El lugar común mejor dicho: el agua es vida

El agua está sometida a una presión cada vez mayor: cambio climático, crecimiento poblacional, contaminación, extracción excesiva y mala gestión han exacerbado esta crisis, haciéndola más apremiante y visible. El Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos de la ONU indicó que “2 mil 400 millones de personas viven en países bajo estrés hídrico”

Una gota, un vaso, un río. El agua dulce, ese recurso que parece tan omnipresente, está agotándose. Es la triste ironía de un planeta cubierto en su mayoría por agua, pero menos de 2.5% de la vasta extensión es dulce y sólo 1% de esa cifra está disponible para el consumo humano. El resto está atrapado en glaciares, los casquetes polares y acuíferos subterráneos.

Mientras la población mundial crece, este finito recurso disminuye.

La escasez no es un fenómeno nuevo y el agua está sometida a una presión cada vez mayor: cambio climático, crecimiento poblacional, contaminación, extracción excesiva y mala gestión han exacerbado esta crisis, haciéndola más apremiante y visible.

El Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos de la ONU, en un reciente informe, indicó que “2 mil 400 millones de personas viven en países bajo estrés hídrico”, la cifra es alarmante y no es estática, porque la tendencia apunta a que aumentará aún más en menos tiempo.

Se prevé que para 2050 al menos una de cada cuatro personas viva en un país afectado por escasez crónica o recurrente de agua dulce.

Según el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, la crisis climática ha llevado a una intensificación del ciclo del agua, lo cual significa que las regiones húmedas se volverán más húmedas, mientras que las regiones secas serán aún más secas.

Así, la conexión entre agua dulce y el cambio climático es inextricable.

Uno de los fenómenos más preocupantes es el derretimiento de los glaciares y las capas de hielo. Los glaciares de montaña son vitales como reservorios de agua dulce. Millones de personas dependen del deshielo glacial para obtener agua potable, riego agrícola y producción de energía hidroeléctrica.

Sumado a ello, los acuíferos subterráneos, que proveen de agua potable a 30% de la población global, están agotándose a un ritmo acelerado.

Si se creía que el agua no tiene un valor económico, equivocación más grande.

Un nuevo informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), titulado El alto costo del agua barata, calcula por primera vez que el valor económico anual del agua y los ecosistemas de agua dulce es de 58 billones de dólares, equivalente a 60% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial; además, destaca los riesgos de infravalorarla.

El informe, presentado ayer en el marco del Día Mundial de la Alimentación, advierte que la crisis hídrica es una grave amenaza a la salud humana y planetaria.

Millones de personas no tienen acceso a agua potable ni a servicios sanitarios, la vulnerabilidad alimentaria se intensifica y las amenazas relacionadas con el agua para la agricultura e industria se magnifican.

Los ríos más grandes del mundo ya no fluyen naturalmente o están secos, un tercio de los humedales ha desaparecido desde 1970 y 83% de las poblaciones de especies de agua dulce ha disminuido y su desaparición avanza a un ritmo inquietante. Son culpables la extracción insostenible, la contaminación y los impactos relacionados con el cambio climático.

Esta preocupante tendencia ha llevado a que un número creciente de personas enfrente falta de agua y problemas de abastecimiento de alimentos. Los cuerpos de agua, como ríos y lagos, están agotándose, la polución se ha intensificado y las fuentes alimenticias, como la pesca en agua dulce, han mermado.

El WWF resalta que los ecosistemas de agua dulce brindan una variedad de beneficios, tanto directos como indirectos. De manera directa, aportan beneficios económicos que incluyen el suministro de agua para hogares, la agricultura y los sectores industriales, lo cual representa, al menos, 7.5 billones de dólares anuales.

En contraparte, los beneficios invisibles, como la purificación de agua, el fortalecimiento de la salud de los suelos, captura de carbono y protección contra inundaciones y sequías extremas son siete veces mayores, aproximadamente de 50 billones de dólares anuales.

A pesar de lo anterior, el valor del agua es menospreciado.

En este sentido, el informe señala que el río Grande o Bravo, que debería ser el quinto río más largo de América del Norte, se seca cerca de El Paso debido a factores como la construcción de represas y la sobreextracción agrícola, afectando el suministro de agua a seis millones de personas en Estados Unidos y poco más de 10 millones en México. Estas acciones demuestran la infravaloración del agua y es crucial intervenir para asegurar el futuro del río y de las comunidades que dependen de él.

El informe del WWF pide medidas urgentes para proteger y restaurar los ecosistemas de agua dulce. Esto incluye invertir en soluciones basadas en la naturaleza (mejoramiento de la salud de ríos, humedales y acuíferos), infraestructura hídrica sostenible, reducir la contaminación y combatir el cambio climático.

Es importante crear conciencia sobre el verdadero valor del agua, animar a la gente a utilizarla sabiamente, ahorrar el líquido a través de tecnologías innovadoras y promover una gestión sostenible.

Además, deben diseñarse políticas públicas para una agricultura sostenible que asegure precios justos y frene el desperdicio de alimentos.

No es descabellado decir que más pronto de lo que imaginamos no habrá ni gota en el grifo.

Redefinir cómo valoramos, usamos y protegemos este recurso sí es de vida o muerte.

Temas: