Memorias de muerte y vida
En Sarajevo se llevará a cabo el Foro Internacional de la Paz, en medio de los estragos de la matanza de Markale de 1995.
SARAJEVO.— El Foro Internacional de la Paz Sarajevo 2014, que tendrá lugar en la capital de Bosnia-Herzegovina del 6 al 9 de junio del año próximo, recibió esta mañana el más amplio respaldo del alcalde, doctor Ivo Komsic, quien se reunió en su despacho de la restaurada alcaldía —el edificio más representativo del periodo imperial austrohúngaro en la región—, con un grupo de representantes del Comité Organizador Internacional y del Comité Nacional.
La tarea no será fácil ni sencilla. La situación del país es complicada: una economía que no sale del estancamiento, sino se deteriora paulatinamente; un entorno de reconciliación aparente, que no acaba de restañar las heridas abiertas durante la guerra en la década de 1990; y una situación política polarizada, tanto en lo interno como en la perspectiva regional.
Los contrastes pueden resultar desconcertantes e incomprensibles. He conversado tanto con académicos, periodistas, médicos, abogados, estudiantes, como con personas en la calle: vendedoras en tiendas, vendedores callejeros de elotes cocidos o asados —sí, como en México—; taxistas, policías… Y surge un consenso: en la antigua Yugoslavia, bajo el gobierno del mariscal Josip Broz Tito, se vivía mejor, todo era diferente, había empleo, educación y medicina para todos. Y las rivalidades étnicas parecían superadas.
¿Por qué, entonces, la salvaje ferocidad de la guerra en la década de 1990? Familias, personas, que el día anterior eran vecinas y amigas, se persiguieron, denunciaron, asesinaron con saña y enorme crueldad. Me tocó presenciar en Sarajevo, el 28 de agosto de 1995, la segunda masacre de Markale —el mercado central—; estuve en un restaurante bar a un lado de la estructura bombardeada, cuando comenzaron a caer los obuses de 120 mm.
Al salir, luego del horror del bombardeo, presencié el infierno de la muerte y la destrucción, con cadáveres destrozados en las calles y estructuras semiderruidas; llanto, olor a sangre, a sudor, a heces; desesperación, angustia… Y la pregunta: ¿por qué? Desde entonces y hasta ahora se ha culpado a los bosnios de origen serbio, lo cual en lo personal, no creo, por la evidencia que puede reunir en su momento. Pero esto no es lo más importante.
Markale fue apenas un episodio. Anteayer, a instancias de mi amiga Ingeborg Breines, copresidenta del Buró Internacional de la Paz, varios asistentes a la tercera reunión preparatoria del Foro Internacional de la Paz, visitamos el Museo de Srebrenica. Se trata de una pequeña ciudad en las montañas, que actualmente forma parte de la República Srpska, enclave serbio que ocupa 49% del territorio de Bosnia-Herzegovina y que teóricamente está federada dentro la República de Bosnia y Herzegovina.
En julio de 1995, Srebrenica fue escenario de un genocidio cometido –este sí—por las tropas serbio-bosnias del general Ratko Mladic, auxiliadas por paramilitares serbios y bosnios, que asesinaron sistemáticamente a unos ocho mil bosnios musulmanes, principalmente varones, aunque también murieron mujeres e infantes. Fue el mayor genocidio cometido en territorio europeo desde la Segunda Guerra Mundial.
El Museo de Srebrenica, en el centro de Sarajevo, evoca la memoria de la muerte y es agobiante. Me recordó, salvadas las diferencias, mi visita al campo de concentración de Auschwitz. Lo peor para mí, fue que estuve en Srebrenica después del genocidio y aun cuando no fui testigo presencial ni encontré ninguna de las fosas comunes después localizadas, en el ambiente se percibían el terror y la desolación.
Todo comenzó en Sarajevo, el 28 de junio de 1914, cuando el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero de la corona del Imperio Austrohúngaro, fue asesinado, junto con su esposa Sofía, a un lado del Puente Latino. Casi 100 años después, algunos consideran a su asesino, Gavrilo Princip, como un héroe nacional serbio y balcánico; mientras que otros hablan de erigir una estatua al archiduque. Así de complicados son los Balcanes; pero aquí también debe surgir un siglo de paz y reconciliación, a partir de 2014.
