Bomba de tiempo química

Washington se ha negado a destruir las armas que ha llevado a otras naciones y no ha retira-do los restos de las mismas.

El 22 de mayo di a conocer en estas páginas que especialistas de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) confirmaron la existencia, en Panamá, de armas químicas abandonadas ahí por las fuerzas armadas de Estados Unidos. Washington se ha negado a cumplir con sus responsabilidades conforme a la Convención sobre las Armas Químicas, que establece que los países que las hayan producido, almacenado, transportado, utilizado, comerciado con ellas, tienen la obligación de destruirlas en los territorios de otras naciones a donde las hayan llevado y retirar posteriormente los restos.

El director general de la OPAQ, Ahmet Üzümcü, señaló al presentar el informe del Secretariado Técnico en la Tercera Conferencia de Revisión de la Convención, en abril pasado: “La destrucción de las ocho armas químicas denunciadas por Panamá como abandonadas; y verificadas por el Secretariado en 2002, no ha comenzado todavía”. El representante panameño, embajador José Manuel Terán, amplió la información:

“En el caso de Panamá… estados parte de esta convención… llevaron a cabo experimentos… prohibidos… utilizando bombas con componentes químicos que continúan siendo letales (y) la cuestión de la destrucción de esas armas químicas, abandonadas en la isla San José… aún no ha sido resuelta. Esto representa un peligro latente para la vida humana, los animales y el medio ambiente; y limita además el potencial desarrollo turístico de la isla. La República de Panamá… reanudará las conversaciones diplomáticas con Estados Unidos, para llegar a un acuerdo. Confiamos en que prevalecerá la buena fe para poner fin a nuestras diferencias.”

La prestigiosa organización de la sociedad civil estadunidense, Fellowship of Reconciliation  (FOR, Fraternidad de la Reconciliación en español), llevó a cabo un amplio y documentado estudio sobre el tema, cuyos resultados se dieron a conocer hace más de diez años, sin que durante ese periodo haya habido mayores reacciones de las partes involucradas, incluida la OPAQ. No es sino hasta ahora cuando, al parecer con la motivación directa de intereses empresariales y de desarrollo turístico en la isla San José, el gobierno panameño ha decidido presionar a la OPAQ y al gobierno estadunidense.

La investigación de la FOR precisa que Estados Unidos llevó a cabo en Panamá un programa de armas químicas por lo menos desde 1930 hasta 1968. A partir de 1943, el propósito del programa fue probar armas químicas en condiciones tropicales. Se distribuyó un arsenal de toneladas de gas mostaza y fosgeno (gas venenoso), en diversas instalaciones en todo el país. Artefactos químicos no utilizados o que no estallaron, fueron abandonados en Panamá cuando las tropas estadunidenses debieron salir, conforme a los Tratados Torrijos-Carter.

Documentos localizados por el experto en bombas Rick Stauber dentro de los Archivos Nacionales estadunidenses, mientras trabajaba para el contratista militar PRC, confirman que Estados Unidos estableció un tiradero de armas químicas en France Field, actualmente sede de un centro de almacenamiento de mercancías en la Zona Libre de Colón. Ahí fueron llevadas bombas de gas mostaza de unos 15 kilogramos, que tenían fugas de material contaminante. También fueron arrojadas al mar.

El ejército estadunidense ha reconocido implícitamente que existen otros tiraderos de armas químicas en territorio panameño, al negarse a liberar para su divulgación un documento que contiene la lista de posibles tiraderos fuera de Estados Unidos, elaborada en 1993 por el Comando Químico y Biológico. Si no hubiera más emplazamientos en territorio panameño, señala John Lindsay-Poland, coordinador regional de FOR y especialista en América Latina, el Pentágono lo habría especificado así, al declinar la entrega del documento.

Los buscadores de recuerdos, la erosión o el desarrollo urbano, pueden llevar al descubrimiento accidental —y muy peligroso— de esos tiraderos. Panamá y la OPAQ se refieren a ocho armas químicas abandonadas. Los datos disponibles revelan que pueden ser más de tres mil. La semana próxima ofreceré más información al respecto.

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