¿Podrá reescribirse la historia y cumplir el Acuerdo de París?

¡Eso sí, mínimo esfuerzo, máxima ganancia! México, siendo miembro del G20, pidióque los países ricos cumplan con el compromiso de financiamiento de 100 mil millonesde dólares anuales para que las naciones en desarrollo puedan combatir la crisis climática.En el pedir está el dar. Las NDC del país y sus estrategias son más que insuficientes.

La COP26 de Glasgow por fin inició, después de un año de retraso debido a la pandemia de covid-19. Serán dos semanas de negociaciones, seguramente de muchísimos estira y aflojes, porque algunas naciones continúan priorizando intereses amarrados a los combustibles fósiles, en vez descarbonizar sus economías y, así, empezar a reducir ambiciosamente las emisiones de carbono y poner en el centro a las personas y su bienestar.

En 2015, más de 195 naciones se comprometieron a cumplir el Acuerdo de París y es urgente que lo hagan, porque los últimos siete años se perfilan a ser los más calientes jamás registrados, de acuerdo con el informe provisional Estado del clima en 2021 de la Organización Meteorológica Mundial.

Sí, la situación es alarmante y debe tomarse muy en serio, porque el informe, basado en datos científicos, dado a conocer el domingo pasado cuando inició la COP26, indica que el aumento del nivel del mar se aceleró desde 2013 y alcanzó un nuevo nivel máximo en 2021. Además, el calentamiento y la acidificación de los océanos se han mantenido constantes, hay afectaciones a la seguridad alimentaria, desplazamientos forzados de poblaciones y daños a los ecosistemas y biodiversidad.

Es posible que la cumbre de Glasgow sea la última oportunidad para la acción climática real y cumplir efectivamente el Acuerdo de París, porque, como dijo Carolina Schmidt, ministra del Medio Ambiente de Chile y presidenta de la COP25, al entregar la presidencia a Reino Unido, “no podemos reescribir el Acuerdo de París, tenemos que cumplirlo”.

Se supone que es la consigna, ejecutar un compromiso. Para ello se crearon, con el aval de todas las naciones, dos instrumentos mandatorios: las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC, por sus siglas en inglés) y las Estrategias Climáticas a Largo Plazo para reducir las emisiones de carbono y, así, hacerle frente al cambio climático.

El resultado del incumplimiento es que las emisiones de carbono siguen aumentando, junto con ello, la temperatura global.

Hay como una sensación de fracaso y más después de ver los magros resultados de la reunión del G20 en Roma —el club de las economías más fuertes del planeta y las responsables del 80% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero—, en la víspera de la COP26.

Jefes de Estado y de Gobierno y representantes acordaron enfrentar el cambio climático bajo el principio de responsabilidades comunes, “pero en función de las responsabilidades diferenciadas y las capacidades respectivas, a la luz de las distintas circunstancias nacionales”.

O sea, business as usual. No existe una visión global de urgencia para acelerar las acciones de mitigación, y adaptación para hacerle frente a la inestabilidad climática, que exacerba las crisis social, de salud y degradación acelerada de ecosistemas y biodiversidad, entre otras.

¡Eso sí, mínimo esfuerzo, máxima ganancia! México, siendo miembro del G20, pidió que los países ricos cumplan con el compromiso de financiamiento de 100 mil millones de dólares anuales para que las naciones en desarrollo puedan combatir la crisis climática. En el pedir está el dar. Las NDC del país y sus estrategias son más que insuficientes.

Bien lo dijo ayer António Guterres, secretario general de la ONU, en la apertura de la COP26, “estamos cavando nuestra propia tumba”. Boris Johnson, premier británico, espera que Glasgow no sea otra cumbre más de “bla, bla, bla”. Y Joe Biden, presidente de Estados Unidos, mantiene el compromiso de generar energía limpia para 2035 y lograr la neutralidad de carbono en 2050.

Sin embargo, lo más destacado del día fue el poderoso discurso de David Attenborough, naturalista y divulgador científico británico de 95 años, quien a lo largo de su vida ha realizado un vasto repertorio de documentales y series para dar a conocer las maravillas naturales del planeta, así como las amenazas antropogénicas que las acechan.

Al dirigirse a los líderes globales cuestionó si así debe terminar la historia, la de las especies más inteligentes condenadas por esa característica tan humana de no ver el panorama general en la búsqueda de objetivos a corto plazo y resaltó que si se trabaja por separado, “somos una fuerza lo suficientemente poderosa para desestabilizar nuestro planeta, pero, seguramente trabajando juntos, somos lo suficientemente poderosos como para salvarlo”.

También resaltó: “En mi vida he sido testigo de un terrible declive… En el tuyo, podrías y deberías presenciar una maravillosa recuperación” y pidió a los jóvenes reescribir la historia.

Sí, apenas es el inicio, pero ojalá las palabras de los líderes rindan frutos y no se las lleve el viento. La COP26 no debería fallar, la ventana de oportunidad se cierra.

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