Igualdad y respeto para todas y todos
Por: Jon Benjamin Este 10 de diciembre se celebró el 75 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un documento que marcó un hito en la historia y que, por su importancia, ha sido traducido a más de 500 idiomas. La Declaración, firmada en París ...
Por: Jon Benjamin
Este 10 de diciembre se celebró el 75 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un documento que marcó un hito en la historia y que, por su importancia, ha sido traducido a más de 500 idiomas.
La Declaración, firmada en París en 1948, tres años después de la creación de las Naciones Unidas, establece un conjunto de derechos que se aplican a todos nosotros con independencia de la nacionalidad, género, origen étnico, color, religión, idioma o cualquier otra característica. Por ejemplo, el derecho a vivir en seguridad y libertad, el derecho a poseer nuestras cosas y el derecho a creer lo que queramos.
El documento fue un logro monumental de la diplomacia, tanto que, en su momento, más de 50 Estados Miembros participaron en la redacción final del texto y uno de los delegados, Hernán Santa Cruz, de Chile, comentó que “había una atmósfera de genuina solidaridad y fraternidad entre hombres y mujeres de todas las latitudes”, algo que no he vuelto a ver en otras reuniones internacionales.
Tanto México como el Reino Unido formaron parte de los países que firmaron la Declaración original; pero ese fue sólo el inicio de un camino que aún recorremos por la igualdad universal. Hoy en día, los 193 países miembros de las Naciones Unidas se rigen por la Declaración, aunque no es jurídicamente vinculante.
Con todo lo que está ocurriendo en el mundo, necesitamos de nuevo esa solidaridad. La Declaración se firmó tras los terribles efectos de la Segunda Guerra Mundial. Las naciones se unieron para asegurarse de que esos acontecimientos no se repitieran. Pero es triste lo rápido que podemos olvidar las lecciones del pasado; y es preocupante que necesitemos una tragedia para retomar estos principios. Espero que todos seamos capaces de mirar la declaración y recordar los derechos humanos básicos que hemos acordado. La Declaración es un documento bastante profundo. Si se examina la historia de su negociación, se verá que hubo debates significativos sobre filosofía, incluidos el confucianismo y la teología cristiana. Además, el texto integra distintas visiones del mundo y refleja las reflexiones que se tuvieron que hacer sobre el uso del lenguaje para garantizar que los derechos sean aplicables para todas y todos.
Entre 1947 y 1948, cuando se negociaba el texto, Hansa Mehta, delegada de India y una firme defensora de los derechos de la mujer, externó la importancia de cambiar la frase de “todos los hombres nacen libres e iguales” a “todos los seres humanos nacen libres e iguales” al inicio de la Declaración... un logro trascendente y que, sin duda, también reafirmó la igualdad de derechos de hombres y mujeres.
Hoy, algunos países cuestionan estos derechos universales, argumentando que deben ser decididos por cada país. Sin embargo, creo sinceramente que no hay trabajo más importante en la diplomacia que las conversaciones entre Estados para establecer los derechos básicos que nos aplican a todos.
Actualmente, el Reino Unido y México están trabajando en la organización del primer diálogo formal sobre derechos humanos. Espero que podamos hacerlo en el espíritu de la Declaración, buscando nuestros puntos en común, reconociendo nuestros retos y atendiendo a las metas comunes para nuestros países y para el mundo: sociedades basadas en la equidad, igualdad y el respeto.
Los derechos humanos, integrados hoy en nuestras leyes, son los cimientos de nuestras sociedades. No obstante, no pueden existir sólo sobre el papel. Hay que luchar por su respeto y aplicación y mantenerlos constantemente.
Sigamos con la conversación en mi cuenta de X: @JonBenjamin19, y en el correo london.eye@fcdo.gov.uk
*Embajador del Reino Unido en México
