Voces unidas por la vida
Con una sola bomba nuclear que estallara sobrevendría una catástrofe humanitaria de consecuencias impredecibles.
Hay 17 mil armas nucleares en el mundo. Unas dos mil se encuentran en alerta máxima, listas para ser lanzadas en cuestión de minutos. Con una sola bomba nuclear que estallara sobrevendría una catástrofe humanitaria global, de consecuencias impredecibles, aunque sí anticipables en cuanto a su magnitud. Quienes poseen esas armas lo saben. Mucha más gente también, aunque el problema no sea del conocimiento concreto ni del interés del público en general.
Se han realizado estudios acerca de lo que ocurriría en cuanto al medio ambiente, la salud pública, la capacidad de respuesta ante una emergencia generalizada, la alimentación, el desarrollo. No hay duda alguna: las armas nucleares no solamente pueden acabar con la Tierra y consecuentemente con toda forma de vida, sino que, incluso si no llegamos al escenario de la guerra del fin del mundo, sobrevendría una catástrofe humanitaria ante la cual no se podría ofrecer la asistencia mínima indispensable.
La única solución es la eliminación de las armas nucleares. Total, definitiva, inapelable. Es preciso prohibirlas, mediante un tratado o una convención de observancia legalmente obligatoria, que no deje resquicios aprovechables por quienes insisten en tener arsenales nucleares y alegan supuestas razones de seguridad. Desde luego, la prohibición de las armas nucleares implica la cancelación de recursos paralelos, como la llamada defensa antimisiles, que Estados Unidos insiste en imponer a sus aliados y satélites, para cercar a Rusia y a China.
Ésta es la Semana de la Abolición Nuclear, auspiciada por la Campaña Internacional para la eliminación de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés), dentro de la cual se llevan a cabo eventos de diversa magnitud en muchos países del mundo. Despertar la conciencia de la sociedad civil, o fortalecerla en la decisión de actuar frente a la amenaza nuclear, un peligro real, inminente, cotidiano, es el propósito fundamental de estas actividades.
Paralelamente, hemos dado a conocer la Declaración de Kiruna, aprobada por los representantes de organizaciones de la sociedad civil de diversos países y continentes, reunidos los días 27, 28 y 29 de junio en Kiruna, Laponia, Suecia, para denunciar el peligro nuclear, así como el de la militarización del Ártico y del espacio exterior, dos realidades que confluyen igualmente en la marcha hacia el abismo de la destrucción total. Esto es parte de lo que acordamos plantear:
“Que enfrentamos grandes amenazas a nuestra supervivencia, debido a la persistente pretensión de que la seguridad puede logarse por medio de una política exterior agresiva y de la acción militar;
“Que las consecuencias finales de esa política son el desarrollo continuo y la amenaza del uso de armas nucleares, así como la explotación y la militarización del medio ambiente, como ocurre en el Ártico y el espacio exterior, en vez de protegerlo en beneficio de la humanidad;
“Que el Alto Norte está siendo utilizado por una OTAN en expansión, como campo de prácticas militares para ensayar futuras estrategias de combate en la guerra y para probar y desarrollar nuevas tecnologías asesinas; (…)
“El rápido incremento del despliegue de sistemas militares con base en el espacio y la red global de estaciones terrestres (que incluye radares e instalaciones de enlace descendente y de vigilancia) que lo respalda y complementa; (…)
“Los efectos desestabilizadores del despliegue de sistemas de defensa antimisiles con base en el espacio, en tierra y en el mar, pues minan la estabilidad internacional y ponen en peligro la posibilidad de avanzar en los acuerdos para el desarme nuclear…”
La Declaración de Kiruna está siendo difundida en todo el mundo. Es un llamado a la sociedad civil, a los pueblos, a los gobiernos, que se une a otras voces, como las de la semana de la Abolición Nuclear, para salir en defensa del género humano y de la Tierra, nuestro único hogar común.
Ningún esfuerzo es menor, ningún compromiso es utópico. Alejar la amenaza de la destrucción total debería ser el principal imperativo de nuestras acciones.
