Zona de guerra

Muchas personas que me contaron de lo mismo: la maldita violencia que ha afectado su cotidianidad. Muchos negocios han cerrado, particularmente restaurantes y bares porque la gente tiene miedo de hacer vida social.

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

No, no me refiero a Teherán, sino a Culiacán. 

El jueves pasado fui a la capital de Sinaloa a dar una conferencia y eso fue lo que me encontré: una zona de guerra. 

No es que haya visto edificios devastados por bombardeos como se observan en Gaza o tanques avanzando en las avenidas cual si fuera Berlín en 1945. 

Para nada. 

Lo que vi fue diferente. Una especie de conflicto bélico soterrado. 

Algo que más bien se siente. 

Lo noté incluso antes de llegar a Culiacán. 

Los organizadores de la conferencia, muy amablemente, me preguntaron si quería una escolta visible o discreta en mi visita. Obviamente, no pregunté por qué. Todo el mundo sabe de la violencia que se vive en esa ciudad desde que Estados Unidos secuestró y extrajo ilegalmente al líder fundador del Cártel de Sinaloa, Ismael El Mayo Zambada. Este evento desató un conflicto entre las dos facciones del cártel, Los Mayos en contra de Los Chapitos, porque uno de los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, el otro jefe histórico de este grupo delincuencial, fue el que traicionó al Mayo.

La detención de Zambada ocurrió el 25 de julio de 2024. La guerra intestina del Cártel de Sinaloa comenzó un par de meses después. Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran que, entre septiembre 2024 y febrero 2025, Sinaloa registró 703 homicidios dolosos, mientras que en el mismo periodo del año anterior fueron 239. La violencia se triplicó.

Culiacán concentra la mayor parte de los homicidios dentro del estado. Entre enero y marzo de 2024 hubo alrededor de 80 homicidios en esa ciudad para un promedio diario de aproximadamente 0.9 por día. Entre enero y marzo de 2025 los homicidios se incrementaron a 212, lo cual arroja un promedio de 2.3 por día, un incremento de más del doble tras la fractura del cártel. 

La violencia en Culiacán no es un tema de percepción. Es la realidad. 

La zona de guerra se siente desde que uno llega al aeropuerto. En las afueras se encuentran patrullas de solados con uniformes de campaña y equipo bélico completo: casco, chaleco antibalas, goggles y rifles de alto calibre.

Por fortuna, la “escolta discreta” consistió en un muy amable chofer que conducía un austero Golf. De camino al hotel nos tocó ver varios vehículos del Ejército y de la Guardia Nacional que venían en uniforme de campaña armados hasta los dientes. 

Todos mis interlocutores, generosos y cordiales como suelen ser los sinaloenses, hablan del elefante en la sala. Comentan cómo ha cambiado su vida a raíz de la guerra intestina del cártel local. Los culichis viven con miedo. Ya no salen por las noches. Revisan constantemente el WhatsApp para ver dónde fue la última balacera para evitar esa zona. Se han acostumbrado a los retenes de las Fuerzas Armadas. 

Pude dar mi conferencia sin contratiempos. Impresionante la Expo Agro Sinaloa, con esos exitosos empresarios agropecuarios de clase mundial de ese estado (no por nada se le considera “El Granero de México”), tremendamente resguardada por elementos de la Guardia Nacional en uniformes de campaña con rifles impresionantes. 

Platiqué con muchas personas que me contaron de lo mismo: la maldita violencia que ha afectado su cotidianidad. Muchos negocios han cerrado, particularmente restaurantes y bares porque la gente tiene miedo de hacer vida social. Todos agradecen la ayuda del gobierno federal. Nadie habla bien del gobernador, Rubén Rocha. Al revés, lo ven como parte del problema.

Todos tratan de ser discretos. Algunos hablan en susurros. 

De regreso al hotel, de repente nos topamos con tráfico. El chofer nos explicó que ya era común en Culiacán por los retenes. Y, efectivamente, había un retén del Ejército. En el lugar había ocurrido un asesinato minutos antes. Ya había presencia de las Fuerzas Armadas, policías y peritos de la Fiscalía local. “Bienvenidos a Culiacán”, nos dijo el conductor en tono jovial para distender el ambiente. 

Este fin de semana, la Presidenta visitó Sinaloa, incluyendo Culiacán. Reconoció la difícil situación que enfrenta ese estado y aseguró que “no está solo”. También le dio un espaldarazo al desprestigiado gobernador. 

Al abordar mi vuelo de regreso no pude sino preguntarme si Guadalajara no estará igual que Culiacán dentro de un par de meses. Otra zona de guerra. Ojalá que no. Como también deseo que la paz regrese a la capital sinaloense, una ciudad de gente alegre, trabajadora y empresarial.

 

               

                X: @leozuckermann

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