La mentira… nueva estrategia política
En las primeras tres semanas de trabajo de la LXVI Legislatura la mentira se ha convertido en un sello de la nueva forma de hacer política en el Senado, en el que los legisladores no dicen la verdad de manera premeditada, son capaces de fingir hasta una llamada telefónica para sostener su mentira o de crear historias inverosímiles para justificar su inasistencia.
En la clase política, la mentira abunda. Sin embargo, entre los políticos de altos vuelos en México existe o existió un principio fundamental: el valor a la palabra.
A lo largo de los 18 años de pluralidad plena en el Senado, entre los años 2000 y 2018, y en los últimos seis años, de 2018 a 2024, en que el oficialismo no tuvo mayoría calificada, los acuerdos fueron cotidianos y fundamentales para modificar la Constitución, lograr leyes con votos unánimes, rechazar o ratificar nombramientos y para cambiar la estructura administrativa y de poder del propio Senado.
Si bien Morena fue desaseada para imponer su criterio en los últimos seis años, hubo reformas, como la que dio origen a la Guardia Nacional, que nacieron de un diálogo intenso, donde todas las partes en la mesa, gobierno, senadores oficialistas y opositores cumplieron su palabra; hasta que los planes del gobierno federal cambiaron.
Por eso llama la atención que en las primeras tres semanas de trabajo de la LXVI Legislatura, la mentira se haya convertido en un sello de la nueva forma de hacer política en el Senado, donde los legisladores no dicen la verdad de manera premeditada, son capaces de fingir hasta una llamada telefónica para sostener su mentira o de crear historias inverosímiles para justificar su inasistencia.
Primero, a las 12:50 del 26 de agosto, el líder de los senadores del Partido Verde, Manuel Velasco, informó días antes de abrir la LXVI Legislatura, que Morena ya tenía los tres votos que le hacían falta para aprobar la reforma al Poder Judicial. Incluso detalló que unos se iban a sumar a la bancada de Morena desde el primer momento y otros se verían al momento del voto en el pleno.
A las 13:45 del 27 de agosto, Adán Augusto López Hernández, coordinador de los senadores de Morena, salió a decir que no era cierto; que aún no los tenían.
Pero a las 8:50 del 28 de agosto, es decir, sólo 19 horas y cinco minutos después, el propio Adán Augusto López presentó a los perredistas Araceli Saucedo y Jesús Sabino Herrera como nuevos integrantes del grupo parlamentario de Morena, es decir, Velasco había dicho la verdad.
Desde la campaña, Araceli Saucedo y Jesús Sabino Herrera pactaron con Morena su adhesión, a cambio de otras candidaturas y de darles presidencias de comisiones, que les retribuyen 280 mil pesos mensuales extras. Ambos le mintieron al electorado y a su partido, porque fingieron ser opositores, con un pie dentro del oficialismo.
Luego, los panistas Miguel Ángel Yunes Márquez y su padre, Miguel Ángel Yunes Linares, su suplente, se desaparecieron durante días y aparecieron como simpatizantes de Morena y se convirtieron en el voto que necesitaba este partido.
Y, al mismo tiempo, el emecista Daniel Barreda se desapareció y alegó que su padre tenía un proceso judicial en su contra y decidió ayudarlo, en lugar de asistir a votar al pleno, que era su obligación.
Luego, pudo verse y quedó para la historia el momento en que Adán Augusto López Hernández le pasó un teléfono a Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado y éste dijo que había hablado con Daniel Barreda y que estaba bien. Pero con el paso de los días, Barreda aseguró que estaba incomunicado y jamás habló ni con Adán Augusto ni con Fernández Noroña, quien admitió que no tiene la certeza de que la llamada que le pasó Adán Augusto haya sido en realidad de Barreda.
Y mientras los hechos demostraron que sólo el PRI se sostuvo en el voto en contra de la reforma, entre los morenistas abunda el relato de que el propio Alejandro Moreno había comprometido el respaldo de tres de los suyos: Ángel García, de Morelos; Néstor Camarillo, de Puebla y Miguel Riquelme, de Coahuila, quienes se iban a ausentar, y que Cynthia López y Mely Romero habían sido convencidas por la Secretaría de Gobernación y el gobierno de Colima, respectivamente.
¿Será que pasamos del “chingue a su madre, qué manera de legislar” al “miénteme más, que me hace tu maldad, feliz”?
