Por una CDMX más sana

A  medida que la población crece, las ciudades —grandes y megalópolis— enfrentan retos mayúsculos, sobre todo de resolución complicada, pues las necesidades aumentan y, para variar, hay omisiones y presupuestos escasos, o bien, dinero que no se destina al objetivo. A eso sumemos la inconsciencia de las personas. Así, entre los muchos, pero muchísimos desafíos para las urbes están: agua potable, contaminación del aire y cambio climático

Son tres de los problemas causados por las personas —así en general y aunque nos cueste trabajo reconocerlo— que al mezclarse se transforman en una bola de nieve cuesta abajo.

Por ejemplo, desde hace poco más de tres lustros, la Ciudad de México no detiene su expansión y no hay agua ni otros servicios que alcancen.

¿Paradoja de la naturaleza? Aquí llueve más que en Nueva York o Londres, al grado de inundar avenidas rápidas y calles transitadas, pero la escasez de agua es enorme, sobre todo en zonas más marginadas, donde la obtienen por tandeo, porque del grifo ni una gota.

Y el que haya inundaciones se debe, en parte, a la ausencia de cultura cívica en la gente. Nomás observe a su alrededor los montones de basura.

Qué tal aquellos ciudadanos que por las noches, al amparo de la oscuridad, dejan las bolsas de basura en el poste o cínicamente en la puerta del vecino de al lado.

O los que arrojan desechos, como colillas de cigarro o envolturas, a través de la ventana de sus autos.

También están las personas, porque todavía las hay, que sacan a pasear a sus perros y no recogen las heces, las cuales al secarse se dispersan en el aire que respiramos, el cual de por sí ya está contaminado por el humo de los escapes de los autos y por las actividades de varias industrias.

No debemos olvidar que el sistema de manejo de residuos está rebasado ni la obsolescencia del sistema de drenaje. Ni hablar de los trabajos lentos y millonarios del Túnel Emisor Oriente.

Ésas y otras acciones provocan contaminación ambiental y fauna nociva, las cuales, al corto plazo, tendrán un grave impacto en la salud de todos —sin distinción de clases—, incluidos niños y adultos mayores.

Justo es decir que, en materia ambiental, entre los programas a destacar de Claudia Sheinbaum al frente del Gobierno de la Ciudad de México están el del agua, calidad del aire y cambio climático.

A mediados de enero pasado, presentó un necesario programa de captación de agua pluvial, destinado a 10 mil viviendas, tanto en zonas marginadas como con escasez de agua. El objetivo, dotar de agua de calidad a esas casas para uso doméstico. La meta es colocar 100 mil sistemas a lo largo del sexenio.

La ciudad también requiere de un programa más ambicioso de captación de agua pluvial para aprovechar justo toda la que cae en cada temporada de lluvia y así evitar inundaciones, además de abastecer a más zonas que carecen del recurso.

Esa agua podría usarse en otras actividades no vinculadas con el consumo humano, como en las comerciales e industriales.

Otro proyecto es el rescate del Canal Nacional, pues los objetivos son construir un parque lineal de 8.6 kilómetros y el saneamiento del mismo, ya que vincula drenaje, desazolve y otras cuestiones relacionadas con el cauce hídrico. De hecho, el sábado que acaba de pasar, Sheinbaum encabezó una jornada de limpieza y rehabilitación.

Y ayer, la jefa de Gobierno anunció que tendrá una inversión de 100 millones de pesos sólo para este 2019. En marzo iniciará el proyecto ejecutivo y las obras durarán tres años.

Finalmente, por lo menos en este espacio, queda mencionar la acertada decisión de que el Gobierno de la CDMX vaya a trabajar con el Centro Mario Molina en el desarrollo del nuevo plan de calidad del aire y cambio climático para la capital del país.

Para el Nobel de Química 1995, Mario Molina, mejorar la calidad del aire y el transporte público es un gran reto para el gobierno, por ello el trabajo en conjunto permitirá a los habitantes de la ciudad tener una vida saludable y libre de efectos contaminantes.

Esperemos que ahora sí, cambio climático, calidad del aire y agua sean ejes rectores de la política ambiental de la capital del país, porque gestiones atrás sólo los usaron para el lucimiento personal.

Ojalá y no se les olviden los árboles. Plantar más ayuda a reducir la contaminación del aire, mejora el espacio urbano y contribuye a disminuir el impacto del cambio climático.

Ya es tiempo de poner el ambiente y la salud en el centro de la política, si no la ciudad un día colapsará de tanta problemática.

Y las personas, sí o sí, tienen la obligación de ser más conscientes de cuidar el entorno.

Periodista

reyna.rivera@gimm.com.mx           

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