23 F
Sánchez es un tío listo que tiene un arsenal de bombas de humo que utiliza semanalmente para tratar de distraer la atención.

Luis F Lozano Olivares
Avvocato del Diavolo
Creo que hemos tenido suficiente información en la semana sobre El Mencho y su cártel como para ahondar más en el tema. Por lo tanto, lo distraigo del escenario mexicano para llevarlo, como hago a menudo, a la política de España que es apasionante para mí por varias razones. La primera, porque de ahí vengo, del fracaso de la política española en 1936, y la segunda, porque por la manera de ser veo cosas que podemos aprender en México y no lo hacemos.
Como usted sabe bien, hay en España un presidente de gobierno que ha sido muy polémico por su aferramiento al poder, ya que es de esas personas enfermas que están dispuestas a incendiarlo todo con tal de llegar y permanecer (quizá le venga alguien a la memoria). Pedro Sánchez ha podido gobernar asociándose con partidos de la extrema izquierda (ése sí existe y nadie dice nada) y con partidos nacionalistas (para México sería regionalista) que viven bajo la idea de que España dominó sus territorios y deben independizarse del reino. Estos últimos son peligrosos porque ahí militan independentistas, golpistas y exterroristas.
Es como si los cárteles tuvieran directamente partidos políticos, porque en esa laxitud progre a la que hemos estado sometidos los últimos 25 años, los aceptáramos oficialmente como una realidad a la que hay que escuchar políticamente.
La situación política del señor Sánchez ha sido muy complicada en toda la legislatura, porque esos partidos lo sostienen con el único objetivo de extraer rentas inauditas para sus votantes. Sin embargo, le retiran el apoyo de otras medidas y procedimientos que son vitales para gobernar. El señor Sánchez no ha podido aprobar presupuestos en toda la legislatura.
Pero Sánchez es un tío listo que ha aprendido de los mejores a tener un arsenal de bombas de humo que utiliza semanalmente para tratar de distraer la atención de los múltiples problemas de los españoles de hoy y la catástrofe electoral que ha sufrido su partido en los últimos meses. En esta ocasión, utilizó uno de los comodines más importantes de la baraja y abrió los expedientes del 23 F. Lo malo no es abrirlos, lo malo era la intención que llevaba la jugada de que algo pudiera inferir que el rey Juan Carlos estuviese involucrado.
Para los lectores más jóvenes que no saben qué es el 23 F, un mini resumen: el 23 de febrero de 1981, España estaba iniciando una transición política hacia una democracia constitucional después de la dictadura de Francisco Franco, de 37 años, habiendo tomado el poder después de ganar la Guerra Civil de 1936. Franco muere en 1975 y de ahí a 1978 se construyen los documentos y alianzas políticas para instaurar una monarquía constitucional. Sin embargo, mucha gente que tuvo muchos privilegios bajo el franquismo, particularmente militares, pensaron que podrían reinstaurar una dictadura militar para continuidad del franquismo. El autor material del golpe, Antonio Tejero, y los intelectuales varios, entre quienes estaban los generales Armada y Milans del Bosch, fueron capturados después de un discurso del rey, y ya está.
Sin embargo, durante décadas, los extremos de ambos espectros políticos sembraron la duda de que el rey Juan Carlos estuvo dentro de la planeación del golpe y que, al final, se arrepintió y dio su famosos discurso televisivo.
Para mí esa duda parecía más una conspiración de dos grupos para desvirtuar a alguien, que un hecho que tuviera pies y cabeza; es decir, no tenía lógica. No había ganancia alguna para el rey ni interna ni externa.
Sánchez abrió los expedientes esperando que una frase o una de las conversaciones que están incluidas en miles de fojas pudieran sustentar la sospecha sobre el rey. Pero no fue así, todo lo encontrado evidencia que el rey fue quien paró el golpe. Y como si el destino dijera que hay que cerrar página, el teniente coronel Tejero murió el día que se abrieron los archivos. Las izquierdas envenenan el presente con la historia que quieren contar.