El actual brote de ébola causado por el virus de Bundibugyo, que tiene en emergencia de salud pública a República Democrática del Congo (RDC) y a Uganda, no puede entenderse, de acuerdo con la evidencia científica, sin los componentes socioambientales
Se trata de una zoonosis, es decir, una enfermedad de origen animal que se transmite de forma natural a humanos.
En los últimos años, la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos señalan que aproximadamente 75% de las enfermedades infecciosas emergentes son de origen animal, como ébola, síndrome respiratorio agudo (SARS), síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), Mpox, y todo apunta que también el covid-19, entre otras.
Estudios indican la alta probabilidad de que los reservorios naturales de los virus que pertenecen al género Orthoebolavirus de la familia Filoviridae que provocan la enfermedad de ébola, desde su aparición en 1976 y en sus distintas variantes, son murciélagos frugívoros de la familia Pteropodidae según información de la OMS.
La transmisión al humano se da por contacto directo, ya sea a través de la sangre o fluidos corporales del animal infectado, incluso la carne, porque el ganado doméstico también es una vía potencial de transmisión zoonótica y, después, el contagio se da humano a humano, así como superficies y objetos contaminados.
No puede ni debe satanizarse la existencia de estos animales, como los murciélagos, simios o cualquier otra especie que sea transmisor de una enfermedad zoonótica, porque ha sido el propio ser humano el que ha invadido sus hábitats y, entonces, sí o sí, tienen que convivir en el mismo territorio; además, los caza y trafica con ello vivos o muertos.
Otro patrón que hace posible las enfermedades zoonóticas son los usos y costumbres, pues en regiones de África el comer animales silvestres, como reptiles, monos, murciélagos, por mencionar algunos, data de tiempo atrás, tradición que se conserva en pleno siglo XXI.
Y África posee la mayor biodiversidad del mundo, 50 mil especies de plantas, mil 100 de mamíferos y 2 mil 500 de aves, además de peces y reptiles, con 20% del territorio ocupado por ecosistemas de vida silvestre. Además, alrededor de 62% de la población rural depende de los ecosistemas del continente para su sustento.
Investigaciones publicadas durante los últimos años señalan que la alteración de hábitats naturales está modificando la interacción entre especies silvestres, animales domésticos y seres humanos.
El artículo “Evaluación del riesgo de enfermedades con potencial epidémico y pandémico en un mundo cambiante”, publicado en ScienceAdvances en julio de 2025, destaca que las actividades humanas no sólo alteran el clima y los ecosistemas, también aumentan el riesgo de brotes de enfermedades infecciosas, tanto por vectores (mosquitos y garrapatas), así como otras transmitidas por animales vertebrados, como ébola.
El Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) advirtió en su informe sobre biodiversidad y pandemias que la destrucción de ecosistemas, el comercio de fauna silvestre, la expansión agrícola y el cambio climático actúan conjuntamente para incrementar el riesgo de enfermedades emergentes.
Otro estudio publicado en Nature Communications en 2019 advirtió que los cambios ambientales y socioeconómicos que experimenta África podrían aumentar significativamente el riesgo de nuevos brotes de ébola durante las próximas décadas.
Las condiciones que favorecen la transmisión de ébola, resaltó, están expandiéndose en gran parte de África occidental y central. Entre los principales impulsores destacan crecimiento de la población, transformación de ecosistemas naturales, cambio climático y limitaciones al acceso a servicios de salud.
Estos factores aumentan las probabilidades de que el virus salte de animales silvestres a seres humanos y, posteriormente, genere epidemias.
De acuerdo con las proyecciones del estudio, la frecuencia de los contagios iniciales entre animales y personas podría aumentar entre 1.75 y 3.2 veces hacia 2070 si continúan las tendencias actuales. Además, los escenarios caracterizados por un rápido crecimiento demográfico y un menor desarrollo socioeconómico presentan una probabilidad mayor de que estos eventos deriven en epidemias a gran escala.
La epidemia actual en RDC y Uganda tiene 282 casos confirmados, 42 muertes reportadas y más de 900 casos sospechosos, de acuerdo con la OMS.
Este brote, el tercero más grande registrado, durante semanas estuvo sin ser detectado y ahora están luchando para controlarlo, incluso a nivel global se han activado cercos sanitarios para evitar la expansión, porque ningún país está preparado para enfrentarlo ni existe tratamiento ni vacuna, aún. Ayer se anunció una inversión de 60 millones de dólares para el desarrollo de tres vacunas experimentales.
Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, ha dicho que el brote avanza más rápido que la respuesta sanitaria. Eso evidencia la magnitud de la enfermedad.
El estudio Impactos de los factores ambientales y socioeconómicos en la aparición y el potencial epidémico del ébola en África resaltó la importancia de mejorar los sistemas de salud, fortalecer la vigilancia epidemiológica y promover el desarrollo sostenible que, en conjunto, podrían reducir el riesgo de futuros brotes.
Desafortunadamente, en los países menos desarrollados, con conflictos internos y sin recursos económicos, como en RDC, anticipar amenazas sanitarias y orientar políticas públicas en regiones vulnerables no ha sido posible.
Comprender cómo interactúan el clima, el medio ambiente y las dinámicas humanas será fundamental para prevenir futuras crisis de salud pública causadas por enfermedades zoonóticas como ébola.
