El foco rojo en Panamá

Estados Unidos abandonó cientos de armas químicas en la Isla San José.

Conforme a la investigación de la Fellowship of Reconciliation (FOR, Fraternidad de la Reconciliación, en español), acerca de las armas químicas abandonadas por Estados Unidos en Panamá, desde febrero de 1953 hasta febrero de 1957, el Equipo de Pruebas Tropicales, perteneciente a la unidad del Cuerpo Químico, bajo el mando de los Laboratorios de Pruebas de Campo de Ensayos Ambientales en Utah, del ejército estadunidense, llevó a cabo ejercicios con gas mostaza destilado, cada tres meses, en territorio panameño.

En la Isla San José fueron disparados o arrojados miles de obuses de mortero y bombas químicas en 11 zonas de prueba, principalmente en la parte norte. “En los 18 ensayos sobre los cuales pudimos obtener acceso a los archivos”, señala el informe de la FOR, presentado por John Lindsay-Poland, “fueron utilizados cuatro mil 397 obuses de mortero y bombas. Si otros ensayos tuvieron el mismo promedio de municiones disparadas o arrojadas, esto significaría que en San José se utilizaron 31 mil 267 municiones químicas. Con una tasa de fallos de diez por ciento, el resultado sería que existen tres mil 126 armas químicas sin estallar en la isla…”

Previamente, el ejército estadunidense había realizado más de 130 pruebas en San José, entre mayo de 1944 y finales de 1947, en las cuales utilizó gas mostaza destilado, fosgeno, cloruro cianógeno y cianuro hidrógeno. Esas armas químicas eran almacenadas en Río Hato. Las pruebas involucraban seres humanos y entre otros propósitos, buscaban determinar si existía diferencia entre los soldados estadunidenses y los de origen puertorriqueño al gas H mostaza (una de las variantes del agente).

Hubo, asimismo, pruebas de agentes nerviosos, desde 1964 hasta 1968. La disposición de desechos incluyó la destrucción in situ de VX, mediante el recurso de almacenarlo en agua dentro de tambores de 55 galones, con la adición de hidróxido de sodio y etanol. Si las minas de VX fueron detonadas en las pruebas cuando aún contenían el agente activo, el área quedó contaminada durante varias semanas, antes de que el agente hidrolizado se convirtiera en un compuesto relativamente inocuo. Durante esas semanas la zona habría sido altamente peligrosa para la población.

El VX es una sustancia extremadamente tóxica empleada como arma química y clasificada como agente nervioso. Los agentes nerviosos son los compuestos químicos más tóxicos y de más rápido efecto que se conocen. El VX está considerado como arma de destrucción masiva por las Naciones Unidas, conforme a la Resolución 687. La producción y el almacenamiento de VX fueron prohibidos por la Convención sobre Armas Químicas de 1993.

Las pruebas con las minas M23 cargadas con VX (que involucraron 24 artefactos) buscaban determinar los efectos ambientales en el almacenamiento y funcionamiento en un clima tropical. También se efectuaron cuatro “pruebas de almacenamiento” con municiones químicas vivas desde 1964 a 1968, incluidas minas M23, cada una de las cuales contenía 4.77 kilogramos de agente VX. Apenas diez miligramos de VX constituyen una dosis letal y cada una de esas minas tiene suficiente agente neurotóxico para casi medio millón de dosis letales.

Independientemente de que el gobierno panameño haya denunciado el caso de la Isla San José ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), con una referencia a solamente ocho artefactos, pese a que pueden ser más de tres mil; la cercana vecindad geográfica de Panamá con Costa Rica y Colombia, como he señalado en estas páginas y en otros foros, debiera encender una luz de alarma sobre la potencial contaminación regional de esas armas que los estadunidenses se niegan a destruir y retirar.

Es importante insistir, además, en que no debe perderse de vista que, independientemente de que Costa Rica y Colombia sean las naciones vecinas más próximas a Panamá, otros países, desde México hasta Venezuela, podrían resentir las consecuencias de un accidente provocado por artefactos arrojados a tiraderos indiscriminadamente que, hasta donde se sabe, conservan sus capacidades letales.

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