La legitimidad política

Querido lector, el día de hoy quiero dejar frescas las ideas de algunos de los principales politólogos que se han referido al concepto de legitimidad política. Me acuso con un poco de abuso de la inteligencia artificial, pero es un ejemplo perfecto de su eficiencia. Es ...

Querido lector, el día de hoy quiero dejar frescas las ideas de algunos de los principales politólogos que se han referido al concepto de legitimidad política. Me acuso con un poco de abuso de la inteligencia artificial, pero es un ejemplo perfecto de su eficiencia.

Es importante entender la diferencia entre la legalidad y le legitimidad política. La legalidad puede atribuirse a lo que cumpla con la letra de la ley y la legitimidad es la percepción de que el ejercicio del poder se hizo de manera justa, moralmente aceptable y de acuerdo con los valores compartidos. Para poner un ejemplo de ello, un partido mayoritario puede modificar la Constitución para imponer pena de muerte a los veterinarios del país, ejercer dicho precepto es legal, pero ilegítimo. Hacer un referéndum general para cambiar la constitución en un sentido o en otro es un acto de legitimidad y el resultado (siempre y cuando vote una proporción importante de la población) será legal y legítimo.

Thomas Hobbes (1588–1679), obra clave: Leviatán (1651). Hobbes argumentó que la legitimidad política deriva de un contrato social donde los individuos ceden ciertas libertades a una autoridad soberana para garantizar seguridad y orden.

John Locke (1632–1704), obra clave: Dos tratados sobre el gobierno (1689). Locke propuso que la legitimidad política proviene del consentimiento de los gobernados, con gobiernos justificados sólo cuando protegen los derechos naturales (vida, libertad, propiedad). Introdujo la idea de una rebelión legítima contra el gobierno tiránico.

Jean-Jacques Rousseau (1712–1778), obra clave: El contrato social (1762). El concepto de la “voluntad general” de Rousseau sugiere que la legitimidad surge cuando las leyes reflejan la voluntad colectiva de los ciudadanos, equilibrando la libertad individual con los intereses comunitarios.

Max Weber (1864–1920), obra clave: Economía y sociedad (1922, póstuma). Weber clasificó la legitimidad en tres tipos —tradicional, carismática y racional-legal—, centrándose en cómo la autoridad es percibida y aceptada por los sujetos.

John Rawls (1921–2002), obras clave: Teoría de la justicia (1971) y Liberalismo político (1993). Rawls argumentó que la legitimidad política en sociedades liberales se basa en principios de justicia derivados de una “posición original” hipotética y la idea de la razón pública, asegurando que las leyes sean justificables para todos los ciudadanos razonables.

Jürgen Habermas (1929-), obras clave: Crisis de legitimación (1973) y Entre hechos y normas (1992). Habermas vincula la legitimidad a la racionalidad comunicativa, argumentando que la autoridad política legítima surge de un discurso racional e inclusivo y de la democracia deliberativa.

David Beetham (1938–2022), obra clave: La legitimación del poder (1991). Beetham ofrece un enfoque multidimensional, argumentando que la legitimidad requiere validez legal, justificación moral y consentimiento expresado a través de acciones. Critica las definiciones de legitimidad basadas únicamente en creencias.

Éstos son algunos ejemplos sobre la relevancia de la legitimidad en el Estado moderno; hay, sin embargo, más reflexiones desde que el hombre está organizado políticamente en gobierno, sea el régimen que sea, desde la antigüedad, pero las formas de gobierno de la antigüedad son difícilmente comparables con las del presente.

Podemos deducir, a partir de los dichos de estos pensadores, que la legitimidad es relevante porque tiene que ver con la colectividad, la razón, la libertad y las seguridades. Cambiar un poder del Estado requiere, por lo tanto, de legitimidad además de legalidad para ser representativo de la colectividad.

Ejemplos históricos hay muchos, la Constitución de 1978 en España, la democracia en Chile en 1989, el Brexit en Inglaterra en 2016. Todos tuvieron ganadores y perdedores, y su eficacia dependió de la aceptación colectiva del resultado por esos “acuerdos sociales”. ¿Aquí los hubo?

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