Sarampión: otra herencia maldita del sexenio pasado

Es una enfermedad más contagiosa que el covid-19. Ya está entre nosotros.

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juego de poder

En 2016, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que México había eliminado el sarampión endémico. Esta enfermedad viral, que puede causar la muerte, ya no circulaba de forma permanente. Sólo había casos importados.

Con toda razón, el anuncio se consideró como un logro mayor de la salud pública de nuestro país.

El sarampión, sin embargo, ha regresado.

Nuevamente hay brotes y muertes por esta enfermedad.

Y, no nos hagamos bolas, sí hay un responsable de este fracaso: el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Como tantas cosas en este país, echaron a perder un sistema que funcionaba.

Me refiero a las campañas nacionales de vacunación masiva que se implementaron en los años 90 del siglo pasado. Sí, en el periodo neoliberal, el gobierno asumió la responsabilidad de erradicar enfermedades que se podían evitar si se aplicaba vacunas eficaces para generar que el sistema inmunitario reconozca y combata los gérmenes causantes de afecciones como el sarampión.

Durante años se aplicaron vacunas con brigadas casa por casa llevando un registro infantil sistemático. Se logró una cobertura nacional lo que permitió una caída drástica de los casos. Al punto que el sarampión se erradicó.

Pero vino el gobierno de López Obrador que le dio prioridad a la repartición de dinero en efectivo de programas sociales en detrimento de otras áreas del gobierno como la salud.

No es que la administración de la llamada Cuarta Transformación haya dejado de vacunar. Lo que hubo, como en tanta áreas, fue un caos administrativo.

López Obrador llegó y puso en posiciones clave de la salud pública a ineptos siguiendo su dictum de funcionarios 90% leales y 10% capaces. Inmediatamente comenzaron a desmantelar instituciones que funcionaban como el Seguro Popular reemplazado por un esperpento llamado Insabi que nunca operó.

La desorganización administrativa se tradujo en problemas de logística y retrasos en las compras de vacunas. La Secretaría de Salud y el Instituto Mexicano del Seguro Social tuvieron dificultades para coordinarse.

El resultado fue la interrupción temporal en los exitosos programas de vacunación.

Las vacunas, como en el caso de las medicinas, sufrieron por la cancelación de licitaciones, cambios de proveedores, compras tardías y una centralización excesiva. Esto afectó la aplicación de los reactivos en contra del sarampión, tuberculosis, hexavalente y triple viral. En varios estados hubo desabasto intermitente.

La pandemia de covid-19 tampoco ayudó. En este espacio hemos dado cuenta del gran fracaso del gobierno en el manejo de esta epidemia que dejó, según la OMS, más de 600 mil muertes, uno de los peores índices del mundo.

Durante la pandemia, cerraron los centros de salud pública y se suspendieron las campañas masivas de vacunación. La “prioridad” (pongo entre comillas esta palabra a propósito por los malos resultados obtenidos) fue el combate al covid-19 pasando las vacunas a un segundo plano.

Una vez superada esta pandemia, el gobierno tampoco hizo mucho por subsanar el rezago en la vacunación.

Agréguese la llamada “austeridad republicana”. Los recortes en el sector salud significaron menos personal temporal, menos brigadas, menos promoción y menos dinero para logística.

Entre 2019 y 2023, la vacunación infantil completa bajó y aumentaron los niños con esquemas incompletos de vacunación (el sarampión requiere dos aplicaciones); eventualmente, reaparecieron brotes aislados.

Así llegamos a la situación actual donde, como en tantos rubros, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum está tratando de resolver la herencia maldita que le dejó su predecesor.

De acuerdo con datos del Sistema Especial para la Vigilancia Epidemiológica de las Enfermedades Febriles Exantemáticas, del 1 de enero al 16 de febrero de este año hay 25,799 casos probables de sarampión de los cuales se han confirmado 9,850.

“El grupo de edad con el mayor número de casos es de 1 a 4 años (1,434 casos), seguido del grupo de 5 a 9 años (1,204 casos) y el de 25 a 29 años (1,094 casos). La tasa de incidencia más elevada se presenta en los menores de un año con 54.12 casos por cada 100 mil habitantes, seguido del grupo de 1 a 4 años y 5 a 9 años, con tasas de 16.73 y 11.37 respectivamente”.

En cuanto a las defunciones, se han confirmado 31 en 2025-2026, distribuidas en ocho estados, incluyendo una en la Ciudad de México.

El sarampión es una enfermedad más contagiosa que el covid-19. Ya está entre nosotros. Otra herencia maldita más del gobierno anterior. Una muestra más de lo malo que resultaron estos supuestos estatistas que desmantelaron instituciones del Estado construidas y operadas con eficacia durante el periodo neoliberal.

                X: @leozuckermann

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