Sumisión: llave de futuro político

Cuando el presidencialismo priista existía, el Poder Legislativo jamás se le oponía a las decisiones de un mandatario federal, porque eso implicaba el fin de su carrera política; sin embargo, el mismo sistema presidencial priista permitía que sus legisladores jugaran a ser oposición interna, críticos y hasta rebeldes para simular que había una división de Poderes

En octubre de 1987, en plena efervescencia electoral, porque el PRI eligió a Carlos Salinas de Gortari como su candidato presidencial y expulsó a Cuauhtémoc Cárdenas por aceptar la candidatura por el PARM, en las primeras planas de los diarios nacionales era común leer que senadores y diputados federales hacían propuestas de cambio en la política económica y social, a pesar de que todos ellos eran priistas disciplinados con la línea del partido.

Los tres sectores del PRI: obrero, campesino y popular hacían su propia plataforma del futuro gobierno para que el candidato presidencial los incluyera en sus propuestas, pues la idea era que el partido debía evolucionar para mantenerse en el ánimo de los mexicanos.

El viejo PRI mostraba así que no necesitaba de oposiciones externas. Él mismo tenía y fomentaba sus “oposiciones” controladas, críticas, que lo legitimaban en los 80 como un partido hegemónico, pero no impositivo… o al menos ésa era la intención de estas expresiones internas y de la tolerancia a partidos satélites que su propia existencia era legitimadora.

De esa escuela vienen personajes como Ricardo Monreal, Marcelo Ebrard, Adán Augusto López, José Antonio Álvarez Lima, Layda Sansores, Manuel Bartlett y Óscar Cantón Zetina, por nombrar algunos de los actuales integrantes de Morena.

Pero esas expresiones críticas tenían fecha de caducidad, de acuerdo con la propia dinámica del candidato presidencial y del partido. A final de cuentas todos los priistas se disciplinaban al poder, porque de otra forma no tenían futuro. Los afanes de cambio se incluían en la plataforma oficial del candidato presidencial y todos se sentían parte del movimiento social más importante de la historia del país: la Revolución Mexicana, como ellos mismos explicaban.

No es la primera vez que hablo del que considero un gran libro de Jorge Carpizo: El presidencialismo mexicano, porque contiene una descripción magnífica de lo que era la forma de hacer política de los priistas.

Explica que en el viejo presidencialismo mexicano había “un debilitamiento del Poder Legislativo, ya que la gran mayoría de los legisladores son miembros del partido predominante y saben que si se oponen al Presidente, las posibilidades de éxito que tienen son casi nulas y que, seguramente están así frustrando su carrera política”.

Es decir, cuando el presidencialismo priista existía, el Poder Legislativo jamás se oponía a las decisiones de un mandatario federal, porque eso implicaba el fin de su carrera política; sin embargo, el mismo sistema presidencial priista permitía que sus legisladores jugaran a ser oposición interna, críticos y hasta rebeldes para simular que había una división de Poderes.

Pero a partir de 2018 comenzamos a ver que el Poder Legislativo volvió a configurarse como un incondicional del Presidente de la República, aunque la carencia de mayoría calificada en el Senado permitió prolongar un poco la muerte de la división de Poderes.

Hoy, en 2024, ya con un segundo sexenio de Morena, existe mayoría calificada de morenistas en el Congreso de la Unión y la división de Poderes se diluyó por completo, porque la madrugada del miércoles 13 de noviembre el 80% de los senadores de Morena, PT y PVEM recibieron una lección que jamás deberán olvidar: a diferencia de los viejos priistas, el actual oficialismo no les dará margen de autonomía y tendrán que apegarse a la línea, les guste o no.

  • No querían ratificar a Rosario Piedra como presidenta de la CNDH y fueron obligados a hacerlo, incluso a mostrar sus votos para que no hubiera ni un solo rebelde que quisiera ocultarse en el voto secreto.

Y cuidado con volver a tener sueños de libertad de decisión, porque entonces se activan expedientes o se les aleja del paraíso oficialista. El 80% de los senadores del oficialismo tuvo que tragarse sus históricas críticas al presidencialismo priista para mostrarse como los sumisos actuales.

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