Por: Susannah Goshko*
Como diplomática, he pasado la Navidad en distintos países y contextos. Eso tiene una ventaja clara: uno aprende rápido que estas fechas no se celebran igual en ningún lugar, pero que hay algo en común en esta temporada: los deseos de bienestar y las ganas de celebrar.
Cada país tiene sus códigos, sus rituales y su propia idea de lo que significa la Navidad. Aun así, después de casi un año en México, hay algo que me ha sorprendido de manera particular: la forma en que las tradiciones navideñas se viven en comunidad, incluso entre personas que no se conocen.
Aquí, la Navidad no parece requerir invitación formal. Las posadas se comparten, las canciones se cantan en grupo y las mesas se amplían sin demasiadas preguntas. Hay una naturalidad en celebrar con otros —vecinos, conocidos recientes o completos desconocidos— que resulta llamativa para quien viene de culturas donde la Navidad puede ser más privada.
Para los británicos, el 25 de diciembre es el centro absoluto de la celebración y el Boxing Day, al día siguiente, se vive como una extensión más relajada: reuniones informales, deporte en televisión y paseos al aire libre.
En México, en cambio, la Navidad no empieza el 25. Empieza antes, mucho antes, y se construye de manera colectiva: con posadas, piñatas y ponche. Aquí la celebración se traduce en una agenda social intensa y llena de sabor.
En el Reino Unido, durante la Navidad no faltan en la mesa los Christmas crackers: unos tubos de papel que se jalan en pareja hasta que hacen un pequeño estallido y contienen en su interior algún regalo de broma, un mensaje o algún detalle especialmente pensado para el destinatario. Es un momento lleno de risas y diversión.
Hablando de regalos, en el Reino Unido existe el white elephant, ese intercambio donde el objetivo no es acertar, sino divertirse: regalos absurdos, reciclados o deliberadamente malos que circulan de mano en mano. Es un ejercicio de humor colectivo.
En México he aprendido que también les gustan los regalos y comienzan desde las posadas, con los aguinaldos, que no se tratan de dinero, como hubiera pensado, sino de dulces confitados, ¡deliciosos!
La comida, eso sí, es un punto de encuentro. En México he descubierto que la Navidad sabe a bacalao, romeritos, tamales y recalentado que se extiende por días. En el Reino Unido, a gravy, papas rostizadas y postres pensados para el invierno y para comerse despacio, pues están llenos de sabores intensos y especiados, con frutas secas, cáscara de cítricos, nueces, canela y brandy, como el Christmas pudding, los mince pies y el trifle. Pero, si algo tenemos en común, es que todo gira en torno a la cena con seres queridos.
Después de un año en México, para mi familia y para mí esta Navidad es también la de dar la bienvenida a un nuevo integrante; estábamos muy entusiasmados en poder adoptar un perrito y por fin lo hicimos. Hace unos días recibimos a Chilango, que nos está alegrando más la vida con sus pequeñas travesuras y que llegó justo a tiempo para celebrar estas fiestas.
Les deseo a todos una feliz Navidad y, sobre todo, unos días llenos de momentos felices con su familia, amigos y seres queridos.
*Embajadora del Reino Unido en México
