COP26, el ganador fue el carbón, ¡bravo!

El carbón no se irá, al contrario, está más vivo que nunca, porque países que siguen usándolo para generar energía, básicamente India y China, lograron cambiar la frase de eliminación progresiva por reducción gradual

¡Bravo, la COP26 de Glasgow fue todo un éxito!, porque mientras la inestabilidad climática continuará provocando desastres en los países, tanto víctimas como emisores, y el aumento de la temperatura global se encamina a los 2.4ºC, el carbón ganó.

¡Exacto! ¡Fue un éxito para el carbón, no para la humanidad! Y es que el carbón no se irá, al contrario, está más vivo que nunca, porque países que siguen usándolo para generar energía, básicamente India y China, lograron cambiar la frase de eliminación progresiva por reducción gradual —que más que eso debía ser una imperante acción— en el documento llamado Pacto de Glasgow.

Ilusamente, la semana pasada, el premier británico Boris Johnson había dicho que esta conferencia había marcado el comienzo del fin del carbón: “Por primera vez en la historia, la conferencia publicó un mandato para reducir el uso de energía del carbón… la COP ha dado el toque de gracia a la energía del carbón”.

Qué lástima que no fue así, porque si en algo habían coincidido las delegaciones fue, justamente, reconocer que el carbón es uno de los principales causantes de la inestabilidad del clima y del calentamiento del planeta de 1.1ºC desde la era preindustrial.

La COP26 no cristalizó los objetivos más urgentes: compromisos ambiciosos para reducir las emisiones globales de CO2 en aproximadamente la mitad hacia 2030; tampoco los 100 mil millones de dólares anuales por parte de los países desarrollados y que, de esa bolsa, por lo menos la mitad se destinara para ayudar a las naciones más vulnerables para adaptarse a los impactos de la crisis del clima, ni el fin a las subvenciones a los combustibles fósiles ni tampoco se le puso un precio al carbono.

Las devastaciones y hechos irreversibles no fueron suficientes para que la cumbre tuviera el éxito esperado, como el aumento del nivel del mar provocado por el acelerado derretimiento del hielo del Círculo Polar Ártico y de la Antártida; las olas de calor sin precedentes —lo peor, aumentarán tanto en número como intensidad—; inundaciones, sequías y otros fenómenos relacionados.

Los ecosistemas y la biodiversidad, así como la seguridad y bienestar de las poblaciones, no pueden aguardar soluciones concretas y por consenso en la COP27 o en la siguiente, o para la otra, y así hasta llegar a las del 2030 y 2050, porque los eventos climáticos tampoco esperarán a que todos los países cumplan sus promesas.

Por ejemplo, debido a los efectos adversos del cambio climático, este es otro año en el que apenas inicia la formación del hielo marino en la bahía de Hudson, Canadá, vital para que los osos polares —especie emblemática de este fenómeno de origen antropogénico— puedan lanzarse a la caza de focas; anteriormente, el hielo marino empezaba a formarse antes de noviembre, de acuerdo con la organización Polar Bears International.

Los esfuerzos globales no fueron suficientes —frase repetida por el jefe de la ONU, líderes y jóvenes activistas climáticos y científicos—, a pesar de lograr que más de 120 países se comprometieran a proteger los bosques y detener la deforestación para 2030; el acuerdo de 100 naciones para reducir las emisiones de metano (liderado por Estados Unidos y la Unión Europea) también para 2030.

Y contrario a India y China, más de 40 países —entre los grandes consumidores de carbón, como Polonia y Chile— acordaron abandonar el carbón.

El lado no tan malo de la COP26 es que los países que representan el 90% del PIB mundial se comprometieron a alcanzar la neutralidad de carbono para 2050, a pesar de que India lo hará hacia 2070, y Rusia, China y Nigeria para 2060 (pero México, ni siquiera eso).

El Pacto de Glasgow solicita a las naciones llegar a la COP27, a realizarse en Egipto, con contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés) más ambiciosas, en vez de esperar cinco años, como lo estipula el Acuerdo de París, porque las actuales están muy alejadas para limitar la temperatura en 1.5ºC.

António Guterres, secretario general de la ONU, sabiendo que lo logrado en Glasgow “no fue suficiente”, dijo a los jóvenes, comunidades indígenas, mujeres y a los líderes de la acción climática: “Sé que están decepcionados. Pero el camino del progreso no siempre es una línea recta. A veces hay desvíos. A veces hay zanjas. Pero sé que podemos conseguirlo. Estamos en la lucha de nuestras vidas, y esta lucha debe ganarse. Nunca se rindan. Nunca retrocedan”.

Seguro que no se rendirán, porque demostraron fuerza y congruencia en la COP26.

La era del carbón no ha terminado, pero es deber de todo el mundo, literal, presionar para que los gobiernos y otros actores rindan cuentas y cumplan sus promesas, porque, de lo perdido, lo conseguido.

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