La economía y la bomba

Una detonación nuclear en un área poblada interrumpiría el abastecimiento de alimentos y petróleo dentro de ese país.

Comencé a exponer la semana pasada algunas consideraciones sobre un tema que, hasta el momento, se ha comentado escasamente y sin la información puntual: las repercusiones de una detonación nuclear regional en la economía y el desarrollo del mundo.

Señalé que además de los recursos públicos que han sido desviados para la producción, la acumulación, el despliegue y la modernización de las armas nucleares, el estallido de una sola de ellas en el territorio de cualquier nación, representaría costos por lo menos equivalentes, pero casi seguramente superiores, a los de un desastre natural a gran escala.

Se han identificado tres categorías generales de costos: los relacionados directamente con la destrucción causada por la bomba; los provocados por los trastornos que traería consigo la detonación; y los vinculados necesariamente con la reacción en cadena que provoca una explosión nuclear.

La destrucción del capital físico (infraestructura, instalaciones, equipos) y de los inventarios, sería extensa y amplia en el área inmediata de la explosión; la contaminación radiactiva provocaría que aquellas instalaciones y equipos que no resultaran destruidos, quedaran inutilizables durante un largo periodo, cuya duración no puede ser establecida con certeza, conforme a los parámetros científicos disponibles.

Los costos económicos de la recuperación y la rehabilitación, concepto que incluye la eliminación de todo residuo radiactivo, implican mucho más que la reposición de infraestructura, maquinaria y equipos; y la atención a los sobrevivientes afectados en diversos grados. Habrá que tomar en cuenta asimismo los costos relativos al tipo y la disponibilidad de la maquinaria, los vehículos y los trabajadores necesarios para reunir y almacenar los escombros y residuos o deshacerse de ellos. No se trata de una menor cuantía.

Los profundos trastornos serán variables, según la importancia del área afectada dentro de la economía local, nacional y global. Una explosión que destruya o dañe severamente un área donde se lleven a cabo actividades económicas fundamentales, acarreará una serie de perjuicios mayores.

Esos centros críticos de un sistema económico incluyen ejes principales de transporte, redes de abastecimiento de combustibles, electricidad o componentes manufacturados vitales para industrias prioritarias; así como centros financieros. Desde luego, si se tratase de un ataque nuclear deliberado, serían incluidos dentro de los blancos más importantes.

Una detonación de un arma nuclear en la atmósfera puede ser utilizada para crear un pulso electromagnético (PEM) capaz de interferir en los sistemas eléctricos y electrónicos, en primer lugar de los países directamente afectados y, posteriormente, de casi todo el mundo. Si tomamos en cuenta que el uso de equipo electrónico se ha vuelto indispensable para el funcionamiento de las economías e incluso las sociedades en virtualmente todo el mundo, los resultados serían catastróficos.

Los componentes electrónicos calcinados por un PEM quedarían inservibles y tendrían que ser remplazados. Esta contingencia no afectaría solamente a los teléfonos celulares, iPhones o tablets, sino que dañaría gravemente áreas críticas de la infraestructura global: los sistemas bancarios y financieros, la energía eléctrica, el abastecimiento de petróleo y gas natural, las telecomunicaciones, los transportes, la disponibilidad de alimentos y agua y los servicios de emergencia.

Una detonación nuclear en un área poblada interrumpiría el abastecimiento de alimentos y petróleo dentro del país donde ocurriera; afectaría a la economía local y nacional, al sector empresarial y al mercado de valores. Dañaría severamente la infraestructura, las vidas y los medios de vida y provocaría movimientos migratorios forzosos. Los efectos económicos rebasarían las fronteras y tendrían repercusiones económicas globales.

No se trata solamente, entonces, de la preocupación de los activistas de todo el mundo, de las organizaciones de la sociedad civil; también los empresarios deben actuar por su propia supervivencia.

Temas: