Hay brechas de género de las que hablamos casi en automático: la salarial, la de cuidados, la de liderazgo. Pero esta semana me topé con una que nunca había escuchado y que me impresionó muchísimo: la brecha de lectura.
Resulta que, en el Reino Unido, los adolescentes varones están leyendo la mitad que sus pares mujeres, justo en la etapa en la que se forma la identidad, se afina el lenguaje y se entrena la empatía.
Y lo más sorprendente es que esta diferencia no surge porque los jóvenes ya no lean por dar preferencia a la vida en línea, como solemos repetir, sino porque son ellos, los chicos, quienes están quedándose especialmente lejos de los libros. Según el National Literacy Trust (NLT), sólo 9.8% de los jóvenes de 14 a 16 años lee por gusto todos los días, mientras que entre las chicas la cifra es casi el doble.
El estudio realizado por el NLT revela un panorama complejo: la lectura está siendo desplazada por una avalancha de responsabilidades académicas, pantallas y deportes. Es decir, el problema no es que los adolescentes no quieran leer. De hecho, muchos describen la lectura como algo relajante y valioso, pero admiten que no tienen tiempo, energía o ánimo suficiente para mantener el hábito frente a todo lo que compite por su atención. Entonces no es rechazo. Es agotamiento.
Hoy la vida de los jóvenes, como la de muchos adultos, está diseñada como un calendario sin huecos. La escuela exige más tareas y proyectos, las actividades extracurriculares se multiplican y las plataformas escolares piden entregas constantes. A eso se suman las pantallas que capturan la poca atención que queda. Por eso, la lectura como placer resulta casi incompatible con la rutina actual, porque requiere de tiempo “improductivo”. Tiempo que no sirva para nada más que para leer sin culpa.
Y la verdad es que incluso para nosotros los adultos el tiempo muerto es difícil de encontrar. Vivimos en una cultura que insiste en que debemos ser productivos en todo momento, a toda hora. El ocio se vuelve un lujo o un espacio que hay que llenar.
El NLT advierte que la caída en hábitos lectores limita el vocabulario, las habilidades socioemocionales y la comprensión del mundo. Y entonces surge una pregunta incómoda. ¿Estamos criando una generación de hombres con menos lenguaje y empatía para expresar lo que sienten?
En el Reino Unido se está reconociendo el tamaño del problema. Por eso se declaró 2026 como el Año Nacional de la Lectura, la campaña más grande en una generación para ayudar a redescubrir el placer de leer.
Esta iniciativa, impulsada por el Departamento de Educación en colaboración con el NLT, busca reconectar la lectura con la vida cotidiana y con las pasiones reales y cotidianas de las personas, desde el futbol hasta la música o la cocina. En lugar de pedirle a la gente que “haga tiempo para leer”, la campaña intenta llevar la lectura a los espacios donde ya está presente.
Este abril, mientras se acerca el Día Internacional del Libro, vale la pena darnos permiso para recuperar, aunque sea un pequeño espacio, para leer sólo porque sí. Yo quiero volver a uno de los libros que más me han marcado: The Power, de Naomi Alderman, una novela que imagina un mundo donde las mujeres desarrollan la capacidad de emitir descargas eléctricas y, con ello, dan un giro radical a las jerarquías de género. Esa inversión revela algo incómodo y fascinante: quiénes somos cuando cuando ejercemos el poder sin límites.
Y ya que hablamos de Alderman, estas semanas también quiero leer su libro más reciente, Don’t Burn Anyone at the Stake Today, en el que la autora analiza con ironía y lucidez las dinámicas del mundo digital, desde la velocidad con la que opinamos hasta la facilidad con la que se encienden “hogueras” colectivas en redes sociales. Es un recordatorio oportuno de que nuestro entorno digital también moldea la empatía, el lenguaje y la forma en que entendemos a los demás.
Yo empezaré por ahí. ¿Y ustedes? ¿Qué libro quieren retomar o descubrir estas semanas? Sigamos la conversación en redes sociales, en X e Instagram: @SusannahGoshko y @UKinMexico.
*Embajadora del Reino Unido en México
