Armas en órbita

La X-37 es una instalación militar espacial, parte del arsenal que provoca una creciente preocupación en todo el mundo.

Comentaba la semana anterior que aun cuando el gobierno del presidente Barack Obama se declara dispuesto a considerar la adopción de alguna propuesta para prohibir la instalación de armas en el espacio, o el uso del espacio como ruta de tránsito de armamento de cualquier índole, insiste en que el instrumento que se adoptaría en su caso, deberá satisfacer “criterios rigurosos” de equidad, verificabilidad efectiva y ofrecer garantías a los intereses nacionales de Estados Unidos y sus aliados.

El tratado que han promovido Rusia y China para la prevención del emplazamiento de armas en el espacio exterior, no satisface dichos requisitos, según los especialistas estadunidenses comisionados por Washington para revisarlo y emitir un dictamen oficial. Alegan que está “fundamentalmente viciado”, aunque no explican por qué, más allá de generalidades muy vagas; y concluyen que no ofrece ninguna base para iniciar negociaciones.

Mientras tanto, el Departamento de Defensa continúa invirtiendo en programas orientados a establecer capacidades operacionales para armas basadas en el espacio y dispositivos militares antisatélites. Y si bien la tecnología involucrada es motivo de controversia, representa una muy importante oportunidad de lucro para empresas que saben cómo rebasar los obstáculos éticos, logísticos y financieros.

La guerra siempre ha sido una generosa fuente de utilidades; y el dominio del espacio exterior implica más opciones de excelentes negocios, relacionados incluso con las armas convencionales. Según lo estableció el comando espacial de la fuerza aérea estadunidense en su Plan Estratégico Maestro de 2003, “la capacidad de lograr la superioridad en el espacio (de aprovecharlo mientras se cierra selectivamente a los adversarios), es críticamente importante; pues mantener la superioridad espacial implica un prerrequisito esencial de la guerra moderna”.

La superioridad en la guerra convencional se basa en la existencia de recursos militares en el espacio, particularmente satélites, que son utilizados para tareas de inteligencia (es decir, espionaje); teledetección, navegación y monitoreo, entre otras. Los drones asesinos son dirigidos a sus blancos por vía satelital. Dado que Estados Unidos ejerce su voluntad política por medio de la fuerza, la protección de sus recursos espaciales y la interferencia contra los de otras naciones, es la clave para garantizar esa superioridad.

Desde abril de 2010, un arma espacial estadunidense, la X-37, que es una aeronave espacial no tripulada, cuya apariencia es la de una versión a pequeña escala del transbordador espacial, circunnavega la Tierra. Aun cuando la opinión pública internacional ignora este hecho, la X-37 representa una amenaza a la paz global y puede provocar el inicio de una carrera armamentista en el espacio.

Bruce Gagnon, coordinador internacional de la Red Global Contra las Armas y el Poder Nuclear en el Espacio, señala al respecto: “En principio, la X-37 estaba destinada a remplazar al transbordador espacial, pero ese proyecto fue desechado”. En 2004, la NASA cedió la aeronave espacial a la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa y a Phantom Works, una división de Boeing, el mayor contratista aeroespacial dedicado aceleradamente al desarrollo de armas en el espacio y sistemas de escudo antimisiles. Recibe miles de millones de dólares del erario estadunidense.

Oficialmente, la X-37 es una instalación militar espacial, parte del arsenal que provoca una creciente preocupación en todo el mudo. El Pentágono trabaja además en el desarrollo de un número indeterminado de aeronaves “de doble propósito”, cuyos prototipos han sido probados ya. Tal vez se trate de bombarderos espaciales, pero son tan secretos hasta la fecha, no tenemos una plena seguridad.

Para quienes, como Gagnon y la Red Global, trabajan incansablemente por conservar el espacio exterior libre de armas y como un ámbito de paz, la X-37 representa un severo retroceso. “Se trata de una de las primeras armas espaciales operativas”, denuncia. Ésta es la realidad.

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