“Narcogobierno” y las elecciones de 2027

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

El otro día me preguntaron qué efecto tendría el caso Rocha Moya en las elecciones intermedias de 2027. “No creo que vaya a perjudicar mucho a Morena”, respondí. A continuación explico por qué.

Primero, hay que reconocer que este caso tiene todas las características para afectar muchísimo al partido gobernante. He aquí la acusación de que morenistas conspiraron con el Cártel de Sinaloa para que Morena ganara las elecciones locales de 2021 y, luego, entregarle el control del gobierno al crimen organizado.

Las acusaciones vienen de la Fiscalía estadunidense, pero resultan muy creíbles por el cúmulo de información que se tenía de lo que estaba sucediendo en Sinaloa. Nadie, creo, se sorprendió de que el gobierno sinaloense estuviera capturado por Los Chapitos. Era muy evidente.

Si de por sí la superioridad moral que presumía Morena ya estaba mellada después del caso de Adán Augusto López y La Barredora en Tabasco, el asunto del gobernador Rocha, el senador Inzunza, el alcalde de Culiacán y otros siete funcionarios enterró de manera definitiva la credibilidad del movimiento fundado por AMLO, que tenía el objetivo de erradicar la corrupción y purificar la vida pública del país. Ya no pueden presumir ni que son diferentes ni más honestos. Han resultado peores y más corruptos.

Un escenario perfecto para la oposición… si hubiera tal cosa.

He aquí el problema. La oposición no sólo está fragmentada, sino noqueada.

Durante seis años, López Obrador se encargó de pegarles cotidianamente sin tregua alguna. Desde el púlpito presidencial se desacreditó a los opositores. Sin liderazgos fuertes y con mucha cola que pisarles, la oposición no pudo defenderse y quedó muy mermada.

El PRD desapareció.

Al PRI lo lidera un porro estridente, con tendencias autoritarias y al que se le ha ocurrido la genial idea de solicitar al gobierno de Estados Unidos calificar a Morena como una organización terrorista internacional.

El PAN carece de un líder nacional con proyección a la elección presidencial de 2030. En lugar de aprovechar el escándalo de Rocha que le pusieron en bandeja de plata, este partido se vio enredado en la atroz visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien vino a México a hacer su especialidad: escandalizar. Los panistas perdieron, así, el momentum perfecto para desenvainar la espada y clavársela a Morena.

Muy a su etilo, Movimiento Ciudadano se vio wishywashy. Lo suyo es la frivolidad de los jingles publicitarios y las bufonadas de Samuel García obsesionado en que su esposa lo suceda como gobernador de Nuevo León.

En suma, no hay una oposición en México que capitalice una equivocación del tamaño del caso Rocha.

Tan sólo imaginemos lo que hubiera hecho López Obrador como opositor si el gobierno de Estados Unidos hubiera acusado a un gobernador priista o panista en funciones cuando estos partidos gobernaban. No se la hubieran acabado.

Además, es evidente lo que está haciendo la Presidenta para ganar en 2027. El próximo año vamos a llegar a los comicios con una economía muy débil, la percepción de que la seguridad pública no ha mejorado y múltiples escándalos de corrupción relacionados con la 4T. Ante este panorama, la apuesta del gobierno es ganar con los programas sociales.

No es gratuito, en este sentido, que Sheinbaum haya enviado a la secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel, como nueva presidenta de Morena.

Los programas sociales prioritarios del gobierno morenista han tenido crecimientos exorbitantes en los últimos tres años: 22% en 2024, 14% en 2025 y 18% en 2026. Este año, la partida presupuestal de esquemas para repartir dinero en efectivo a cambio de nada suma casi un billón de pesos.

A pesar de que el gobierno federal no tiene dinero, es previsible que esta partida otra vez crezca dos dígitos para el año electoral que viene. La idea es que haya millones de mexicanos contentos con recibir un dinerito del gobierno y que el ejército de Servidores de la Nación, que estaban a cargo de Montiel hasta hace una semana, les recuerde que hay que agradecérselo a Morena y que, si la oposición gana, se los van a quitar.

Partido y Servidores trabajarán en tándem para conseguir el mayor número de votos posibles.

Sin oposición y con mucho dinero de gasto social, el escándalo Rocha pasará a un segundo plano. A menos que Estados Unidos, como ha dicho su procurador, revele más acusaciones en contra de funcionarios en activo dándole una mayor credibilidad a la etiqueta que ya se le está pegando a los gobiernos morenistas: la de “narcogobierno”.

X: @leozuckermann