Diana Kennedy, embajadora gastronómica de México ante el mundo

Por Jon Benjamin * Estoy a punto de cumplir un año viviendo en México y he aprendido que lo que se califica en el extranjero como “comida mexicana” muchas veces resulta ser una pálida imitación de la riquísima diversidad que hay aquí. No me sorprende que la ...

Por Jon Benjamin *

Estoy a punto de cumplir un año viviendo en México y he aprendido que lo que se califica en el extranjero como “comida mexicana” muchas veces resulta ser una pálida imitación de la riquísima diversidad que hay aquí. No me sorprende que la gastronomía mexicana haya sido catalogada en 2019 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. 

Esta columna es un homenaje a Diana Kennedy, quien falleció el 24 de julio pasado. Catalogada por el diario británico The Guardian como “la Indiana Jones de la gastronomía”, nació en Loughton, Essex, el 3 de marzo de 1923. 

 Después de unos años de vivir en Canadá, viajó a Haití en 1956, donde conoció a Paul P. Kennedy, corresponsal de The New York Times en aquel país. 

Diana y Paul se casaron en la Ciudad de México, donde se establecieron. De acuerdo con varias publicaciones, su pasión por la comida mexicana comenzó con cada platillo que probaba y cada mercado que visitaba. En compañía de su esposo, ella viajó por una gran parte del país, aprendiendo a cocinar recetas tradicionales e investigando sobre ingredientes endémicos de cada región, inspirada por los colores y sabores de todo lo que veía. 

A mediados de los sesenta, la pareja se estableció en Nueva York y, tras enviudar, Diana empezó a dar clases de comida mexicana. Su libro The Cuisines of Mexico (Las cocinas de México), publicado en 1972, se convirtió en un best seller, convirtiéndola en una autoridad mundial de la comida mexicana. 

En 1976, Diana Kennedy se estableció de manera definitiva en México: primero en la capital y después en Zitácuaro, Michoacán. Su hambre de conocer más sobre la gastronomía la llevó a viajar a las regiones más recónditas del país y a adentrarse en las cocinas de quienes querían compartirle sus recetas tradicionales. 

Ésas fueron las bases para que Kennedy se convirtiera no sólo en una embajadora de la gastronomía mexicana, sino en promotora de la biodiversidad en México, a través de la documentación y preservación de plantas comestibles para la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio). 

Su labor la hizo acreedora a reconocimientos como la Medalla de Plata de la Secretaría de Turismo en 1971 y la Orden del Águila Azteca del gobierno de México en 1981. 

Además, en 2002 se convirtió en miembro de la Orden del Imperio Británico, por su trabajo para fortalecer las relaciones culturales entre México y el Reino Unido. 

 No deja de impresionarme la efusión de amor y respeto hacia su persona tras su fallecimiento. Es una lástima que no alcanzara a llegar a sus cien años: las personas con ciudadanía británica que alcanzan dicha edad en el exterior reciben una tarjeta de cumpleaños de su majestad la Reina, entregada por el embajador en turno y me hubiese encantado la oportunidad de conocerla en esas circunstancias. 

 Diana Kennedy fue un verdadero emblema de las estrechas relaciones entre el Reino Unido y México y, sin duda, se le extrañará. Sin embargo, nos ha dejado un tremendo legado para las artes culinarias que estoy seguro que perdurará por mucho tiempo. 

 Sigamos la conversación en Twitter (@JonBenjamin19) o al correo london.eye@fcdo.gov.uk 

*Embajador del Reino Unido en México 

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