Otra vez, Sarajevo
Deseamos que Sarajevo sea el foco de energía que irradie la firme voluntad de paz de todos los pueblos.
El 28 de junio de 1914, en la ciudad bosnia de Sarajevo, entonces parte del imperio austro-húngaro, morían asesinados el archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero del trono imperial, y su esposa, la condesa Sophie Chotek. El autor material del crimen, Gavrilo Princip, era miembro de la Joven Bosnia, rama local de la organización terrorista y ultranacionalista serbia, Mano Negra. El atentado de Sarajevo —una urbe marcada por la tragedia— precipitaría, exactamente un mes después, el 28 de julio, el estallido de la Primera Guerra Mundial.
Según el escritor británico H. G. Wells, famoso por obras como La guerra de los mundos, La máquina del tiempo y El hombre invisible, ese conflicto, para el que fueron movilizadas más de 70 millones de personas en virtualmente todo el planeta, sería “la guerra que pondrá fin a la guerra”. Su enunciado quedó como una expresión de buenos deseos y, hasta cierto punto, de ingenuidad política, aunque en el fondo tenía razón: el fin del militarismo evitará más conflictos bélicos.
Poco menos de 21 años después de que la Primera Guerra Mundial terminara el 11 de noviembre de 1918, un conflicto aún más devastador y sangriento asolaría al planeta: la Segunda Guerra Mundial, que comenzó el 1 de septiembre de 1939. Desde entonces, la humanidad no ha tenido paz. El 28 de junio de 1914 puede ser considerado como una fecha simbólica para el siglo XX, marcado por la que podríamos denominar cultura de la guerra y de la violencia, con dos conflagraciones bélicas globales y numerosas guerras regionales.
Yo he sido testigo de algunas de esas guerras regionales; en particular, la que devastó y desmembró a la antigua Yugoslavia en la década de 1990, alentada y en buena medida financiada por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, que aprovecharon el sedimento de añejos nacionalismos excluyentes, caldo de cultivo del separatismo, para provocar un enfrentamiento caracterizado por el odio fundamentalista religioso y étnico.
Estuve en Sarajevo durante uno de sus episodios más dramáticos, en 1995; me tocó presenciar la agresión en Kosovo, en 1999, cuyo episodio más infame fue el bombardeo de la OTAN contra objetivos civiles en lo que aún quedaba de Yugoslavia, sin respetar escuelas, hospitales, embajadas, instalaciones periodísticas y caravanas de refugiados. Todo ello, en el marco histórico y geográfico donde se encendió la mecha de la Primera Guerra Mundial. Entonces se habló de la última guerra europea, eufemismo encubridor de la ambición de dominio global y de la violencia estructural y cultural.
Paralelamente, el siglo XX y la primera parte del siglo XXI han presenciado un amplio ascenso de activismo no violento y de alternativas sociales a la guerra y a la violencia, encaminadas hacia la justicia global y social, los derechos humanos, la paz y la reconciliación, ideales en movimiento que se reflejaron en la declaración de las Naciones Unidas de una Década por una Cultura de Paz y No Violencia 2001-2010, frustrada en buena medida por la persistencia de los conflictos originados en las ambiciones hegemónicas de Washington y Bruselas.
Sin embargo, organizaciones de la sociedad civil europea, a las que pronto se sumaron otras de la sociedad civil internacional, como el Círculo Latinoamericano de Estudios Internacionales (CLAEI), decidieron hacer de Sarajevo, origen de la violencia más destructora de todos los tiempos, un escenario de lanzamiento para la cultura de la paz y de la no violencia precisamente en 2014, centenario del estallido de la Primera Guerra Mundial.
Los preparativos han avanzado con un entusiasmo creciente y una participación cada vez mayor. Se han llevado a cabo dos reuniones preparatorias y la tercera, en la que estarán presentes representantes de las organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo, tendrá lugar en Sarajevo del 6 al 9 de septiembre próximo. Así como allá comenzó el incendio que marcó al siglo XX y extiende sus consecuencias hasta el siglo XXI, deseamos que ahora sea el foco de energía que irradie la firme voluntad de paz de todos los pueblos, de todas las naciones.
