Dialogar para comprender

Uno de los antídotos para la desinformación que marca este cambio de época es hablar entre nosotros la mayor cantidad de veces posible. Evitar compartir lo primero que nos llega a los diferentes canales de comunicación que tenemos en lo individual es una aportación ...

Uno de los antídotos para la desinformación que marca este cambio de época es hablar entre nosotros la mayor cantidad de veces posible. Evitar compartir lo primero que nos llega a los diferentes canales de comunicación que tenemos en lo individual es una aportación sencilla y poderosa para no esparcir miedo e incertidumbre, dos aspectos que siempre están presentes en el desarrollo de nuestras sociedades. 

El diálogo constante permite que, en nuestro entorno, nos tomemos el tiempo suficiente para analizar antes de juzgar a la ligera y de valorar la calidad de los datos que nos envían para saber si hay una intención de formar una percepción acerca de los hechos que se vuelven de interés público. 

Esta infodemia que vivimos nos demanda estar atentos y compartir puntos de vista distintos para llegar a una conclusión, pero siempre con base en conversaciones respetuosas, de mente abierta y no sustentadas en impresiones. No olvidemos que muchos de los mensajes que nos llegan, apelan a generar emociones y no necesariamente a emplear la razón. 

Por eso es relevante abrir el diálogo desde la casa, sentarnos a platicar cómo vemos los sucesos que afectan, directa o indirectamente, nuestro buen y bien vivir, comparar los datos que nos llegan y contrastarlos con la información que proviene de otras fuentes, de preferencia confiables, para sacar conclusiones que estén equilibradas. 

Incluso, este ejercicio se hace más útil cuando hablamos con personas que no comparten nuestra visión y están influidas por muchos de esos mensajes que no tienen una fuente específica, buscan crear un estado de ánimo y acomodan hechos que no necesariamente están relacionados. 

El ejemplo reciente es el conflicto internacional que vivimos. La desinformación no es nueva en un escenario de enfrentamiento a esa escala; sin embargo, nunca había tenido esta posibilidad de viajar en segundos a millones de teléfonos celulares, cuentas de redes sociales y de correos electrónicos. Equilibrar estos datos permite que la incertidumbre disminuya y pensemos con algo de tranquilidad sobre el impacto que tienen estos hechos en nuestra vida cotidiana. 

Diferentes puntos de vista enriquecen la vida pública y privada de las y los ciudadanos, sólo que también en ello se debe actuar de forma corresponsable para no caer en la manipulación que puede estar detrás de muchos intereses que buscan mover la atención civil hacia propósitos que no estarían enfocados en el bien común. 

¿Cómo identificar fuentes confiables? Una forma de hacerlo es contrastar diversas fuentes que emiten información y cuentan con una reputación que se ha construido a lo largo de los años: medios, expertos, instituciones públicas y privadas que elaboran análisis a partir de información estadística, diplomáticos de carrera e incluso las hemerotecas que hoy están disponibles de manera digital.  

Mucha de la información que nos ayudaría a construir un mejor criterio está disponible, pero no siempre está bien relacionada o cuenta con el contexto necesario. Los eventos que nos atañen tienen una influencia variada en distintos aspectos de nuestra convivencia. Juntarlos no es sencillo, por eso es importante no compartir cualquier cosa y menos hacerlo sin reflexionar sobre su veracidad, porque sólo provocamos una preocupación artificial que sí puede generar consecuencias al impedirnos tomar decisiones correctas y actuar de forma serena y bien pensada en beneficio de la mayoría y de nosotros. 

Hablar, contrastar datos, analizar qué es cierto y qué puede no serlo, es una vacuna para la infodemia, ese padecimiento mundial que está asociado a todos los eventos que se vuelven relevantes a nivel global. Reducirla debe ser una prioridad ciudadana, lo mismo que estar informados adecuadamente, sin apasionamientos y con mucha civilidad para comprender que vivimos en una época diferente a cualquier otra en donde tenemos acceso a herramientas que nos dan voz y que tenemos que aprovechar para compartir los temas que nos preocupan, junto con las soluciones que proponemos para resolverlos. 

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