Océanos depredados

La vida de la Tierra inició en el océano. Después de miles de millones de años, sus aguas, a pesar de todo, siguen albergando una gran diversidad de flora y fauna: 
de microscópicos organismos a la majestuosidad de las ballenas. Pero en poquísimas centurias el ser humano 
ha impactado negativamente la masa de agua salada que cubre alrededor del 71% de la superficie de nuestro planeta.

Ninguno de los cuatro océanos, Pacífico, Atlántico, Índico y Ártico, se salva de las actividades humanas.

La basura plástica y microplásticos, entre redes, recipientes de todo tipo y tamaño, bolsas y otros desechos, continúan matando a peces, aves y mamíferos marinos.

Pequeños o grandes derrames petroleros, tanto de plataformas como de buques, son calamidades con las que han lidiado por décadas las aguas y la vida marina.

Sin olvidar la contaminación que producen los barcos cargueros, gaseros y de turismo.

Ahí no termina el daño. Las ciudades costeras vierten a los océanos aguas residuales y fertilizantes, lo cual forma grandes zonas muertas, como la del Golfo de México.

Se nos olvidan los servicios que los más de mil 300 millones de kilómetros cúbicos de agua prestan a la humanidad: las corrientes oceánicas contribuyen al equilibrio de las temperaturas, pues llevan el agua fría de los polos a las regiones cálidas y viceversa. Pero el deshielo de los glaciares debido al cambio climático —que es agua dulce—, cuando se mezcla con el agua salada, se convierte en una amenaza, pues se alteran las corrientes que influyen en las condiciones meteorológicas del globo.

Los océanos son de las fuentes más importantes de alimentos que requiere la humanidad; además, la pesca es una industria que genera riqueza y empleos. Incluso, hay pequeñas naciones insulares dependientes al ciento por ciento de esta actividad.

Por supuesto, no debemos pasar por alto que los océanos son enormes sumideros de dióxido de carbono y también absorben el calor. Aunque esas grandísimas cantidades de uno de los más potentes gases de efecto invernadero los están acidificando. Si no tuvieran esa enorme capacidad, la humanidad sufriría golpes extremadamente severos del cambio climático, nada que ver con los impactos sufridos hasta el momento.

Pero un nuevo estudio publicado el jueves pasado en la revista Science ha encendido las alertas.

Éste indica que los océanos se calientan mucho más rápido, alrededor de 40%, de lo que la ciencia del clima había previsto.

Se trata, sin lugar a ninguna duda, de un hallazgo que debe ser tomado con toda seriedad y urgencia para no relajar la acción climática, porque significa que el calentamiento global puede traer consecuencias aún más graves, tanto para la humanidad, así como para los reinos animal y vegetal.

El análisis supera la previsión realizada hace cinco años por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas.

No sólo eso, los científicos aseguran que 2018 es el año más caliente registrado en los océanos.

Otra de las proyecciones apunta a que los huracanes y tormentas probablemente empeorarán con los océanos más calientes. La evidencia son los huracanes Harvey, ocurrido en agosto de 2017, considerado el más fuerte y con más daños materiales que ha azotado a Estados Unidos, y María —también en ese año—, que golpeó con furia a Puerto Rico y a otras islas del Caribe.

Sumemos más consecuencias del calentamiento de los océanos: cuando el agua es más caliente, mayor espacio ocupa que la fría. De acuerdo con los científicos, este efecto ha ocasionado, en mayor medida, el aumento de los niveles del mar, respecto del deshielo de los casquetes polares. La proyección es que, a finales del siglo, el nivel del mar esté 30 centímetros por arriba del aumento de lo experimentado hasta el momento. Varias ciudades costeras e islas ya lidian con esa problemática. Kiribati, una nación insular ubicada en el Pacífico Sur, será la primera en desaparecer, o ahogarse, por los impactos del cambio climático.

Asimismo, el calentamiento está generando gran preocupación por el daño ocasionado a los ecosistemas marinos, como el blanqueamiento de corales.

Todos han sido afectados, pero destacan la Gran Barrera de Coral, en Australia, y el arrecife de la isla de Vamizi, en Mozambique.

Los océanos más calientes están obligando a varias especies marinas, como los camarones, a migrar hacia aguas más templadas y frías.

Kathryn Matthews, subdirectora científica del grupo de conservación Oceana, dijo al diario estadunidense The New York Times que la capacidad de los océanos para producir alimento es mucho menor mientras más calientes sean, lo cual es una alerta para la seguridad alimentaria.

Por donde lo veamos, el cambio climático y la emisión de gases de efecto invernadero están devastando a los océanos y, por lo tanto, la vida del planeta.

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