La demora

En sus largometrajes La zona y Desierto adentro, el realizador mexicano de origen uruguayo Rodrigo Plá explora la condición humana en situaciones límite. En el caso de La zona además toca un fibra sensible de la realidad mexicana contando la historia de un conjunto ...

En sus largometrajes La zona y Desierto adentro, el realizador mexicano de origen uruguayo Rodrigo Plá explora la condición humana en situaciones límite. En el caso de La zona además toca un fibra sensible de la realidad mexicana contando la historia de un conjunto residencial de los conocidos como condominios, en el que los habitantes han impuesto su propia vigilancia y ley (¿le suena conocido?), levantando un altísimo muro ante la inseguridad y violencia que azotan a la Ciudad de México. La premisa se hace aún más interesante porque el conjunto colinda con una ciudad perdida y unos delincuentes, casi niños, logran pasar la barda para entrar a robar. El conflicto ético y moral que se da cuando los propietarios quieren hacer justicia por su propia mano es realmente interesante pues “la zona” es como su coto de poder. Hoy se estrena La demora, el más reciente largometraje de Plá, producción Uruguay-México-Francia, que con guión de Laura Santullo ha pasado con éxito por eventos y festivales en varios países y tiene varias nominaciones al Ariel de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

La historia está ubicada en Uruguay y está protagonizada por dos espléndidos actores uruguayos. Rodrigo y Santullo nos acercan a la intimidad de una familia de muy escasos recursos en la que la madre soltera de tres hijos, María, lucha por sobrevivir cosiendo piezas de ropa en su casa para una maquiladora. Su padre, Agustín, vive con ellos en la pequeñísima casa y empieza a ver mermadas sus facultades mentales lo que lo convierte en una pesada carga para María que no tiene el apoyo de su familia, y tampoco reúne las condiciones para recibir ayuda estatal e internar a Agustín en una residencia.

Roxana Blanco y Carlos Vallarino dan vida a estos dos personajes entrañables, cargados de humanidad, a los que no puede juzgarse, que no son ni buenos ni malos. María y Agustín sólo están tratando de hacer las cosas de la mejor manera como cualquier padre e hija, y van a equivocarse como cualquier padre e hija.

En La demora —que Rodrigo Plá dedica a su padre— la construcción de ambos personajes es un punto muy destacado del guión de Laura Santullo. Blanco tiene un rostro interesante, sombrío, expresivo, anguloso, agobiado, con el que dota a María de profunda melancolía, amargura y hartazgo. Es una mujer en sus 40, madre sola de dos niños y una adolescente, abandonada de sí misma e incluso cerrada a la posibilidad de amar otra vez.

Carlos Vallarino da vida a Agustín que pasa de los 80, es viudo, sin dinero. Con una conmovedora dignidad trata de ayudar en su cuidado personal, pero ha entrado en esa etapa en la que ya no controla su cuerpo ni su mente.

María y Agustín no son peores ni mejores que nadie. Son simplemente dos seres humanos con los que es fácil identificarse y cuyo dolor es comprensible, ya que la desesperación puede orillarnos a todos a hacer cosas de las que en otro momento y con un ánimo distinto nunca seríamos capaces.

La trama sucede en Uruguay, supongo que en Montevideo, pero puede ser cualquier parte del mundo. La vejez que tan lejana vemos, llega de pronto y la cultura de la preparación y prevención para esa etapa no acaba de instalarse ni en nuestros planes de vida a nivel personal, ni en los programas de los gobiernos, salvo en sociedades muy avanzadas.

Muchos decimos que no queremos llegar a viejos y si es así esperamos ser independientes, con fuerzas, lúcidos, sin ser una carga para nadie. Pero la realidad es que es un trance difícil en la mayoría de los casos, doloroso, una verdadera prueba que requiere de mucho amor. De pronto, un buen día las cosas se nos olvidan, nos tropezamos en un borde, nos sofoca subir seis escalones, la comida nos cae pesada, nos tiemblan las manos, la llamada por algunos “tercera edad” ha llegado.

Todo esto le da un gran valor a La demora que nos hace los testigos silenciosos de esos momentos en los que la vida nos pide más de lo que estamos dispuestos a dar. Muy recomendable.

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