No es más que el fin del mundo
Del talento excepcional del cineasta canadiense de apenas 27 años, Xavier Dolan, nos llega su sexto largometraje: No es más que el fin del mundo Juste le fin du monde, Canadá, 2016. ConYo maté a mi madre, que filmó a los 20 años, Dolan recibió varios reconocimientos ...
Del talento excepcional del cineasta canadiense de apenas 27 años, Xavier Dolan, nos llega su sexto largometraje: No es más que el fin del mundo (Juste le fin du monde, Canadá, 2016).
ConYo maté a mi madre, que filmó a los 20 años, Dolan recibió varios reconocimientos en Cannes, festival al que prácticamente no falta cada año con una nueva película como: Los amores imaginarios, Tom en el granero, Mommy, etcétera. Antes de llegar a los 30 años, Dolan ha moldeado un estilo muy personal y una manera única de contar historias.
No es más que el fin del mundo es de nuevo una historia familiar, con una fuerte figura materna. Plantea una premisa muy sencilla, pero que se hace compleja ante la disfuncionalidad de este grupo familiar.
Louis es un escritor de relativo éxito en sus 30. La introducción la hace en primera persona mientras viaja en un tren. Nos cuenta que dejó su casa en el campo 12 años atrás y que ahora va de regreso a darles una noticia: está enfermo y morirá pronto. Ese solo factor hace toda la diferencia en el relato. ¿Cuántas películas ha visto usted sobre “hijos pródigos” que deciden regresar a la familia tras años alejados y sin tener prácticamente ningún contacto? Resentimientos, enojos, reclamos, frialdad, ira, perdón; para todo dan este tipo de argumentos.
Pero Dolan introduce el factor de la inminente muerte de Louis y sólo él y los espectadores lo sabemos, nadie más. Gaspard Ulliel es Louis, con un rostro que a ratos muestra decepción, tristeza, desconcierto. Cuando está a punto de decir algo, alguien más rompe el lazo frágil, delgadísimo, que todavía lo liga con su propia sangre: su madre, Nathalie Baye, aparentando desenfado, frivolidad; Antoine, su inflexible hermano mayor, muy bien Vincent Cassel, que guarda un gran resentimiento a Louis, en el que se juntan su rechazo a la homosexualidad de éste desde la adolescencia, y el enojo por su prolongado aislamiento del grupo familiar. Su hermana menor Suzanne (Léa Seydoux) aniñada y gran admiradora del trabajo de su hermano parece ser la única que no abriga rencores. El personaje más interesante en esta singular familia es el de Marion Cotillard que interpreta a Catherine, la esposa de Antoine que, aunque es una mujer elemental, su juicio no está tan sesgado por la dificultad de relación del resto de la familia y es la única que percibe que Louis, al que acaba de conocer, trae algo guardado que necesita expresar.
Una muy buena fotografía con tendencia a los ocres, una muy buena banda sonora, los close ups, las miradas que lo expresan todo en el silencio, una espléndida edición, y la sutil contención que es ya una constante en las películas de Dolan, hacen de No es más que el fin del mundo un drama familiar digno de verse.
Muy recomendable.
