Capital Ciudadano

Lograr acuerdos es el reto permanente de una sociedad que anhela ser una sola para resolver los problemas que la afectan

Nuestro país es diverso en sus formas de organización social, con diferencias que nunca son insalvables, pero con características que deben tomarse en cuenta para comprender las condiciones en las que se desarrollan muchas regiones a partir de su realidad.

Ponernos de acuerdo para seguir en una misma dirección es el reto permanente de una sociedad que desea ser una sola para resolver los problemas que la afectan. Esa capacidad de continuar como una mayoría, respetando la opinión de todos, para buscar el bien común es lo que podemos definir como capital ciudadano.

Si no contamos con mecanismos civiles que nos permitan coordinarnos bien y resolver los retos cotidianos, entonces estamos a merced de intereses y de grupos pequeños que pueden fácilmente imponer otras condiciones de colaboración social que sólo pueden obtener un beneficio a costa de los demás como, por ejemplo, la delincuencia. Así se explicaría que, mientras somos más lo que deseamos la paz, pocos logren que prevalezca lo contrario.

Es decir, en una sociedad con un capital ciudadano escaso, la desorganización es la norma y por eso puede reinar la violencia ejercida por quienes estarían en desventaja numérica, pero que compensan a través del miedo y la agresión.

Donde el capital ciudadano es alto, no hay espacio para que ningún grupo pueda sobreponerse a una mayoría bien comunicada, colaborativa y en coordinación para apoyarse entre sí. La idea de que unidos somos más fuertes también viene de una suma simple que en muchas ocasiones nos cuesta producir para vencer a quienes optan por arrinconarnos.

Crear capital ciudadano es un proceso que se integra de muchos actos civiles constantes, que van construyendo un tejido social y establecen procedimientos rápidos de organización por medio de los que se puede convocar a muchas personas para hacer frente a una eventualidad.

No es casual que las plazas públicas todavía sean el lugar de concentración de muchas comunidades o que éstas puedan alertarse con las campanadas de una iglesia, el perifoneo y hasta por llamados tocando puerta por puerta.

Muchas redes sociales han sustituido esos mecanismos, aunque no su resultado, cuando solo con un mensaje es posible la asistencia de cientos de personas en un sitio en específico.

¿Por qué entonces no prevalecemos sobre quienes tratan de hacernos daño? Sigo convencido de que nuestra principal enfermedad es la desconfianza y mientras no la tratemos y la curemos es difícil lograr un nivel de organización óptimo para impedir que los problemas ocurran y así no tener que reaccionar ante ellos.

Tenemos derecho a no creer en muchas cosas, personas y hechos; lo que no podemos hacer es dejar de creer en nosotros y en la posibilidad que existe de cambiar juntos cualquier situación que altere nuestro buen y bien vivir.

Es más que un mensaje de optimismo sin fundamento, se trata de aportar a ese capital ciudadano con acciones concretas como la denuncia, la participación vecinal, el rechazo a la violencia y la atención comunitaria a las personas que más lo necesitan.

Todos sabemos qué le falta al vecindario en el que vivimos y, tal vez, lo principal de lo que se carece es de voluntad para intervenir y en conjunto solucionarlo. Algunas veces basta con un mensaje y una foto en una red social; en otras es necesario llevar a cabo un trámite. En varias solo se necesita organizarnos para tenderle la mano a alguien que lo necesita con urgencia.

Lo que nos debe quedar claro es que el capital ciudadano no llega de ninguna parte, ni es responsabilidad única de gobiernos o de instituciones, es lo que nos toca a cada uno de nosotros. La apatía de muchas décadas es lo que nos trajo muchos de los males que padecemos, hoy una mayoría está avanzando hacia una idea de nación donde la paz y la tranquilidad se consiguen atendiendo las causas de la violencia, ofreciendo educación, salud, trabajo digno y seguridad.

Invirtamos en producir capital ciudadano en nuestras comunidades, por grande o pequeñas que sean. Es lo que hará la diferencia para crear oportunidades, resolver conflictos, remediar pendientes históricos y forjar un futuro basado en la confianza y el compromiso por un Estado de Bienestar que nos contemple a todos.

Temas: