De El Gran Calavera a Nosotros los Nobles
Es un hecho que prevalece entre un amplio sector del público nacional la predisposición negativa por todo lo que suene a película mexicana. Será por aquellos años fatídicos del cine de ficheras, por el “sexo, drogas, rock and roll y lenguaje vulgar” que hoy ...
Es un hecho que prevalece entre un amplio sector del público nacional la predisposición negativa por todo lo que suene a película mexicana. Será por aquellos años fatídicos del cine de ficheras, por el “sexo, drogas, rock and roll y lenguaje vulgar” que hoy abundan y molestan a algunos, por la persistencia en las tramas de contenidos violentos, pesimistas, oscuros o sórdidos (aunque al mismo tiempo sean reales) o porque se perdió la fe en nuestro cine, pero los espectadores y muchas veces los críticos descalifican gratuitamente el cine que se hace en México: si una película es mala, todas lo son. Ojalá fueran tan exigentes para medir con la misma vara cierta basura que nos llega de Hollywood.
El que muchas de esas producciones sean reconocidas a nivel internacional, que reciban premios en los festivales más importantes del mundo, el que en Europa se hagan constantes muestras de cine mexicano en salas llenas, nada de eso parece cambiar la valoración adversa de las escasas películas nacionales que ingresan a la cartelera comercial. El romance entre el cine y el público de aquellos años de la Época de Oro parece no encontrar la manera de reavivar la llama.
Durante años he dicho que el secreto está en la producción de comedias bien hechas. Ésa es la clave para recuperar a los espectadores y además para hacer rentable una película, que es la otra tragedia del cine nacional: no es negocio.
Por eso me da gusto la llegada de Nosotros los Nobles que marca el debut en el largometraje de Gary Alazraki, de conocido apellido en el cine mexicano, y que además puede interpretarse como todo un homenaje a nuestra cinematografía desde su título en la línea de Nosotros los pobres y su argumento que adapta al México del 2013 El Gran Calavera del dramaturgo español Adolfo Torrado. La versión cinematográfica fue dirigida en 1949 por Luis Buñuel en un género que no era precisamente lo suyo, pero que resultó en todo un clásico y en el que se percibe la influencia en la dirección de Fernando Soler que además es el protagonista.
Nosotros los Nobles sigue a los Noble, familia de burgueses y millonarios formada por Germán, el padre viudo —muy bien Gonzalo Vega— y sus tres hijos dependientes, intolerantes y pagados de sí mismos interpretados por tres actores que se visten bien de sus personajes : Javi, Luis Gerardo Méndez, Barbie, Karla Souza y Charly, Juan Pablo Gil; los tres “patanes”, aunque insoportables, caen muy bien y nos llevan a reírnos de nosotros mismos.
A raíz de la muerte de su esposa, muchos años atrás, Germán se ha refugiado en el trabajo, es un exitoso empresario, pero descuidó a sus hijos en los que un día descubre que se han convertido en tres niños-adultos sin oficio ni beneficio: Javi es un bueno para nada que invita las copas en los antros y los viajes en el jet privado de la empresa, Barbie se va a casar con un español oportunista que anda tras su herencia, Charly es un hipster expulsado de la escuela y al que las mujeres maduras gustan de llevarse a la cama. Germán decide darles una lección a los tres y finge la bancarrota para obligarlos a cambiar de vida.
El guión del propio Alazraki, Adrián Zurita y Patricio Saiz traslada la historia de la familia en El Gran Calavera a los tiempos modernos con algunas modificaciones apropiadas para dar credibilidad al relato y hacer que funcione y genere empatía por parte de los espectadores.
Llega a sentirse un poco larga, pero tiene ritmo y, aunque el eje narrativo son los Noble y su tránsito por la cruda realidad, hay subtramas divertidas como la del microbusero “gandalla”, el español también “gandalla”, el empleado de la familia, buena onda, pero al que también, y afortunadamente, le sale lo “gandalla”.
Nosotros los Nobles no se anda por las ramas ni es un estudio sociológico para modificar conciencias, tampoco persigue la Palma de Oro en Cannes. Lo que sí busca con gran sencillez y honestidad es divertir y sin duda en eso cumple ampliamente.
Este tipo de comedias, bien contadas, son de las que está ávido el cine mexicano y sobre todo los espectadores.
Muy recomendable.
8/10.
