Los políticos de ahora
Cuántos diputados locales, presidentes municipales o gobernadoresson políticos advenedizos cuyo solo atractivo es la popularidady la posibilidad de ganar. Ahí tiene usted el caso de Morelos.

Luis F Lozano Olivares
Avvocato del Diavolo
Como todas las personas de cierta edad, mi padre tiende a decir que lo que había antes era mejor que lo que hay hoy. Me imagino que me pasará lo mismo cuando llegue a sus años. No sé si todo en su época era mejor, pero sí creo que los políticos de hoy en día son peores que antes.
Ha habido un cambio muy fuerte en el perfil del político de 1950 y el perfil del político de hoy. Antes muy poca gente conocía al político y eran pocos los que votaban. Los partidos debían preocuparse más por el fondo de las personas que por las formas y, por lo tanto, supongo que escogían a mejores hombres al no tener que tratar al político como un producto, donde los principios venden poco y hay otros atributos que lo hacen atractivo para la venta.
Todos los partidos caen en ello, aquí y en China (bueno, ahí no). Cuántos diputados locales, presidentes municipales o gobernadores son políticos advenedizos cuyo solo atractivo es la popularidad y la posibilidad de ganar. Ahí tiene usted el caso de Morelos, que eligió a uno de los mejores futbolistas que ha habido en México, pero que hoy es el gobernador peor calificado. Así ha pasado hasta con gente que forma parte de la delincuencia organizada. Pero no importa, el chiste es que pueda ganar la elección, del cómo gobierne ya nos preocupamos después.
El tema es universal. No estamos solos en esto del suicidio electoral. Por supuesto que el primer ejemplo que nos viene es el de nuestro vecino del norte, el país que creó el concepto y el modelo de la república moderna, los balances y equilibrios y las instituciones de Estado y que se creó para proteger las libertades de los individuos, tiene a un racista en la Presidencia. La conducta, las palabras y los insultos que usa cotidianamente el presidente de Estados Unidos se han ido impregnando como la humedad, al punto que ya no llama la atención. Lo que sorprende es que haya población negra, latina y mujeres que hayan votado y vayan a votar por el señor Trump en su intento de reelección.
Otro gran ejemplo es el de Gran Bretaña. Hace poco estuve ahí y no hay una sola persona con la que haya hablado que no piense que el Brexit es un error muy costoso. Cualquiera pensaría que lo más sensato es repetir el referéndum, ya que los cálculos de costos de salida ya son reales y que empalidecen los supuestos costos con los que los políticos proBrexit convencieron a tanta gente para votar por el sí. Sin embargo, no será así. Todo lo contrario, los partidos políticos británicos piensan que, aunque un nuevo referéndum sea lo mejor a largo plazo para su país, proponerlo podría traer altos costos políticos a sus partidos en las elecciones inmediatas y, por lo tanto, han doblado la apuesta para salir de Europa. El país de Churchill, quien diferenciaba al político del estadista entre quien se preocupa por la próxima elección y quien se preocupa por la siguiente generación, ha demostrado no tener una clase política a la altura de su historia. El señor Boris Johnson, próximo primer ministro, tiene muchas posibilidades de generar más diferencias con Europa que las que generó su predecesora. El riesgo de un Brexit duro es más probable que antes.
El último ejemplo es el del señor Pedro Sánchez, en España. Pocos políticos europeos han sido tan obvios en su obsesión por el poder. Forzó la salida de Mariano Rajoy vía una moción de censura. Se impuso en el poder con una minoría de diputados vendiendo el alma al diablo (levantó la aplicación del artículo 155 de la Constitución y que daba control central a la gestión de Cataluña, después del golpe del 1 de octubre de 2017). Tuvo que llamar a elecciones y, aunque su partido fue el más votado, no ha podido construir una mayoría para investirlo como presidente. El señor Sánchez se sorprende que Ciudadanos y el PP no lo apoyen para investirlo como frente constitucional; debe haber olvidado cómo llegó al poder.
La obsesión por el poder del señor Sánchez lo forzará a aliarse con Podemos (que es una anomalía política en la civilizada Europa) y con el apoyo de los partidos independentistas. ¿Así o más incongruente? Se aliará con quienes quieren dividir al país que busca presidir antes que volver a llamar elecciones, como lo tuvo que hacer Rajoy.
Lo que entristece en todos estos ejemplos, incluyendo el nuestro, es que la gente no valora los riesgos y los defectos de los políticos de hoy al punto de votar contra sus propios intereses.