se olvidó el reconocimiento a un ombudsman ejemplar como lo fue Luis Raúl González Pérez, a quien no se le ha podido reprochar nada, ya que su posición fue siempre congruente y coherente con la labor que encabezó. Antes, no sé, pero en la gestión de él puedo constatar que la CNDH fue el organismo que esperamos las y los mexicanos, independiente de nuestras preferencias políticas.

También se extravió en este sinuoso camino que es la vida pública nacional darle no sólo el beneficio de la duda a Rosario Piedra, sino también destacar su trayectoria y la lucha de la que ha formado parte, como un aval de su elección. Lo justo debe ser evaluarla por su trabajo y el desempeño que tenga la Comisión durante su mandato.

El resto es el ruido característico de nuestro tiempo. Ensordecedor muchas veces, útil en el menor número de ocasiones, porque hace a un lado otros hechos que modifican la correlación de fuerzas en el continente y, por lo tanto, las decisiones que influirán en nuestras vidas. Confío en que espacios como éste, en medios como Excélsior, podamos analizarlos sin tantos sobresaltos, cuya verdadera intención es dividirnos, un peligro que debemos evitar a toda costa.

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