Siria: una esperanza
Una de las consecuencias más positivas de esta situación puede ser el fortalecimiento de un orden global multipolar.
El frenesí bélico del presidente estadunidense Barack Obama, decidido a iniciar una nueva guerra mediante la agresión contra Siria, fue detenido abruptamente por un movimiento magistral de la diplomacia rusa, conforme a los lineamientos de una estrategia afinada por el presidente Vladimir Putin y sus más cercanos asesores, entre ellos el canciller Sergei Lavrov. La previa indecisión de Obama, que algunos atribuyeron a falta de carácter y de visión internacional, podría más bien haber sido provocada por la notoria ausencia de acompañamiento: ni la OTAN quiso participar abiertamente.
Tal vez una de las consecuencias más positivas de esta situación pueda ser el fortalecimiento de un orden global multipolar, que existe ya en buena medida, por más que Estados Unidos mantenga su presencia militar internacional y continúe arrogándose el papel de vigilante y policía del mundo. La firme posición de Rusia y China frente a la intención estadunidense de lanzar un ataque militar contra Siria, comenzó a posibilitar la creación de un bloque informal de países opuestos a la guerra, apoyados de manera creciente por la opinión pública.
El papel de las organizaciones de la sociedad civil ha sido relevante. Dentro de un conglomerado cada vez más amplio, merecen una mención de honor las estadunidenses, cuya infatigable labor por la paz tiene el valor agregado de la solidaridad con los pueblos del mundo, del abandono de la visión de excepcionalidad respecto a su propio país y a su historia, para abrirse realmente al ámbito global, comprender, aprender y respetar.
Dentro del orden multipolar que se configura y se afianza, habrá que tomar muy en cuenta el papel de los integrantes del grupo BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Su peso específico internacional va en aumento, pese a las disparidades y a los desencuentros. Se convertirán en un factor decisivo dentro del escenario internacional. Alguna vez México fue invitado a sumarse a esta alianza; la ceguera del panismo empoderado frustró la iniciativa.
El acuerdo al que llegaron Rusia y Estados Unidos el sábado pasado en Ginebra, requiere del gobierno sirio la presentación de una lista de sus armas químicas en el plazo de una semana y anticipa la aprobación de una resolución de las Naciones Unidas para validar el compromiso, dentro de la cual quedaría abierta la posibilidad del uso de la fuerza en caso de incumplimiento. Esto último fue aceptado bajo protesta por los rusos, a fin de facilitar las cosas para el gobierno estadunidense en su frente interno.
Sin embargo, las discrepancias entre lo negociado en Ginebra y las acciones de Washington pueden convertirse en motivo de una posterior ruptura que conduciría a un nuevo y más profundo agravamiento de las tensiones internacionales. Mientras se aguarda que se cumplan los requisitos exigidos al gobierno del presidente Bashar al-Assad, Obama autorizó la entrega de “provisiones y equipo” a la llamada oposición armada en Siria, integrada mayoritariamente por mercenarios extremistas islámicos, entre ellos tropas de Al-Qaeda, culpables además de crímenes brutales, constantes violaciones a los derechos humanos y uso de armas químicas.
Es importante destacar un aspecto que la información manejada por los medios occidentales ha omitido sistemáticamente: la reserva previa de Siria para firmar la Convención sobre las Armas Químicas se debe al hecho de que Israel tiene un importante arsenal en el área de Dimona, en el desierto del Néguev, y produce armas químicas en el Instituto Biológico Nes Ziona, según lo ha denunciado el científico israelí Mordejái Vanunu, perseguido y encarcelado por haber dado a conocer inicialmente la existencia del arsenal nuclear de Israel, también fuera de todo control y vigilancia.
El gobierno sirio reaccionó con optimismo. El ministro de la Reconciliación, Ali Haidar, declaró: “Nos felicitamos por este acuerdo. Por un lado, ayuda a los sirios a salir de la crisis y, por otro, permitió evitar la guerra contra Siria, al dejar sin argumentos a quienes querían desencadenarla…”
Aún hay camino por recorrer.
