La NFL siempre nos presenta historias muy interesantes, en algunas de ellas sus protagonistas lograron redimirse luego de un inicio complicado en su carrera. Jugadores que en un inicio se quedan muy lejos de cumplir con las expectativas puestas sobre ellos y que después consiguen transformarse en protagonistas de la importante liga. En estas historias encontramos a aquellos jugadores que fueron altas selecciones en el Draft, pero que, por distintos motivos, no logran los resultados que uno esperaría de un elemento que fue una superestrella a nivel universitario. Lesiones, el sistema equivocado o un equipo falto de talento son los principales factores; esto sucede especialmente con los quarterbacks, que son los que suelen cargar con el peso de la franquicia, y se transforman en la esperanza de los aficionados a ese equipo.
Un caso que entra perfectamente en esa categoría es el de Sam Darnold, que, hasta la pasada campaña, era considerado uno de los grandes fracasos de la última década en la NFL. El egresado de la Universidad del Sur de California fue la tercera selección global en el Draft de 2019 y, con su llegada a la Gran Manzana, los Jets de Nueva York esperaban revertir la tendencia negativa, pero su nuevo mariscal de campo no dio los resultados esperados. Después de tres años fue cambiado a Carolina. En las Panteras las cosas no cambiaron mucho y un par de años de jugar esporádicamente hacían pensar que su carrera no despegaría. Pero algo cambió, comenzando con su llegada a San Francisco, en donde jugó poco, pero aprendió mucho de Kyle Shanahan, una de las mentes más brillantes de la NFL; sin olvidar que por primera vez jugó en un equipo que no era disfuncional.
Ese año en la bahía le cambió la fortuna, lo aprendido con los Niners le sirvió para su siguiente parada: Minnesota. Jugando para otro gran cerebro ofensivo y en otras circunstancias, su desarrollo continuó, y con la lesión del mariscal de campo proyectado para ser titular, la puerta se abrió para ser elegido el líder de la ofensiva en el arranque de la temporada. Las dudas persistían, y pocos se aventuraban a decir que los Vikingos llegarían lejos, pero Darnold respondió con la mejor actuación de su carrera, guiando al equipo a ganar catorce partidos, lanzando para más de 4,000 yardas y ganándose un lugar en el Pro Bowl.
Cuando parecía que se había ganado su lugar como titular, Minnesota decidió apostar por J.J. McCarthy y lo que le ofrecieron a quien los había llevado a un gran 2024 no fue suficiente para que se quedara, decidió irse. En Seattle continuó con su buen juego, ahora bajo la tutela de Clint Kubiak, que ha hecho un gran trabajo para que Darnold siguiera con la confianza necesaria para jugar dos muy buenos partidos de playoff, especialmente el Juego de Campeonato del domingo, en el que no cometió errores y mostró una eficiencia extraordinaria. Falta lo más importante, ganar el Súper Tazón, pero, sin importar lo que suceda, Darnold se ha ganado a pulso su lugar como un quarterback titular en la NFL.
