De infarto

Qué tal, muy buenos días. ¡Dios Mikito! Estoy muy emocionado. Muchas gracias por leer el periódico, por procurar estar enterado. Quiero agradecer a mis padres por darme la vida, a mis productores, sin los cuales mi vida sería miserable y aburrida, muchas gracias a mi ...

Qué tal, muy buenos días. ¡Dios Mikito! Estoy muy emocionado. Muchas gracias por leer el periódico, por procurar estar enterado. Quiero agradecer a mis padres por darme la vida, a mis productores, sin los cuales mi vida sería miserable y aburrida, muchas gracias a mi familia, a mis amigos, a Monuel por hacerme la vida imposible, a Mónico por provocarme pena ajena cada semana, a Alfredo, Gabriel, Gabriela, René, León, Pit, Marichola, Estela, Adri, al ingeniero, al otro ingeniero, a Odín, Chucho, a Wangyn & Yandel, a todos, de veras muchas gracias. ¡Dios Mikito los bendiga! Estaba muy convencido de que NO iba a escribir sobre los Oscar porque pocas cosas me repatean más que su mundito de las películas y Hollywood y demás, pero es que esta vez sí fue demasiado. Ustedes me disculparán pero me voy a descoser.

Primero: ¿En qué momento y por qué son tan importantes los vestidos y las joyas de los actores? No sé cómo vivan allá, pero aquí en México he aprendido que resulta estúpido estar en la calle diciendo cuántos miles de dólares cuesta lo que traen puesto. ¿Por qué son tan ostentosos?

Segundo: Se supone que las personas que presentan los premios son otros actores también talentosísimos… ¿Por qué están más acartonados que un Quijote de papel maché? De por sí el evento es más largo que Insurgentes y llevan a estas mujeres espiritifláuticas a conducir y parece obra de teatro de primaria. Se quieren hacer los muy elegantes, muy finos, pero la mayoría es puro güero de rancho que hacen que la ceremonia sea acartonada, aburrida, repetitiva, vacía, intrascendente, falsa, pretenciosa y miserable. Gracias a Dios Mikito, el año pasado se dieron cuenta de que Billy Crystal no era gracioso. Este año tuvieron a bien invitar a conducir al creador de Family Guy, que lo hizo muy bien porque es un genio de la comedia moderna. Por cierto, se habrán dado cuenta de que nunca  premian comedias. Eso nos habla mucho de que EU prefiere hacer llorar que reír. Si no pregúntenle a Vietnam o, es más, a ustedes.

Tercero: ¿Se han dado cuenta de que siempre hacen alusión a la época de oro del cine estadunidense? Si vieron ayer la ceremonia completa, se habrán dado cuenta de que toda la música era vieja. Y desde luego yo no tengo ningún problema con esa música, la prefiero a la moderna, pero no puedo dejar pasar, como periodista, que los Oscar parecen nunca ofrecer nada nuevo. Todo es un regodeo a su cine de los 40, a las grandes bandas, a la elegancia de Elizabeth Taylor o Katherine Hepburn, en pocas palabras, al imperio estadunidense de la posguerra. Y no estoy pidiendo que toquen un tema de Lady Gaga. Quiero decir que  suenen a modernidad, pero nunca es así.

Cuarto: Sentí una amenaza de derramamiento de bilis cuando Jack Nicholson anunció que el premio a mejor película lo daría Michelle Obama. Las nominadas este año tenían una fuerte carga política. Una hablaba de Osama Bin Laden, otra de Irán, otra de los esclavos estadunidenses, la de Tarantino fue muy criticada. Pensé: “Si gana Lincoln, se me va a derramar la bilis”, pero ganó Argo. Mi derramamiento de bilis sólo esperó unos segundos hasta enterarme de qué se trataba Argo, y entonces no sólo derramé bilis, también sufrí un pequeño infarto. Argo va de una operación secreta en 1980 llevada a cabo para rescatar a unos rehenes estadunidenses en Terán, con la ayuda, precisamente, de Hollywood.

No digo más. Espero que se den cuenta. Sólo les pido que abran los ojos, aunque a veces es mejor mantenerlos cerrados.

Simeone Monarres.

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