Responsabilidad y certeza

Uno de los problemas más profundos que tiene este país es la falta de confianza en las instituciones del Estado, no es gratis, es debido al mal uso y desempeño que los políticos han hecho de ellas (y siguen haciendo, falta ver el tema de la PGR esta semana). Sin embargo, esa falta de confianza ha derivado en la creación de instituciones que han quedado blindadas por su arquitectura y por su autonomía constitucional, la más emblemática 
es el Instituto Nacional Electoral (INE). 
 

Luis F Lozano Olivares

Luis F Lozano Olivares

Avvocato del Diavolo

Es importante recalcar la función del INE y su estructura, porque la creación conceptual del INE, antes IFE, basó su blindaje en la autonomía (no obedece al Presidente) y la ciudadanización de la práctica electoral, pulverizando en la población la organización y ejecución de procesos electorales. Cuando se pulveriza la responsabilidad, se diluye la posibilidad de acuerdos. ¿Cómo pueden ponerse de acuerdo para cometer un fraude más de cien mil ciudadanos que lo único que tienen en común es la primera letra de su apellido y que nacieron en febrero? Así, el INE ha servido de modelo internacional para crear organismos en democracias nuevas con la misma crisis de credibilidad que México. Si tiene usted dudas, sobre cómo funciona el INE, le aconsejo entrar a la página de internet y encontrará ahí el funcionamiento ciudadano del día de la elección y disipará sus dudas a menos que sea usted uno de esos talibanes que cree, sin aportar pruebas, que en México sí hay fraude electoral.

Y éste es el punto que quiero tocar. Desafortunadamente, la crisis de credibilidad aumenta con la irresponsabilidad manifiesta y continua de los actores políticos, que minan la certeza del proceso deslizando la posibilidad de fraudes. Sobre todo, hablo de ya saben quién, que esta semana lanzó el primer ataque desvirtuando la credibilidad del árbitro y el proceso al que ya aceptó inscribirse. Su método es infalible: si gano fue real, si pierdo fue trampa. El problema es que queda la percepción de fraude en gente de todo tipo, pero que no puede dar una sola evidencia al respecto salvo el “yo creo que sí hubo” y eso es daño suficiente.

El daño institucional que se tiene cuando se acusa de fraude sin pruebas a una institución creada para dar certezas, habla del tamaño político del individuo. Por eso en países decentes, donde hay hombres de Estado y no grillos, estas cosas no suceden.

El punto es que el día de la elección se requiere de la responsabilidad de los actores políticos y de la ciudadanía. De los actores políticos puede usted descontarla, porque no creo que uno solo entienda el concepto de responsabilidad. El 1 de julio, ya saben quién saldrá a medios antes que el INE para decir que, de acuerdo con sus números, es ganador de la elección presidencial, forzando a los otros a hacer lo mismo. De todas las prohibiciones que los partidos han incluido en nuestro restrictivo marco legal electoral, a nadie se le ha ocurrido prohibir que un candidato se declare ganador antes del anuncio oficial del árbitro; idea millonaria. Esto, estimados lectores, no lo podemos evitar porque no lo podemos controlar.

Pero lo que sí podemos hacer, es darle su lugar al INE como la autoridad máxima electoral y como la generadora de datos ciertos. Yo le sugiero hablar con la gente que usted conoce y los convenza de que los únicos datos que debemos tomar como ciertos, deben ser los datos que el consejero presidente del INE dé la noche del 1 de julio. Si queremos crear instituciones, debemos empezar por creer en ellas. Es fundamental y está dentro de nuestro control, uno, analice al INE y corrobore su fortaleza y la certeza del proceso ciudadano; y, dos, no crea otros datos que no sean los anunciados oficialmente por la institución encargada de darlos.

CATALUÑA

Hace mucho que no hablamos del tema, pero como sabe usted, querido lector, los partidos independentistas no han podido formar gobierno. La vida en Cataluña funciona y continúa gracias a la fortaleza institucional y legal de España, independientemente de aquéllos que quieren secuestrar desde lejos y desde dentro a toda la sociedad catalana con una idea imposible y que no comparten todos, ni hablar.

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