Cuando se vaya a La Chingada

El Presidente logró, como podemos constatarlo todos los mexicanos, que Méxicotenga un sistema de salud superior al de Dinamarca. Los conservadores que, como se sabe,son muy perversos y muy corruptos, dirán que López Obrador destruyó ese sistema,que dejó sin cobertura a 20 millones de mexicanos al desaparecer el Seguro Popular...

Una vez concluido su mandato, lo que ocurrirá dentro de 224 días, Andrés Manuel López Obrador podrá irse satisfecho y orgulloso a La Chingada, el rancho bautizado así por él mismo, al que se retirará al dejar la Presidencia de la República.

El Presidente logró, como podemos constatarlo todos los mexicanos, que México tenga un sistema de salud superior al de Dinamarca. Los conservadores que, como se sabe, son muy perversos y muy corruptos, dirán que López Obrador destruyó ese sistema, que dejó sin cobertura a 20 millones de mexicanos al desaparecer el Seguro Popular, que privó del tratamiento contra el cáncer al 97% de los pacientes que lo recibían, niños incluidos, de los cuales murieron 3,000; que se desplomó la vacunación infantil, rubro en el que México tenía reconocimiento internacional; que el desabasto de medicamentos no tiene precedente; que se esfumó una parte sustancial de los recursos de que se disponía para los servicios sanitarios; que la respuesta irresponsable del gobierno a la pandemia de covid causó tres cuartos de millón de muertos. Pero el Presidente tiene otros datos.

El Presidente dejará, como podemos constatarlo todos los mexicanos, un país en paz. Los conservadores, muy perversos y corruptos, alegarán que en el sexenio de López Obrador la cantidad de homicidios dolosos y de desapariciones forzadas supera todos los récords desde que se lleva registro; que sólo se judicializa uno de cada diez de esos homicidios; que buena parte del país está controlada por el crimen organizado; que las madres buscadoras de los hijos desaparecidos son asediadas por las organizaciones criminales y varias de ellas han sido asesinadas; que, inexplicablemente, el Presidente se niega a recibirlas; que decenas de miles de mexicanos han huido del lugar que los vio nacer y crecer para escapar de la violencia; que decenas de miles de mexicanos se ven obligados a pagar derecho de piso para que los extorsionadores les permitan trabajar en su negocio; que los choferes de transporte público tienen que pagar por circular; que los camiones que transportan mercancía son asaltados cotidianamente en las carreteras; que de noviembre pasado a hoy han sido ejecutados más de una veintena de candidatos a puestos de elección popular. Pero el Presidente tiene otros datos.

El Presidente heredará a los niños y los adolescentes la nueva escuela mexicana, en la que la comunidad es el núcleo integrador de los procesos de enseñanza-aprendizaje, los saberes populares tienen el mismo rango que el conocimiento científico, y se condena la meritocracia y la libertad individual que, como todos sabemos, son valores neoliberales. Los conservadores y los fifís, perversos y corruptos, clasistas y racistas, descalifican el modelo diciendo que no tiene base científica, que las asignaturas no encuentran un lugar específico, que las matemáticas casi se esfuman, que los errores de los libros de texto son abundantes, que se descalifica el razonamiento científico, que los planes de estudio son para la dominación, el control o el servilismo; que abominan de la autonomía personal, elogian la mediocridad, condenan los méritos personales, fomentan el odio, dejan a los educandos desamparados en un mundo en el que se producen avances sorprendentes en la ciencia y la tecnología y que exige la constante superación individual; que en la guía para los maestros se ensalza la violencia como instrumento de lucha política. Pero el Presidente tiene otros datos.

El presidente le lega al país el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), con el que resuelve la saturación de vuelos y pasajeros. Los conservadores, perversos y corruptos, le reprochan haber cancelado el aeropuerto de Texcoco, en el que habría seis pistas con tres operaciones simultáneas de aterrizaje, a un costo de 235,000 millones de pesos y con una pérdida, por los pasajeros que no han de llegar, de 3.2 puntos del PIB anuales (dato tomado de AMLO. El costo de una locura, de Pablo Hiriart, Grijalbo). El AIFA, señalan, queda lejos y está mal comunicado, por lo que tiene escasos vuelos y escasos pasajeros. Pero el Presidente tiene otros datos.

Se me termina el espacio. No puedo seguir, pero todos sabemos que la lista de logros del Presidente es interminable. Lo tendrá presente cuando se marche a La Chingada.

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