La oposición

Separar la corrupción del neoliberalismo debería ser una prioridad para los partidos que han implementado políticas neoliberales en México durante los últimos 30 años y que hoy nos separan, en términos de desarrollo, del resto de Latinoamérica.

Luis F Lozano Olivares

Luis F Lozano Olivares

Avvocato del Diavolo

Como lo hemos establecido en distintas oportunidades, en las democracias funcionales existen balances y equilibrios del poder en varias formas. Nos hemos referido reiteradamente a las instituciones y a la división de poderes como instrumentos usados en dichas democracias para evitar la concentración de poder. Pero no hemos hablado de la falta de una oposición cohesionada y articulada como contrapeso del gobierno, como lo fue Andrés Manuel López Obrador durante los últimos 18 años.

Durante muchos años, la única oposición organizada contra el PRI fue el PAN. Los atributos del PAN fueron tener una declaración de principios clara y sólida, lo que logró cohesionar a muchos en dicho partido. Durante décadas, algunos líderes del PAN tuvieron gestas heroicas para pelear contra la maquinaria y el fraude electoral. Todo fue cambiando hacia los ochenta, cuando el PRI se vio obligado a otorgar espacios a la oposición, principalmente el PAN.

Cuando a mediados de los ochentas un grupo del PRI toma el poder del partido, éste se divide creando al PRD, que luego se convertiría en Morena y que, lejos de ser de izquierda, como tanto se han vendido, defendía los principios fundamentales del PRI basados en el nacionalismo revolucionario. Hoy esos principios no han cambiado mucho.

¿Por qué no tenemos hoy una oposición cohesionada y articulada en México? La respuesta, como casi todo en México, es multifactorial.

En primer lugar, porque somos incapaces de crear instituciones que perduren. En todos los ámbitos, sea federaciones deportivas, firmas de abogados o partidos políticos (con la excepción al PRI), somos incapaces de unirnos por una causa común y respetar las reglas de largo plazo; siempre acabamos dividiéndonos porque alguien puso sus intereses sobre los de la institución. Así, el PAN, que fue una institución, ha sido tomada, desde hace años, por varios grupos de interés que se han dedicado a clamar a un líder o a destruir a los grupos que les compiten. Se ha llegado al punto en que ambos expresidentes de la República emanados del PAN han salido del instituto político que los llevó a la presidencia.

En segundo lugar, hay un complejo mundial enorme por defender la ideología política en todo lo que se identifique con la derecha, salvo en Estados Unidos y Gran Bretaña. Antes de desarrollar este tema, déjeme reiterarle, paciente lector, que no creo en la división de derecha e izquierda. En mi opinión, dividir la política entre dos polos es extremadamente simplista y equivocado.

Habiendo escrito lo anterior, durante este sexenio se le ha pegado al neoliberalismo más que a una piñata en posada y nadie del espectro político ha podido estructurar una defensa a las políticas económicas que trajeron desarrollo a México y a otros países como España (con la “izquierda”, por cierto) o Corea del Sur. El problema ha sido que en México el PRD y, después Morena, no permitieron el establecimiento del modelo en su totalidad. No minimizo la gravedad de la corrupción, que nada tiene que ver con el neoliberalismo, ni con la faltante redistribución de la riqueza, que si ocurrió en los ejemplos aludidos. 

No hay país desarrollado que no lo sea por seguir políticas económicas neoliberales. Separar la corrupción del neoliberalismo debería ser una prioridad para los partidos que han implementado políticas neoliberales en México durante los últimos 30 años y que hoy nos separan, en términos de desarrollo, del resto de Latinoamérica. El neoliberalismo es un proyecto viable y defendible, pero no hay quien lo haga y, si no se defiende, terminará por ser sinónimo de corrupción por puro efecto de repetición.

Por último, estimado lector, y, considerando que el primer punto fue la incapacidad de generar instituciones, tampoco existe una figura política relevante que aglutine a todos los que se oponen a las políticas del actual gobierno. No hay un Cuauhtémoc Cárdenas, un Andrés Manuel López Obrador o un Fox en el horizonte que pueda fungir como figura (con institución o sin ella) de oposición.

Estamos muy pobres en los equilibrios del poder, gracias a nuestra idiosincrasia.

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