Lo elemental no funciona
Las democracias modernas entendieron, la seguridad y la resoluciónde controversias como una función primordial para asegurar orden y certeza,dos conceptos fundamentales para garantizar la actividad económica.

Luis F Lozano Olivares
Avvocato del Diavolo
Para la bruja, muchos más.
Lo que voy a escribir es culpa de todos los partidos políticos que han tenido una responsabilidad en alguno de los órganos de Estado y no es privativo de quienes tienen hoy el poder.
¿Para qué se creó el Estado? Los individuos desde el principio de los tiempos buscaron protección de agentes externos adversos. En la época de las cavernas, esos entes externos podrían ser otros individuos o animales. Pero la formación social tiene una búsqueda elemental de protección, así empezando por el núcleo familiar, el ser humano convivió para protegerse.
El concepto de colectividad fue haciéndose más complejo y las familias terminaban juntándose en tribus. Las tribus fueron sofisticándose para dar tareas a todos los individuos, pero su función elemental era la de la protección. El ser humano dejó de ser nómada para volverse sedentario y las disputas territoriales se iniciaron, por lo que la protección del clan tenía más importancia que en épocas anteriores. Así empezaron a crearse estructuras organizacionales que sirvieron de origen al Estado.
Piénselo, paciente lector, de ahí, pasando por Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma, las organizaciones sociales se fueron haciendo más complejas y el fin último era la seguridad y protección de los “nuestros contra ellos”, como lo describe el magnífico libro Sapiens de Yuval Noah Harari.
Conforme el concepto de Estado se fortalece, ya no sólo se necesitaba al Ejército para atacar y defenderse de los otros, sino que también hubo la necesidad de crear una fuerza para poner orden entre “nosotros” mismos. En la antigüedad no había policías, pero individuos de un mismo grupo empezaron vender la seguridad dentro del mismo clan o grupo social. Es el inicio de la mafia, cuyo origen era el cobro por protección. Sin embargo, a las estructuras de Estado existentes, antes y ahora, no les gusta la competencia y se crearon formas de que el Estado asegurara la protección y seguridad interna y externa de los individuos.
Conforme las estructuras económicas fueron solidificándose bajo el libre mercado, las democracias modernas entendieron la seguridad y la resolución de controversias como una función primordial para asegurar orden y certeza, dos conceptos fundamentales para garantizar la actividad económica y por lo tanto, la creación de riqueza. Lo anterior ha sido fundamental para el progreso de todos los países decentes de este mundo. Incluso el caso de China, no siendo una democracia nos expone que para el desarrollo económico puede ser más importante el orden y la certeza que los votos, si comparamos su caso con el de India, que con una población similar en número y siendo una democracia tienen más problemas para garantizar orden y certeza.
Llegamos así al caso de México, donde durante el siglo pasado, después de la Revolución, el Estado mexicano tuvo la capacidad de imponer cierto orden y algunas certezas que nos permitieron consolidar al país y ciertas instituciones. Sin embargo, cometimos un error grave al que alude con frecuencia Luis Rubio. Con la llegada de la democracia, conservamos el sistema político anterior. El problema es que una no embona con la otra y por lo tanto, hay fugas por todos lados que nos tienen en la situación en la que estamos.
Un Estado fuerte no es lo que nuestros gobernantes actuales piensan. Un Estado fuerte no es el que microgestiona la economía vía regulaciones exhaustivas e inútiles que inhiben la actividad económica. Un Estado fuerte es aquel que garantiza las libertades del ciudadano para que cada quien haga lo que mejor sabe hacer, siempre y cuando sea dentro de la ley.
Lo que preocupa en la actualidad es que el Estado y muchos gobiernos locales confunden orden con el concepto rancio de represión surgido de los izquierdosos setenteros. El mensaje hacia el desorden es peligroso porque se difunde con rapidez, genera caos y acaba con la confianza de manera súbita. Lo que está pasando en Celaya, Coatzacoalcos y hasta en la Ciudad de México es un síntoma de descomposición social, pero también de debilidad del Estado. El mensaje es la incertidumbre y el desorden, las consecuencias económicas son lo que sigue.