Peligros de la guerra espacial
Tanto Estados Unidos como China llevaron a cabo ensayos de capacidades antisatélites en 2007 y 2008, respectivamente.
La mayoría de los países miembros de Naciones Unidas está preocupada por la posibilidad de que el posicionamiento de armas en el espacio exterior conduzca a una nueva y muy peligrosa carrera armamentista; y considera que un tratado multilateral es el único medio eficaz para impedirla. Ese tratado no limitaría en forma alguna el acceso al espacio, sino impediría, precisamente, que existieran limitaciones arbitrarias al respecto.
En 2006, Rusia planteó que si todos los estados acataran una prohibición para el posicionamiento de armas en el espacio, no habría carrera armamentista.
Rusia y China apoyan, además, el establecimiento legal de una obligación de no recurrir a la amenaza de la fuerza contra artefactos espaciales y han presentado ante Naciones Unidas una propuesta de tratado para impedir la instalación de armas en el espacio exterior.
Aun cuando hasta la fecha no hay evidencias de un posicionamiento específico de armas en el espacio, Estados Unidos ha invertido generosamente en proyectos relacionados con esa posibilidad; y utiliza el espacio para recabar información de inteligencia contra sus presuntos adversarios, sean éstos beligerantes o no; y como vía de transmisión de las órdenes de ataque para los drones asesinos.
El Centro Espacial de Esrange, cerca de Kiruna, Suecia, que visité a fines de junio, es la principal estación de recopilación de información satelital en el mundo; y aun cuando oficialmente no está incluida en la red de instalaciones militares del Pentágono o de la OTAN, alimenta de manera permanente a los altos mandos tanto estadunidenses como de la alianza mal llamada atlántica, puesto que se ha convertido en global.
Tanto los estadunidenses como los chinos llevaron a cabo ensayos de capacidades antisatélites en 2007 y 2008, respectivamente. Adicionalmente y con el pretexto de buscar una respuesta a las amenazas potenciales del posicionamiento de armas en el espacio, Estados Unidos desarrolla su escudo antimisiles, supuestamente para protegerse y proteger a sus aliados, aunque en realidad es un paso más hacia la llamada dominación de amplio espectro que, desde luego, incluye el espacio.
El escudo antimisiles promovido por Washington permite a sus usuarios y beneficiarios desarrollar tecnologías militares ofensivas, bajo el disfraz de la defensa. Por ejemplo, los interceptores de energía kinésica son misiles lanzados al espacio para destruir misiles enemigos.
Poseen asimismo características potenciales para utilizarlos como armas ofensivas antisatélites debido a que sus mismas cualidades de maniobrabilidad y su estructura de control, aúnan lo necesario para ello.
Como era de esperarse, los principales contratistas militares estadunidenses se han dedicado de manera febril a desarrollar sus capacidades aeroespaciales y los consorcios de menor rango, protagonizan una encarnizada competencia para demostrar su eficiencia en la propuesta de innovaciones técnicas para producir satélites de menor tamaño y vehículos de lanzamiento menos costosos. El gran negocio de la guerra mantiene la hegemonía del complejo industrial-militar en Estados Unidos.
Existen muchas razones para que el mundo se preocupe por el desarrollo del escudo antimisiles y la tecnología para el posicionamiento de armas en el espacio: la expansión de la presencia militar convencional de Estados Unidos en diversas regiones del planeta; el enorme desperdicio de recursos que conlleva cualquier incremento en los arsenales; y las consecuencias materiales de los combates en el espacio exterior, por ejemplo, el incremento vertiginoso de la basura espacial, que destruiría la infraestructura civil en el espacio.
El posicionamiento de armas en el espacio traería consigo, además, la saturación de la órbita baja de la Tierra, donde ocurriría, en detrimento de los sistemas civiles. Es más, si se llevaran a cabo combates en el espacio, la progresiva acumulación de basura espacial impediría a muy corto plazo que pudiera utilizarse para cualquier otra función, lo cual implicaría serios retrocesos en muchos ámbitos pacíficos.
