El anuncio del senador verdeecologista Luis Armando Melgar de votar en contra de la reforma al Poder Judicial alertó al coordinador de los senadores de Morena, Ignacio Mier, porque colocaba al oficialismo en la delgada línea de no alcanzar la mayoría calificada durante la sesión extraordinaria para modificar, nuevamente, las reglas del Poder Judicial.
Pero esta vez la decisión fue trabajar en el interior de su bancada y con sus aliados legislativos para garantizar los 86 votos que necesitaba. Esta vez no hubo presiones ni amenazas a los grupos parlamentarios de oposición, como son el PAN, el PRI y Movimiento Ciudadano, para tratar de obligarlos a ayudar a Morena. Esta vez ni siquiera hubo llamadas para convencerlos de algo. Esta vez el camino fue el consenso total interno.
Morena logró aprobar la reforma al Poder Judicial e incluso el verdeecologista Luis Armando Melgar la avaló.
Los relatos de los propios senadores, oficialistas y opositores, dan cuenta de un evidente giro en el estilo político que existe hoy en el Senado desde que Ignacio Mier asumió la coordinación de los senadores de Morena.
Adán Augusto López Hernández buscaba a los opositores para amedrentarlos a cambio de votos, como cuando en septiembre de 2024 le pidió a Alejandro Moreno y a Manuel Añorve que le pasaran tres senadores priistas para que Morena pudiera garantizar la mayoría calificada para todas las reformas del llamado Plan C, o de plano les quitaba presidencias de comisiones cuando se negaban a ceder a sus peticiones, como ocurrió con el propio Moreno Cárdenas cuando le quitó la presidencia de la Comisión de Marina.
De acuerdo con los senadores morenistas, terminaron también las amenazas de que las fotografías del tablero electrónico de votaciones iban a ser enviadas a la Presidenta de la República para que conociera quiénes eran los traidores al movimiento de la Cuarta Transformación, como ocurrió cuando un grupo de 20 legisladores de Morena, PT y Verde se negaban a avalar que la reforma en materia de amparo fuera retroactiva.
Ya no existen esas amenazas de acusarlos con la Presidencia de la República.
Por ejemplo, el día de la votación de la segunda reforma al Poder Judicial, en la sesión extraordinaria, además del voto de Melgar, el morenista Javier Corral se resistía a respaldarla y el sinaloense Enrique Inzunza no quería solicitar licencia y estaba decidido a estar en la sesión del pleno, como si no existiera la acusación del gobierno de Estados Unidos en su contra, con el cargo de nexos con el Cártel de Sinaloa.
Ignacio Mier no buscó los votos en la oposición. Decidió garantizarlos a nivel interno. Primero, citó a todos los suplentes para que estuvieran en la Ciudad de México. Le planteó a sus compañeros senadores que respetaba su sentido del voto, pero la reforma debía aprobarse. Si no se sentían cómodos con la línea de voto, dejaran que su suplente votara.
A Enrique Inzunza lo citó en su oficina. Le dieron su cheque de la dieta mensual y lo invitó a ver la sesión de la Cámara de Diputados. Le comentó que si él se presentaba en el pleno, los ataques a su persona iban a ser peores que lo que ocurría en ese momento en San Lázaro. Inzunza accedió a solicitar licencia, pero sólo por unas horas. Las suficientes para que su suplente votara. Así garantizó 86 votos. El tema de Luis Armando Melgar fue exclusivo del diálogo dentro de la bancada Verde.
Después, Ignacio Mier dialogó con la oposición, pero no en busca de votos, sino de civilidad.
El acuerdo fue que si algún morenista comenzaba a ofender, el pacto se rompía. Ignacio Mier logró contener a los suyos y el PRI y el PAN hicieron lo mismo. Fue un acuerdo logrado en la Junta de Coordinación Política, que recuperó su espacio de diálogo y dejó de ser la mesa donde Adán Augusto sólo requería de 10 minutos para informar sus decisiones y concluir la sesión.
Hay un nuevo estilo político en el Senado y, por el momento, se acabaron las amenazas.
