Los gritos más sonoros, de quienes más tienen en juego

70 naciones eliminarán la producción de carbón y 42 se comprometieron a no construir nuevas centrales eléctricas de carbón, pero no están EU, India ni China, justo las tres más contaminantes. ¿Siguen preguntándose por qué los activistas climáticos toman las callesy son “tan molestos”? El viernes pasado no fue la excepción.

Finalizó la primera semana de la COP26 de Glasgow con algunos acuerdos, sin duda necesarios, pero aún falta saber cómo los cumplirán las naciones firmantes, porque, como dijo António Guterres, jefe de la ONU, es fácil firmar, pero “es fundamental que se implemente para las personas y el planeta".

Hay grandes expectativas, pero los discursos de los llamados líderes globales, uno a uno, no encendieron ni el entusiasmo ni la esperanza de que, ahora sí, la acción climática va con todo.

En cambio, la participación en la COP26 de jóvenes activistas de diferentes latitudes ha cimbrado tanto con los testimonios compartidos a los líderes y delegados, así como por las multitudinarias manifestaciones que han encabezado.

Elizabeth Wathuti, activista climática de 26 años nacida en Kenia, dijo frente a los jefes de Estado y de gobierno que, mientras están sentados cómodamente en el centro de conferencias en Glasgow, más de dos millones de sus compatriotas se enfrentan a la hambruna relacionada con el clima, porque en el último año las dos temporadas de lluvias fallaron, los ríos se secan, “nuestros animales y personas están muriendo y se prevé que las lluvias tarden en llegar, por lo menos, otros 12 meses más”.

Ésa es la realidad de Kenia, en África, pero también de América Latina, Asia y otras regiones del globo. Los extremos del clima son hechos y generan cada vez más víctimas inocentes.

Sin duda, es plausible que más de 100 naciones, incluida México, se hayan comprometido a poner fin y revertir la deforestación para 2030, porque es crucial para limitar el cambio climático.

Se trata de la primera declaración de líderes en la COP26 y, aunque hay una bolsa de 19 mil millones de dólares entre fondos públicos y privados, aún falta saber los mecanismos de cumplimiento y vigilancia, porque hay países donde se arrancan bosques y selvas bajo la justificación del desarrollo. Brasil, si bien firmó, con la llegada de Bolsonaro, la Amazonia se ha deforestado brutalmente, lo cual ocasionó que las emisiones crecieran 9.5% en 2020, en comparación con el año anterior.

Y las comunidades indígenas de la Amazonia brasileña viven las consecuencias, tal como lo dijo la activista Txai Suruí, de 24 años: “Hoy, el clima se está calentando, los animales están desapareciendo, los ríos están muriendo y nuestras plantas ya no florecen como antes. La tierra está hablando y ella nos dice que no tenemos más tiempo… No es 2030 o 2050, ¡Es ahora!”, y acusó a los líderes de “cerrar los ojos ante la realidad”.

También destaca la asociación para reducir, en esta década, 30% de las emisiones de metano, impulsada por Estados Unidos y la Unión Europea, y alrededor de 100 países ya se adhirieron, pero India, China y Rusia, no.

¿Cómo controlarán las emisiones de ese gas de potente calentamiento que emana de vertederos de basura y de los sectores ganadero y energético?

Además, 70 naciones eliminarán la producción de carbón y 42 se comprometieron a no construir nuevas centrales eléctricas de carbón, pero no están EU, India ni China, justo las tres más contaminantes.

¿Siguen preguntándose por qué los activistas climáticos toman las calles y son “tan molestos”?

El viernes pasado no fue la excepción. Un grupo de jóvenes presentó a Guterres sus demandas para lograr un planeta más justo y más verde y miles se lanzaron a la huelga Fridays for Future, encabezada por Greta Thunberg, quien aseveró que la COP26 es un fracaso y un festival de lavado de imagen.

Por como se ve, puede que lo sea.

Y el sábado ni  la lluvia ni el frío impidieron que más de 100 mil niños, jóvenes, adultos y científicos rebeldes tomaran las calles para exigir justicia climática y menos bla, bla, bla.

Las voces jóvenes de Xiye Bastida, de México; Francisco Vera Manzanares, de Colombia; Vanessa Nakate, de Uganda; Elizabeth Wathuti, de Kenia; Alexandria Villaseñor, de EU con raíces latinas; Mitzi Jonelle Tan, de Filipinas, sólo por mencionar algunas, ojalá sigan sonando fuerte y motiven a más a sumarse a la exigencia.

Una frase común, pero no por ello insignificante, “no hay suficiente” urgencia para lograr los objetivos del Acuerdo de París.

Bueno, Barack Obama, quien ayer participó en Glasgow, quien siendo presidente de EU ayudó en 2015 a concretar el acuerdo climático, reconoció el poder del activismo, “la energía más importante de este movimiento proviene de los jóvenes… Y la razón es simple, tienen más en juego que nadie”.

Inicia la segunda semana de negociaciones en Glasgow y ya se verá qué pesa más, ¿un planeta más sostenible y menos hostil o un pequeño mundo de intereses económicos?

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