Estados Unidos, Europa y la civilización occidental
Marco Rubio enfatizó el tema de “la civilización occidental”.

Leo Zuckermann
Juegos de poder
Marco Rubio es la cara intelectual, sofisticada, del trumpismo. Muy diferente al otro posible candidato presidencial de los republicanos en 2028, el cerril vicepresidente, JD Vance, más parecido a Trump.
El contraste entre estos dos personajes puede verse en los discursos que pronunciaron en la Conferencia de Seguridad que se lleva a cabo anualmente en Múnich.
El año pasado, Vance, en la tradición aislacionista estadunidense, regañó a los europeos. Dijo que la mayor amenaza para ese continente no era ni Rusia ni China ni ningún otro actor externo. “Lo que me preocupa es la amenaza que viene de dentro. El retroceso de Europa respecto de algunos de sus valores más fundamentales: valores compartidos con los Estados Unidos de América”. El vicepresidente fue claro: de seguir por ese camino, ellos ya no podrían hacer nada por los europeos en materia de seguridad; tendrían que rascarse con sus propias uñas.
Este año, Rubio fue más diplomático reconociendo el vínculo existente entre Europa y su país: “Pertenecemos juntos. Estados Unidos se fundó hace 250 años, pero sus raíces comenzaron aquí, en este continente, mucho antes”. Dijo que a los estadunidenses les importaba mucho el futuro de Europa. Concluyó: “Estamos conectados espiritualmente y estamos conectados culturalmente. Queremos que Europa sea fuerte. Creemos que Europa debe sobrevivir, porque las dos grandes guerras del siglo pasado nos sirven como recordatorio constante de que, en última instancia, nuestro destino está y siempre estará entrelazado con el suyo, porque sabemos que el destino de Europa nunca será irrelevante para el nuestro”.
Rubio enfatizó el tema de “la civilización occidental”. La definió como “los lazos más profundos que pueden compartir las naciones, forjados por siglos de historia común, fe cristiana, cultura, patrimonio, lengua, ascendencia y los sacrificios que nuestros antepasados hicieron juntos por la civilización común que hemos heredado”.
Efectivamente, a los países americanos y europeos los hermana la llamada “civilización occidental” que nació en Grecia y Roma con ideas, valores e instituciones que se fue extendiendo por toda Europa. En la Edad Media, Renacimiento e Ilustración se desarrollaron nuevos conceptos. Gracias a eso hoy tenemos la democracia, las libertades individuales y el Estado de derecho. La filosofía, la lógica y el debate racional. Las universidades, la ciencia, el humanismo y las artes. El capitalismo, los contrapesos y la igualdad ante la ley. Principios que determinan lo que somos en el siglo XXI: una forma histórica de entender la sociedad, política, ciencia, economía y cultura.
Pero, ¿acaso esta civilización no está siendo amenazada precisamente por el gobierno de Trump?
Un presidente que no cree en la democracia y desconoce los resultados de las elecciones cuando las pierde. Un mandatario que utiliza el aparato del Estado para venganzas personales. Que le choca la ciencia y niega, por ejemplo, la existencia del cambio climático.
Un Trump al que le disgustan los contrapesos, se mofa de sus adversarios, amenaza a las universidades de su país y debilita el Estado de derecho.
Un líder que adula e imita a dictadores de otras latitudes.
Muy bueno, sin duda, el discurso de Rubio. Pero hay que tener arrestos para defender la civilización occidental cuando su jefe es, hoy por hoy, quizá el mayor riesgo de ésta.
Y luego está el asunto del cristianismo mencionado por el secretario de Estado.
No hay duda de que esa religión contribuyó al desarrollo de la civilización occidental con sus valores morales, la idea de la dignidad humana, el establecimiento de instituciones clericales, la importancia en la educación y la influencia del derecho canónico. Sí, el cristianismo es un pilar fundamental, pero no el único.
Occidente no abandonó al cristianismo, pero secularizó sus instituciones públicas. Hoy, la mayoría de los Estados de esta civilización son laicos. Existe una separación de la Iglesia con el Estado. Se reconoce la pluralidad de religiones y el derecho de los individuos a creer o no en Dios y en cuál Dios.
Me parece un retroceso que Rubio vincule la civilización occidental con sólo una religión, la de él, la mayoritaria de su país. En eso, su discurso parece más medieval que del siglo XXI. Se entiende porque los estadunidenses están muy preocupados porque cada vez hay menos cristianos en Europa, por un asunto de pérdida de fe, y cada vez más musulmanes, por las olas migratorias. Es una visión poco tolerante de alguien que dice defender la civilización occidental.
X: @leozuckermann