Concentrarse en lo importante

Dialoguemos, lleguemos a acuerdos, avancemos con perseverancia para resolver las causas de la desigualdad.

Este cambio de época que estamos viviendo está marcado por la desinformación y la persistencia de muchos intereses por desviarnos de lo que nos preocupa realmente, por lo que el recurso que tristemente está en boga es la distracción.

Una sociedad que dedica tiempo en distraerse no se puede enfocar y concentrarse en resolver sus problemas y para aquellos que buscan dividirnos como sociedad, hacernos perder la atención es su principal propósito. No olvidemos que descuidarnos es el origen de muchos de los males, personales y comunitarios, que nos afectan.

Hay una diferencia notoria entre la opinión pública y la publicada en los medios de comunicación y plataformas de mensajería. En la realidad cotidiana las preocupaciones no son las de muchos espacios en donde lo que se juega en verdad es el poder. Esos lugares del ámbito social tienden a estar alejados de la mayoría y su desconexión con el ciudadano de a pie es la fuente de gran parte de la confusión que se genera al momento de interpretar dichos y hechos.

Pongo un ejemplo que, de tanto mantenerse vigente, parece inamovible: la primera preocupación de nosotros los ciudadanos son los baches. En segundo y tercer lugar, las fallas en la infraestructura relacionadas con el suministro de agua potable y la falta de alumbrado público en buen estado.

Aunque no es menos importante, la seguridad aparece como la cuarta preocupación cotidiana de los mexicanos (aunque en el ranking del miedo seguramente es la primera). La falta de buen drenaje, el tráfico, y las áreas públicas sin mantenimiento, son las que siguen en orden de relevancia.

¿Esto significa que todo está bien? No. Sólo es la opinión directa de una ciudadanía que sufre de complicaciones en sus rutinas de convivencia laboral y social, en donde no existe un criminal por ciudadano que lo esté acechando en la esquina de su casa para atacarlo. La delincuencia se comporta de otra manera y la lógica de sus acciones es la del dinero fácil con el menor riesgo posible, no la persecución constante de personas para agredirlas las 24 horas del día.

Entonces ¿estas respuestas significan que los ciudadanos son ciegos a lo que realmente sucede y todo está mal? Tampoco. No hay sociedades embrujadas, sino en contacto con una realidad que se manifiesta de formas distintas por muchas razones. Es complejo lo que nos sucede en el país, por lo que las respuestas simples no son aplicables, pero tampoco lo son las visiones catastrofistas que sólo logran alejarse de lo que nos importa a la mayoría.

Ya lo he compartido antes: el 70% de las quejas a las autoridades municipales, de alcaldías y de los estados, que son las directamente relacionadas con la atención de nuestras necesidades, tienen que ver con servicios públicos óptimos. Imaginemos lo que sucedería en nuestra calidad de vida si nos concentráramos en arreglar esto, de manera corresponsable, en lugar de distraernos con noticias falsas, escándalos de 15 minutos y protestas que no tienen ninguna propuesta.

Hay una voz ciudadana que todos los días quiere hacerse escuchar y tiene necesidades muy distintas. La clave para estar en contacto con los ciudadanos es sólo eso: prestarle atención a lo que sí nos importa, dejar a un lado la especulación, la desinformación y las divisiones, para enfocarnos en mejorar las condiciones de vida de la mayoría. Una calle a la vez, una luminaria a la vez, un parque a la vez, hasta que cada colonia pueda tener una buena infraestructura pública, que es el primer paso para formar una cultura de la prevención y vivir en paz y con tranquilidad.

Eso no quiere decir que nos apartemos del debate y del intercambio de ideas sobre las decisiones que mejor nos convienen y que deben escuchar quienes las toman para que luego se conviertan en normas y leyes. Sólo que nuestro enfoque tiene que estar bien dirigido hacia lo que nos ayuda y lo que nos impulsa, no en lo que aparentemente nos hace distintos e irreconciliables en nuestra forma de pensar.

Dialoguemos, lleguemos a acuerdos, avancemos con perseverancia para resolver las causas de la desigualdad, de la marginación y de la falta de equilibrio social. Concentrémonos en lo que nos permita cubrir nuestro potencial y aprovechar los dones de un país que merece un destino luminoso, igual que cada uno de los habitantes.

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