Estados Unidos y China
El presidente de Estados Unidos quiere utilizar su famosa estrategia de forzar la negociación y obtener concesiones vía la imposición de tarifas. Eso puede funcionar con algunos países más pequeños, pero es un juego peligroso con China.

Luis F Lozano Olivares
Avvocato del Diavolo
Desde que el presidente Obama tomó el poder, la política exterior de Estados Unidos cambió su comportamiento relevantemente. Después del ridículo y desprestigio que Estados Unidos sufrió después de invadir Irak y Afganistán, Obama decidió que EU debía sacudirse la noción de ser el policía del mundo y tratar de llevar su influencia por la vía democrática y no bajo la amenaza a la que había llegado Bush con aquello de que, quien no estaba con ellos, estaba contra ellos.
No obstante, la política internacional cambió, las organizaciones de inteligencia americanas y el Pentágono siguieron trabajando para defender frentes geopolíticos importantes. Durante la presidencia de Obama hubo múltiples eventos hostiles militares entre las fuerzas chinas y la marina norteamericana.
China, por su lado, está intentando controlar los mares frente a su costa, que tradicionalmente han sido controlados por Occidente, desde los holandeses y los ingleses hasta los americanos. China lleva décadas invirtiendo en su marina militar. Ya lo he comentado, pero siempre me acuerdo de aquella frase que dijo un embajador británico respecto a China: “a los chinos hay que enseñarles a hacer todo menos barcos”.
No es el único esfuerzo que ha hecho China para controlar el mar de influencia, el gobierno chino tiene un programa de construcción de islas artificiales que tienen como objetivo incrementar la territorialidad china frente a sus mares. La respuesta de Occidente ha sido la de ignorar dichas islas cruzando deliberadamente por ellas, como si de aguas internacionales se tratara. Esto no es un esfuerzo menor. También China ha intensificado el reclamo de viejas disputas territoriales con otros países, como es el caso de Japón y las islas Senkaku para Japón y Diaoyu para China.
La agresividad con la que China se ha armado ha forzado a Japón a modificar una interpretación de su Constitución respecto a la autodefensa para poder rearmarse de manera relevante. Hoy Japón tiene la tercera marina militar del mundo.
Cuando el señor Trump llegó al poder, tuvo que cumplir una promesa de campaña que le salió carísima a Estados Unidos desde el punto de vista comercial, militar y estratégico; la salida del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, en inglés, hoy CPTPP). El CPTPP fue un proyecto genial creado para extender la influencia de Estados Unidos en una región donde el nuevo gigante, China, quiere mandar. La salida de Estados Unidos es un error por donde se le mire.
Ahora, el presidente estadunidense quiere utilizar su famosa estrategia de forzar la negociación y obtener concesiones vía la imposición de tarifas. Eso puede funcionar con algunos países más pequeños, pero es un juego peligroso con China. El gobierno de Estados Unidos está forzando a China a jugar a las vencidas de una manera visible para el mundo. China, que quiere reclamar su lugar como potencia predominante en el mundo, no puede darse el lujo de ceder a la presión americana nada más porque sí.
Por ello, China devolvió el golpe ayer, anunciando otras tarifas contra Estados Unidos. Tanto con las tarifas a China como con las impuestas a Estados Unidos, pierde más el que más compra, pues se afecta el precio de bienes para sus consumidores; piense en un teléfono inteligente, será más caro gracias a las tarifas impuestas. En las negociaciones comerciales, lo importante es generar la noción de ganar-ganar para que sean exitosas. Si quieres estropear una negociación, lo que tienes que hacer es crear la noción de que si yo gano, tú pierdes.
Europa ausente
Europa está inmersa en una crisis de identidad brutal y herida por el Brexit. Europa está siendo atacada por dentro, por populismos y nacionalismos absurdos que no se dan cuenta que, por primera vez en la historia, dos generaciones han logrado vivir con bienestar y sin guerra. Europa dependió demasiado de Estados Unidos en su política exterior y ahora no sabe qué posturas tomar. El otro problema es militar, ante amenazas crecientes (y eternas), como Rusia y Turquía, Macron ha propuesto unificar un ejército europeo; creo que no es mala idea, pero para ello tendrán que acordar en una mejor organización supranacional, sin atender los problemas regionales.