El espacio exterior y la paz

El desarrollo de recursos tecnológicos en el espacio llevará a que EU y Rusia desaceleren la reducción de sus arsenales.

El despliegue de armas en el espacio destruiría el equilibrio estratégico y la estabilidad, minaría la seguridad internacional y nacional y quebrantaría los actuales instrumentos para el control de armamento, en particular los relacionados con armas nucleares y misiles. Si esto llegase a ocurrir, habría inevitablemente una nueva carrera armamentista que, a su vez, descarrilaría los procesos de control de armas y desarme. En suma, los difíciles avances de las últimas décadas se verían cancelados.

La retirada estadunidense del Tratado de Misiles Antibalísticos en 2001 y el desarrollo del llamado escudo antimisiles, que implica la instalación de bases de Estados Unidos en tierra y mar, han intensificado exponencialmente las tensiones con Rusia y provocado un incremento en la proliferación de misiles. El despliegue de la tecnología bélica implicada o el desarrollo de recursos tecnológicos militares en el espacio llevará inevitablemente a un círculo vicioso, en el que Estados Unidos y Rusia desacelerarán la reducción real de sus arsenales nucleares y rechazarán la aprobación de nuevos tratados para regular las armas nucleares y sus sistemas de lanzamiento. Muy probablemente China construiría más cabezas nucleares para mantener su capacidad de disuasión e India y Pakistán podrían seguir el mismo camino.

En enero de 2007, Pekín llevó a cabo pruebas con un arma antisatélite, dirigida contra algunos de sus propios satélites climatológicos, ya obsoletos. Estados Unidos se apresuró a condenar los ensayos chinos, al tiempo que impulsaba hipócritamente varios proyectos de defensa espacial y antimisiles, utilizables también en acciones de agresión. Adicionalmente, en febrero de 2008, Washington procedió a destruir sus propios satélites fallidos que llevaban una carga de media tonelada de hidracina, un combustible para cohetes a base de agentes químicos tóxicos. El misil utilizado para derribar los satélites fue un Standard Missile-3, construido inicialmente como interceptor para el sistema de defensa de misiles de la Armada.

Aun cuando, hasta donde se sabe, no existen en la actualidad armas desplegadas de manera permanente en el espacio, la política estadunidense al respecto es y debe ser, con toda razón, motivo de preocupaciones en el ámbito global. Durante el gobierno de George W. Bush, el documento sobre Política Nacional del Espacio exponía sin ambages que Estados Unidos “preservará sus derechos, capacidades y libertad de acción en el espacio; disuadirá o impedirá a otros que pretendan coartar esos derechos, o desarrollar capacidades para hacerlo; llevará a cabo las acciones necesarias para proteger sus capacidades espaciales, responder a toda interferencia y, si es necesario, negar a sus adversarios el uso del espacio con fines hostiles a los intereses nacionales de Estados Unidos”.

A partir de entonces, Washington se ha negado a suscribir tratados que “limiten” sus acciones en el espacio exterior; y su política espacial se opone firmemente “al desarrollo de nuevos regímenes legales u otras restricciones que pretendan prohibir o limitar el acceso de Estados Unidos al espacio”, o a utilizarlo conforme a sus intereses; e insiste en que “las propuestas de acuerdos de control de armas o las restricciones relacionadas, no deben afectar los derechos de Estados Unidos a llevar a cabo investigaciones, o a desarrollar, realizar pruebas y operaciones u otras actividades en el espacio, conforme a sus intereses nacionales”.

En julio de 2010, el gobierno del presidente Barack Obama dio a conocer el nuevo documento sobre Política Nacional del Espacio, conforme al cual Estados Unidos promoverá la transparencia y la confianza bilateral y multilateral para alentar acciones responsables que conlleven el uso pacífico del espacio. Esta revisión señala asimismo que Washington considerará propuestas y planteamientos respecto a medidas de control de armas, siempre y cuando sean ‘equitativos’, efectivamente verificables y contribuyan a la seguridad de Estados Unidos y sus aliados”.

Parece un cambio alentador, pero hay trampa. Continuaré la semana próxima.

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