Siete de octubre, tres años después

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

Hoy se cumple el tercer aniversario del peor ataque terrorista contra Israel. El 7 de octubre de 2023, cientos de palestinos armados cruzaron desde Gaza en un asalto coordinado por Hamás. Mientras miles de cohetes eran disparados, los atacantes penetraron por tierra, mar y aire y asaltaron bases militares, kibutzim, poblaciones civiles y el festival de música Nova. Mataron a alrededor de mil 200 personas, en su mayoría civiles, y secuestraron a 251, llevándolas como rehenes a Gaza. Naciones Unidas documentó asesinatos deliberados de civiles, toma de rehenes, torturas y violencia sexual.

Las cifras, sin embargo, no alcanzan a transmitir lo ocurrido. Quizá lo hagan mejor algunas historias de quienes estuvieron ahí. Vienen de testimonios recopilados por el archivo nacional israelí y proyectos como Edut 710 y la USC Shoah Foundation que grabaron a sobrevivientes y testigos.

En el kibutz Be’eri, Avida Bachar se encierra con su esposa Dana y sus hijos Carmel y Hadar en el cuarto de seguridad. Los atacantes entran en la casa. “Escuchas sus pasos en el piso. Y saben que la gente que sigue viva está en el cuarto de seguridad. Así que van directamente al cuarto”. Bachar sostiene la puerta mientras intentan abrirla. “Ellos intentan abrir y tú cierras. Intentan abrir y tú cierras”. Finalmente disparan a través de la puerta y prenden fuego a la casa. Bachar pierde una pierna. Dana y Carmel mueren. Hadar sobrevive. Mientras ocurre el ataque manda mensajes desesperados: “Nos están quemando... Vengan ahora, ahora, ahora. Nos están disparando”.

Aner Shapira, de 22 años, había ido al festival Nova. Cuando comienza el ataque se resguarda con otras 26 personas en un pequeño refugio junto a la carretera. Los hombres de Hamás empiezan a arrojar granadas dentro. Aner las recoge y las lanza de regreso, una tras otra. Antes de morir les dice a los demás que, si lo hieren, continúen. Tres años después, su madre, Shira Shapiro, sigue escuchando aquellas palabras: “Continúen después de mí”. “Él quería decir que continuaran arrojando las granadas, pero yo escucho su voz diciéndome: ‘Continúa después de mí’”.

Maya Regev, de 21 años, también estaba en Nova con su hermano Itay, de 18. La noche anterior se había despedido de su madre: “Mamá, desempacaré mi maleta cuando regrese. Nos vemos mañana”. Al día siguiente llama desesperada a su padre: “Papá, me dispararon, me dispararon... Nos está matando, papá, nos está matando”. Su padre le pide que mande su ubicación: “Voy por ti”. Maya no puede hacerlo. Los dos hermanos son secuestrados y llevados a Gaza. Ambos serían liberados semanas después.

Or y Eynav Levy habían dejado a su hijo Almog, de dos años, con la abuela para ir juntos a Nova. Apenas habían llegado cuando comenzó el ataque. Eynav, de 32 años, fue asesinada. Or fue secuestrado y llevado a Gaza. Durante meses, Almog quedó sin su madre y sin saber cuándo volvería su padre. Michael Levy, hermano de Or, formuló la pregunta imposible: “¿Cómo le dices a un niño de dos años que nunca volverá a ver a su madre?”.

En Be’eri, Emily Hand, de ocho años, había ido a dormir a casa de una amiga. Durante el ataque fue secuestrada y llevada a Gaza. Su padre, Thomas, primero recibió la noticia de que había muerto; después supo que estaba viva y era rehén. Permaneció 50 días cautiva. Cuando finalmente volvió, su padre la abrazó y descubrió algo que lo impresionó: la niña casi no hablaba. “Simplemente susurraba. No podía oírla. Tenía que acercar mi oído a sus labios”. Había perdido mucho peso.

Yocheved Lifshitz tenía 85 años cuando hombres armados irrumpieron en Nir Oz. La golpearon, la subieron a una motocicleta y la llevaron a Gaza. “Pasé por un infierno que nunca habíamos conocido y que nunca pensamos que experimentaríamos”. Recordó cómo los atacantes entraban en las casas: “Golpeaban a la gente y algunos eran tomados como rehenes. No les importaba si eran jóvenes o viejos”. Fue conducida por una red de túneles que describió como una “telaraña”. Fue liberada 17 días después; su esposo Oded permaneció cautivo y murió.

Son apenas unas cuantas historias entre cientos. Tres años después, ayudan a recordar qué ocurrió aquel sábado: detrás de los números había familias desayunando, jóvenes bailando, niños durmiendo en casa de amigos y ancianos en sus hogares. En unas horas, sus vidas cambiaron para siempre. Y la historia del Oriente Medio…

X: @leozuckermann